La llamada "problemática indígena", intrincada y múltiple como es, se presenta ante el conjunto de la sociedad como un asunto de difícil digestión.
Los distintos grupos, fracciones, segmentos o sujetos que conforman este "conjunto de la sociedad" interpretan los procesos vinculados a la "problemática indígena" de acuerdo a sus propios repertorios e intereses. Esto, por supuesto, no hace más que multiplicar de maneras o menos insensatas las representaciones en torno de "lo indígena".
Entre otras cosas, se construye así una serie de imágenes de "lo indígena" que, al articularse con los demás discursos sociales en circulación, cristaliza en ocasiones en significantes investidos con fuertes cargas. La sexualidad precoz de las niñas wichi, los extranjeros autonomistas mapuche que desalojan a la clase media blanca, el carácter pacífico, pobre, humilde e ignorante de la gente qom son algunos -no los únicos- de sus productos.
Hay otras representaciones de mayor tradición (la propia antropología es, en este sentido, responsable de muchas de estas construcciones), como la del indígena como "atrasado" y "pre-civilizado" y las distintas variantes del mito de la "inconmensurabilidad" de las culturas. Hoy se ha recuperado de Rodolfo Kush la creación de un indígena heideggeriano que opone el ser al estar. De ahí al indígena como "parte de la tierra", como su "protector" y "guardián" o un ser que se encuentra "en armonía" con la pacha o la mapu hay sólo un paso.
Pero es llamativo que la integración de estas figuras -aún en el plano imaginario- en un discurso coherente sigue siendo problemática. Al dirigente qom que reclama territorio y reconocimiento, lo contradice el dirigente qom que es aliado del gobernador y agradece una pavimentación o una escuela. Al dirigente mapuche incorporado al Estado, gestor de tanques australianos y radios comunitarias, lo contradice el dirigente mapuche radicalizado, que instiga a recuperar el territorio arrebatado por el winka. Al wichi que contempla en armonía la tierra y el río del monte lo contradice el wichi contrabandista de hojas de coca.
¿Demasiadas contradicciones para las bellas conciencias?
El discurso estatal no es ajeno a estas tensiones. Lo que las políticas públicas, los organismos específicos o las leyes nacionales o provinciales construyen como "lo indígena" expresa, en tal sentido, contradicciones semejantes sumadas a la existencia -agregado no menor- de las correlaciones fuerza del caso.
Lo indígena es un grano, una mancha, una molestia constante en el transcurrir del discurso nacional. Desde el borramiento y la negación ("no hay indígenas") o su constitución como enemigo interno (los "indios salvajes" de la frontera del siglo XIX, pero también los "indios terroristas" de hoy), pasando por la incorporación forzada hasta lo que podríamos llamar una "incorporación consensuada", con una especie de indio "nacional y popular" en el mejor de los casos, la incomodidad que genera "lo indígena" no ha podido ser mitigada.
Acá nos queremos preguntar por qué y ofrecer una hipótesis al respecto.
Si la pregunta es correcta, lo que acá queremos hacer es precisar los orígenes de la "incomodidad" que genera la "problemática indígena". ¿Qué es lo que "lo indígena" descentra? ¿Qué valores pone en cuestión? ¿En qué campos de disputa participa aquello que es construido como "lo indígena"?
La categoría que en particular nos parece crucial para avanzar sobre estas preguntas, dada su situación subyacente tanto al discurso estatal como a múltiples construcciones del sentido común, es la noción de "ciudadanía". Como se puede observar en casos concretos, como el de Santiago Maldonado, varios conflictos con los derechos de los "ciudadanos" se abren a partir de las protestas de "los indígenas".
Nuestra hipótesis, para precisarla, es que "lo indígena" descentra al "ciudadano", y de ahí la incomodidad que no puede resolverse.
Si bien la construcción de "lo indígena" no se expresa como un proceso unificado, sino como la elaboración de múltiples imágenes y representaciones, sí pensamos que puede y debe analizarse en su vínculo con esta categoría central, la ciudadanía, que además de ser expresión de las formas jurídicas y estatales, está presente como criterio moral y normativo en un sinnúmero de prácticas sociales.
El problema, por supuesto, es amplio y complejo, tiene historia y existen investigaciones al respecto. Nosotros nos referiremos a ciertas cuestiones actuales desde la perspectiva de la etnografía y la sociología latinoamericanas.