Desde los procesos de reconstrucción de posguerra en el siglo XX la división internacional del trabajo emergente señala una profundización de la concentración de los flujos comerciales Norte-Norte, con una pérdida constante de participación de los denominados países del Sur. Como se señala desde el origen de la UNCTAD y los reclamos de PREBISCH por “comercio, no ayuda”, el Acuerdo General de Comercio y Tarifas de 1947 y la Organización Mundial del Comercio que lo continúa, marcan indefectiblemente el crecimiento del peso de los países industrializados y de sus productos dinámicos en detrimento de los productos primarios en especial los agrícolas, manteniéndose a través de las “distorsiones” comerciales una posición marginal de los países en desarrollo, entre ellos los latinoamericanos. En este nuevo siglo se continúa verificando, más allá de un momento fugaz de mejora de precios de algunos alimentos y materias primas, el deterioro de los términos del intercambio y una débil participación de los países que fueran considerados alguna vez como los “graneros del mundo”. Sucesivas medidas de protección y ayuda interna a la producción agrícola, combinadas con negociaciones comerciales que se dan en un campo de juego de poderes concentrados, son elementos clave para la construcción de una geografía desigual del comercio internacional.
Este trabajo sistematiza la información disponible desde fuentes estadísticas reunidas anualmente por la OMC, para presentar el diferente peso de las regiones en el comercio de productos agrícolas; así como también el proceso de negociaciones relacionadas con el Acuerdo sobre Agricultura a partir de los documentos oficiales. En su primera parte se hace hincapié en la evolución comercial de los productos agrícolas y en la pérdida de importancia de las tradicionales áreas exportadoras, ya que la composición del comercio mundial de mercancías muestra en el largo plazo un fuerte aumento de la proporción de manufacturas (que representan el 72% del comercio de mercancías para el año 2016) y un marcado descenso de la de productos agrícolas (solo el 8% del total comercializado) y minerales distintos de los combustibles; además del aumento de participación de los países industriales en las exportaciones agrícolas.
Al tratarse de una producción fuertemente subsidiada bajo el argumento de su multifuncionalidad, en especial en las principales potencias de la economía mundial, la segunda parte de la ponencia hace especial referencia a las negociaciones recientes en el marco del Acuerdo sobre Agricultura de la OMC, que se desarrollan entre fuertes disputas que han conducido a sucesivos fracasos de la Ronda de Doha. El Acuerdo sobre Agricultura (AoA), que entra en vigencia en 1995 con negociaciones iniciadas en el 2000 y todavía no concluidas, reconoce en su preámbulo que el objetivo convenido a largo plazo del proceso de reforma es establecer un sistema de comercio agropecuario equitativo y orientado al mercado. La definición abarca a los productos agropecuarios de base (como el trigo, la leche y los animales vivos); productos derivados de ellos (como el pan, la mantequilla y la carne); productos agropecuarios elaborados (como el chocolate y las salchichas); los vinos y las bebidas espirituosas; los productos del tabaco, las fibras como el algodón, la lana y la seda, las pieles en bruto de animales destinadas a la producción de cuero. El pescado y los productos de pescado no están incluidos, como tampoco lo están los productos forestales. Este acuerdo tiene como expresa finalidad el contribuir al aumento de la liberalización del comercio, a partir de la aplicación de los tres pilares de la reforma del comercio de los productos agropecuarios. Dichos pilares se refieren a los problemas vinculados con el acceso a los mercados, los subsidios a la producción y los subsidios a la exportación.
Se estima que la completa liberalización comercial aumentaría los precios internacionales en promedio 5,5% para los productos agrícolas básicos y 1,3% para los alimentos procesados permitiendo a los países en desarrollo un aumento del 9% en su participación en las exportaciones agrícolas mundiales. Pero no todos los países ganarían con la liberalización Los países urbanizados, particularmente aquellos en América Latina, con una ventaja comparativa en muchos de los productos que son actualmente protegidos, estarían entre los principales beneficiarios; sin embargo también se ha señalado el efecto adverso que esto tendría en la seguridad alimentaria de los países que son importadores netos de alimentos: los más afectados serán los países donde la población vulnerable destina una parte importante de sus ingresos a la alimentación. Por ello las negociaciones incluyen el establecimiento de una serie de mecanismos para asegurar que la liberalización comercial no afecte negativamente la disponibilidad de alimentos en los países menos adelantados (PMA) y en los importadores netos de alimentos (PINA). Los países latinoamericanos no conforman un solo grupo de negociación que los unifique, sino que participan de diferentes agrupaciones por “intereses comunes” con países de otras regiones. La complejidad de las negociaciones establece un amplio rango de posturas que deriva de las diferencias en la conceptualización del sector, donde algunos países presentan argumentos a favor de la liberalización completa del comercio (con el objetivo de mejorar el desempeño exportador, a partir de la mejora de los precios, de los países en desarrollo con una canasta exportadora basada principalmente en productos agrícolas) mientras otros ponen el acento en la crisis alimentaria y la vulnerabilidad social en los países más pobres importadores netos de alimentos (que dedican la mayor parte de sus ingresos a las importaciones de cereales) esgrimiendo argumentos a favor del mantenimiento de las políticas de restricción de acceso a los mercados y de subsidios a la producción.
La diversidad de situaciones y la dificultad en generar un grupo común para las negociaciones en el marco del Acuerdo sobre Agricultura son elementos que comprometen además las posibilidades de la obtención de mejoras comerciales para los países de la región, manteniendo así las desigualdades seculares entre regiones.