Uno de los mecanismos más importantes de producción y reproducción de la élite es la educación y, particularmente, la educación superior. Así, y a medida que se elevaba los niveles de desarrollo en las sociedades, y a medida que aumentan la proporción de jóvenes que acceden a la universidad, las calificaciones posteriores a la secundaria se volvían cada vez más decisivas para integrar grupos de élite (Khan, 2012). De esta manera, el campo de la educación superior se organiza de acuerdo con una jerarquía de prestigio que se ha intensificado a medida que la democratización de la educación terciaria se ha expandido, respondiendo a la presión de las familias de elite para preservar el carácter distintivo de las credenciales de sus hijos. Esta jerarquía de estatus privilegia a un "grupo selectivo" de cursos que asegura altos ingresos, alto reconocimiento social y vastas y poderosas redes sociales, abriendo la puerta a futuras posiciones de élite. Sin embargo, el valor simbólico de estos títulos (y su valor útil como recurso estratégico en el ámbito profesional y social) también depende de la "marca de fábrica", es decir, depende de la universidad que los haya entregado, de su académico calidad, sino también en su exclusividad social. Entonces, es la combinación de algunos títulos de cursos en algunas universidades lo que permite la perpetuación del proceso de segmentación social y de reproducción de las desigualdades a favor de algunos grupos sociales (Bourdieu, 1989; Brunner, 2012).
Considerando estos antecedentes, en este trabajo, proponemos presentar los resultados exploratorios de un proyecto de investigación chileno llamado "Las élites académicas universitarias en Chile. Un estudio sobre los perfiles, las vivencias y las percepciones sobre el tiempo del alumnado y el rol de las instituciones universitarias de élite en los procesos de reproducción y movilidad social " (CONICYT, Fondecyt Regular nr.1170371). La información presentada en este documento es resultado de un conjunto de entrevistas realizadas a directores, y personal directivo y docentes (N = 48) de ocho carreras de educación superior de élite, entre ellos en Medicina, Derecho, Economía, Ingeniería Civil y Teatro, que se ofrecen en cinco de las universidades chilenas más privilegiadas pertenecientes al sistema privado (religioso y secular) y público (incluidas las universidades públicas y privadas, religiosas y seculares).
A través del análisis de contenido de estas entrevistas (y utilizando como marco conceptual las teorías de la reproducción social de Bourdieu y las teorías de la justificación de Bolstanski) analizaremos el ethos institucional de cada titulación y universidad y la percepción de la voz institucional sobre la captura de los antecedentes sociales y académicos de los estudiantes, su interés en estudiar el grado del curso y su inserción en la mayor parte posiciones privilegiadas del trabajo de mercado.
Los resultados muestran múltiples aspectos respecto de los procesos de reproducción social y producción de las élites en el espacio universitario. En primer término, se puede observar que los entrevistados comparten la percepción de que sus cursos se caracterizan por un ethos singular que los hace diferentes de los demás. Esta singularidad es conferida por la calidad académica, comprende como una mezcla del riguroso proceso de selección, credencial de docentes y antecedentes académicos de los estudiantes, pero también por la inculcación de un conjunto de valores profesionalmente relevantes para quienes se preparan para ocupar puestos de élite : el sentido del trabajo, la exigencia y la capacidad de recuperación, pero también la responsabilidad, la confianza y la autonomía se encuentran entre las cualidades inculcadas en las escuelas de élite y las familias de élite. En segundo término, los entrevistados también hablan de ser una gran mayoría de estudiantes pertenecientes a clases altas o clases medias altas, que tienen una preparación académica sólida y que provienen de las escuelas secundarias privadas selectivas. Así, las carreras de medicina y la economía que ofrecen las universidades públicas son la excepción al monopolio de los "herederos", que funcionan como vehículos para la movilidad social, aunque solo en contados casos. Según los entrevistados, estudiantes no pertenecerían a los grupos sociales más privilegiados, pero su alto sentido de compromiso y su fuerte orientación hacia los objetivos les ayuda a superar su desventaja de clase. En tercer término, y respecto a la integración de estos estudiantes en el mercado laboral, los entrevistados aseguran que no tienen problemas para acceder, en muy poco tiempo, a puestos profesionalmente favorecidos. Según ellos, estos cursos específicos, impartidos por estas universidades específicas, son la excepción al desempleo, lo que demuestra que la masificación de la educación superior no representa una amenaza para los estudiantes que se han beneficiado de las condiciones para hacer la combinación "correcta" entre los títulos de los cursos y la universidad. Finalmente, los resultados muestran diferencias importantes tanto a nivel de carrera como de universidad respecto de las justificaciones que los actores dan para la posición que ocupan dentro del sistema de educación superior. De esta forma, en algunos casos se utilizan justificaciones sociales (focalizadas en el supuesto sentido social de la institución), mientras que en otros casos se resalta el caracter único e innovador de la institución. A pesar de estas diferencias, en todos los casos los entrevistados reconocen su posición de ventaja y la justifican
Este conjunto de resultados permite aportar al estudio de las élites y entender como funcionan sus enclaves en la educación superior, arrojando luces sobre cómo la producción y reproducción del privilegio sigue siendo una realidad en Chile, cuestionando así las "narrativas" de la democratización educativa y de la justicia social. En un país que presenta niveles tan altos de desigualdad social como Chile, se vuelve importante comprender cómo las elites encuentran nuevas estrategias para preservar su estatus en un contexto de relativa apertura de la universidad, contribuyendo a la segmentación social de la educación superior chilena. También es relevante dar cuenta sobre cómo estos nuevos enclaves educativos de privilegios están contribuyendo a la perpetuación de la reproducción social y cómo enfrentan su papel en la preparación de los estudiantes para el ingreso a las posiciones de élite económica, social, cultural y política, legitimando la llamada "nueva desigualdad democrática", tan propia de los países latinoamericanos.