Resumen: En esta ponencia se presentan resultados preliminares de un estudio FONDECYT basado en la perspectiva teórica de la sociología de la infancia, la polivictimización infantil y el enfoque interseccional. El objetivo del estudio es conocer las diversas formas de violencia que sufren las niñas y los niños migrantes en Chile e identificar las prácticas de agencia que desarrollan como formas de resistencia a la victimización. La metodología es de carácter cualitativo, a través de entrevistas a niñas, niños, sus madres y padres y profesionales o técnicos interventores que les atienden en diversas instituciones. Los principales hallazgos revelan que las niñas y los niños migrantes experimentan situaciones de violencia de modo simultáneo en diversos espacios sociales, desde sus países de origen, en sus barrios y al interior de sus familias; al mismo tiempo, sus prácticas de agencia van desde la búsqueda de apoyo con personas adultas como docentes o sus madres y padres, hasta la defensa desde el propio grupo de pares, lo que implica enfrentar directamente la violencia.
1. Introducción
En Chile la infancia en general padece de malos tratos. Esto se visualiza en diversos estudios (UNICEF, 2012a:6; Ministerio del Interior y Seguridad Pública y ADIMARK, 2013:50), que han constatado que la mayoría (71%-75%) de las niñas y los niños, sin distinción de clase social ni origen nacional, sufre algún tipo de violencia en sus familias; la mitad (51.5%) sufre violencia física, un cuarto (25.9%) violencia física grave y un bajo porcentaje (7,3%-8,7%) declara haber sufrido abuso sexual, principalmente las niñas (75%). Paulatinamente los estudios y las mediciones comienzan a integrar variables como el origen nacional, el lugar de nacimiento o la nacionalidad de las niñas y los niños que residen en Chile (o de sus madres, padres y/o personas adultas responsables), pero hasta ahora desconocemos la magnitud y el alcance del problema de las distintas dimensiones de la violencia que sufren las niñas y los niños migrantes. En este sentido el presente artículo se propone aportar con datos cualitativos para conocer este complejo fenómeno.
Según estimaciones del Departamento de Extranjería y Migración (Rojas & Silva, 2016), en el año 2014 residían en Chile aproximadamente 411.000 personas extranjeras, de este número, el 21,6% correspondía a población infanto-juvenil migrante (de 0 a 19 años). La región Metropolitana de Santiago es uno de los lugares de mayor concentración (61,5%). Además de la pobreza y la exclusión, en Chile las personas migrantes sufren de la violencia simbólica de la discriminación racial (Tijoux & Rivera, 2015). De acuerdo a Pavez-Soto (2012), son diversos los mecanismos de discriminación racial que sufren las niñas y los niños peruanos en su inserción cotidiana en Chile. En una encuesta de CEN-OPCION (2012:33), las niñas y los niños chilenos mencionan que en sus círculos sociales el grupo de “los peruanos” frecuentemente (48,1%) son objeto de comentarios negativos y un 19,2% no aprueba que grupos inmigrantes tengan acceso a derechos sociales; vale decir, que esta hostilidad es mayor en Santiago que en otras regiones del país (CEN-OPCION, 2012:35). UNICEF (2012b) recomendó al Estado de Chile la necesidad de garantizar derechos a la niñez migrante y prevenir la discriminación y el racismo, especialmente para las niñas y los niños que se encuentran en condición jurídica irregular, puesto que, en ocasiones, les impide el ejercicio de sus derechos. Diversas investigaciones (Riedemann & Stefoni, 2015; Tijoux & Rivera, 2015) han constatado que en el espacio escolar transitan visiones, discursos y prácticas racistas entre los diferentes actores de la comunidad educativa.
A continuación presentamos la discusión en tres grandes apartados: en primer lugar, se muestra el marco teórico de referencia; luego, los resultados emergentes ordenados en cuatro categorías de análisis y, por último, las conclusiones y la bibliografía.
2. Polivictimización infantil: diversas violencias contra la niñez migrante
Chris Jenks (1996:92) sostiene que la violencia que se ejerce en contra de las niñas y los niños refleja la posición de subordinación, inferioridad y vulnerabilidad en que están situados en nuestra cultura, debido a las relaciones sociales de poder basadas en la edad; lo que los convierte en potenciales víctimas de violencia en mayor medida que otros grupos sociales. Paradójicamente, el reconocimiento de esta posición de vulnerabilidad ha permitido el surgimiento de políticas y estrategias de protección de esa misma violencia.
Maltrato o malos tratos es el concepto que normalmente se utiliza para denominar la violencia que sufren las niñas y los niños. Ese concepto fue propuesto en 1962 por el pediatra Henry Kempe (Tolentino, 2013). De hecho, se utiliza el concepto de maltrato cuando se define la violencia contra la niñez en instrumentos tan diversos como el Art. 19 de la Convención de los Derechos del Niño, en documentos oficiales de UNICEF (2000) o del Servicio Nacional de Menores (s/a). En esas definiciones de maltrato no aparece el concepto de poder, porque se suele considerar solo la dimensión individual (a lo sumo familiar) de la violencia, pero se invisibiliza el rol del Estado, las normas sociales y las tradiciones culturales en la constitución y (re)producción de esa violencia. Lo que no se reconoce explícitamente es que en nuestra cultura está normalizado, internalizado y naturalizado que el trato hacia las niñas y los niños puede incluir diversas manifestaciones de violencia. Las relaciones de poder basadas en la edad lo legitiman y lo hacen posible.
3. Interseccionalidad y gubernamentalidad hacia la infancia migrante
La última perspectiva teórica de nuestro estudio se refiere a la interseccionalidad, la cual resulta convergente epistemológica y metodológicamente con el concepto de polivictimización. La interseccionalidad permite analizar la articulación de múltiples categorías de desigualdad, jerarquía y discriminación en la constitución de las diferencias sociales (Crenshaw, 1989). Hasta ahora, las políticas públicas e intervenciones sociales se diseñan sobre la base de un único eje de diferenciación (género, nivel económico o “raza”/etnicidad/origen nacional). La noción de interseccionalidad ofrecer ver los procesos complejos que derivan de la interacción al unísono de factores sociales, económicos, políticos, culturales y simbólicos en determinados contextos y que afectan de manera particular a los sujetos, quienes ven afectadas sus oportunidades de desarrollo o el ejercicio de sus derechos, justamente por encontrarse en el punto de intersección entre esas desigualdades concretas. En ese sentido, en nuestro estudio articulamos el concepto de polivictimización con el enfoque interseccional para estudiar las distintas formas de violencia que padecen las niñas y los niños migrantes. La infancia migrante –entendida como un fenómeno inscrito en diferentes ejes de desigualdad– cruza diversas desigualdades que son específicas de la posición en la que quedan situadas las niñas y los niños migrantes concretamente.
Ahora bien, las instituciones y los agentes sociales producirán ciertos conocimientos y determinadas formas de acción para intervenir (Balasch y Montenegro, 2003). Procesos de definición que se dan en una trama conformada por discursos, leyes, corrientes de pensamiento y metodologías en los que emergen y toman fuerza ciertas construcciones, mientras otras quedan latentes o desaparecen (Hacking, 1999). Este entramado semiótico-material favorece la clasificación de los sujetos, establecen lo que es y no es un problema social atendible, determinan prácticas y limitan los repertorios lingüísticos de nominación que tienen efectos en la materialidad y en la subjetividad sobre quienes son “intervenidas e intervenidos”.
A partir de la definicón de Foucault (1999) y para el caso concreto de la infancia migrante –en tanto fenómeno multidimensional y complejo– se desarrollan un conjunto de prácticas y operaciones de gobierno, expresadas en conocimientos, tecnologías, explicaciones, verdades y personas expertas que tienen como objeto adentrarse en las vidas de este colectivo, bajo una justificación ética de aseguramiento de derechos. De esta manera, ser un sujeto implica tener o no tener derechos, en función del modo como éste sea ubicado en determinados repertorios discursivos, contextos temporales y geográficos (Ema López, 2004).
En el intersticio de las diversas desigualdades que enfrentan y la trama de intervenciones estatales, las niñas y los niños migrantes –en tanto sujetos y agentes– desarrollan prácticas de agencia a través de las formas de subjetivación; como lo diría Deleuze (1990: 159): “Todo dispositivo se define pues por su tenor de novedad y creatividad, el cual marca al mismo tiempo su capacidad de transformarse o de usurparse y en provecho de un dispositivo del futuro. En la medida en que se escapan de las dimensiones de saber y de poder, las líneas de subjetivación parecen especialmente capaces de trazar caminos de creación que no cesan de abortar, pero tampoco de ser reanudados, modificados, hasta llegar a la ruptura del antiguo dispositivo”.
3. Metodología de la investigación
Esta investigación se realiza desde la metodología focalizada en la niñez (child-focused) (James y James, 2010: 10) que garantiza el anonimato, el respeto de los derechos de la infancia durante el estudio y la aplicación de un protocolo ético a través de la utilización de Formularios de Consentimiento y Asentimiento Informado (elaborados según normas de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, CONICYT y las leyes Nº 19.628 y Nº 20.120 de Chile). La metodología es de carácter cualitativo, se aplicaron entrevistas en profundidad a diez niñas y niños migrantes de 6 a 14 años de edad provenientes de Perú, Colombia y República Dominicana; a diez madres y padres (o personas adultas responsables del cuidado).