América Latina es un territorio que tiene vastos y variados recursos naturales. La mayoría de los países de la región han explotado durante siglos las materias primas que poseen y los Estados han privilegiado el financiamiento inmediato de las arcas fiscales, con el fin de priorizar políticas públicas de mediano y largo plazo. La riqueza inmediata que proveen las materias primas o commodities han generado un sin número de políticas públicas que van desde proveer a la población servicios básicos, como también inversión en infraestructura que permite numerosos avances de los países en su desarrollo.
Chile no está exento de esta realidad Latinoamericana. Ha sido uno de los países que mantiene fuertes inversiones en materias primas, en donde la minería ha sido uno de los pilares principales de su economía llegando a ser el primer productor de cobre a nivel mundial, como también la explotación de otros minerales metálicos y no metálicos, como el oro, plata, litio, hierro y molibdeno.
En las últimas décadas y con el retorno de la democracia, el país aposto por la modernización de la industria del cobre y por su extracción sin una planificación, ni proyecto de largo plazo para el desarrollo del país. Lo anterior impulso y produjo políticas importantes en materia social y económica en lo inmediato, pero, por otra parte, se devela la falta de una mirada estratégica lo que a su vez se suma, el grave daño ambiental que se produce en los territorios lo que viene a agravar aún más la crisis ambiental nacional y mundial. La producción de minerales ha tenido graves consecuencias para la ciudadanía y los ecosistemas, por lo cual es prioritario que tanto el Estado como las empresas hagan eco de la situación en la cual se encuentra el país y el desafío que ello implica, debido que no es posible lograr el ansiado desarrollo a costo de la degradación irreversible del medio ambiente y de su gente.
La intensificación del modelo extractivista minero de nuestro país ha conllevado que numerosas localidades estén sometidas a la contaminación y falta de agua dulce para la población, contaminación atmosférica, graves afectaciones a los ecosistemas, destrucción de glaciares, y la generación de zonas de sacrificio.
Lo anterior es señal de que la minería actual en materia medioambiental, no ha contado con una mirada estratégica, como también nos muestra que el Estado no ha exigido los más altos estándares de protección medioambiental, lo que ha conllevado a un sin número de conflictos y focos de contaminación ambiental, en donde los territorios, la población y los ecosistemas son sometidos al stress por la contaminación y la falta de decisiones del sector público con una industria que posee los recursos para modernizarse y permitir una transición que catapulte a un mejor estándar de vida, como también que permita invertir en áreas claves que nos lleve a producir minerales en una segunda fase y el abandono del extractivismo, a través de una preparación del país, que revierta la intensificación de la crisis ambiental, como también la preparación para desarrollar e invertir en otros aspectos de la sociedad como la educación que le permita a Chile avanzar hacia un verdadero desarrollo.
La investigación buscar analizar y describir si Chile ante la crisis ambiental que existe en los territorios, puede continuar desarrollando la minería, como lo hace en la actualidad. A su vez se busca evaluar si es posible ante la crisis ambiental actual, seguir desarrollando esta actividad sin un rol Estatal que vele por políticas públicas que vayan por la protección ambiental que permita la vida de los ecosistemas y quienes viven de ellos. Por último, se describirá y analizará, las propuestas de minería del futuro realizada por el sector político, técnico-empresarial y ambiental-indígena, con el fin de detectar las visiones y caminos posibles a desarrollar por esta actividad, con el fin de proveer de elementos que propongan evaluar una transición minera ante los bajos precios del cobre, los que en la actualidad ofrecen una oportunidad para repensar el rumbo del desarrollo del país, con el fin de generar una política de desarrollo en el largo plazo, que permita paulatinamente ir abandonando el extractivismo primario rentistas, con el fin de que genere la producción y diversificación de la economía.
Por último, Chile en las últimas 4 décadas aposto por la intensificación de la exportación de materias primas, principalmente el cobre. Lo anterior fue la apuesta del sector público para aumentar las riquezas del país y poder llevar a cabo políticas públicas que permitiesen salir del subdesarrollo y acelerar vía crecimiento económico el tan anhelado desarrollo del país. Durante estas décadas se generó un aumento explosivo de la inversión y las faenas mineras generando una fiebre de exportaciones, lo que trajo el aumento desmedido de la extracción del mineral, acelerando un proceso de degradación y crisis ambiental que han sumido al país en la dependencia de los vaivenes de las grandes potencias como China. Por lo tanto, si Chile durante décadas ha sido identificado como un país minero, ante la crisis ambiental, social y económica actual, es plausible que el país, siga siendo catalogado como un país minero per se y si al abandonar dicha categoría es posible subsanar y disminuir la crisis ambiental que permita emprender una transición, con el fin de desarrollar al país en otros nichos de la economía y la educación que posibiliten el tránsito hacia otro desarrollo.