La ética nuestramericana es el líquido amniótico en dónde ha de crecer y forjarse el embrión de la nueva pedagogía, la nueva universidad. Ésta metáfora maternal dibuja claramente la importancia del sentir ético, pero no cualquier ética sino una altamente consubstanciada con la identidad de un pueblo, con su historia, con sus palabras. Es por ello que la ética nuestramericana se configura como el fluido que sostendrá, alimentará y cuidará la nueva educación que parirá al hombre y mujer del mundo nuevo.
Empecemos por definir desde éste contexto la ética. Evidentemente no queremos desconocer las acepciones que se han tenido de éste concepto en la filosofía aristotélica o en la kantiana, no es propósito del presente estudio continuar el debate entre la práctica de la felicidad y la obediencia a la ley. La ética de la sensibilidad parte de la Pedagogía de la Sensibilidad1, constructo que ha nacido en las aulas ubevistas , pero también en las calles, en las escalinatas y en las casas humildes de nuestras comunidades. Asumimos pues la ética desde nuestros referentes históricos, políticos, estéticos, pedagógicos y nuestramericanos. Dado que la autoctonía, la concepción emancipadora de la educación, el antiimperialismo y por supuesto la ética son las grandes categorías que conforman lo que hemos denominado Pedagogía de la Sensibilidad.
En ese sentido, concebimos la ética como un acto íntimo pero no ensimismado. No se trata de un solipsismo pedagógico. La ética, como dijera Joan Carles Melich2, surge desde nuestro ámbito íntimo y se relaciona con un otro, con la respuesta que damos ante el llamado del otro. Se trata entonces de en ése acontecer cotidiano, de nuestra práctica docente, incluso en nuestra forma de relacionarnos con el otro y con la otra en lo familiar, buscar la respuesta ética. Una respuesta que no es plural ni repetible, porque es íntima y dialéctica. Es para decirlo con Dussel, escuchar la voz del otro, “es el saber abrirse al otro y tomarlo a cargo (responsabilidad) por el otro ante el sistema”3 .
Escuchar la voz de otro, escuchar su grito desesperado, sentir su hambre, su frío, su sufrimiento, es lo que llama Dussel, tener conciencia ética. Y para poder hacerlo en el contexto de un modelo capitalista que impone la mirada individualista del sálvese quien pueda, es necesario desarrollar la sensibilidad, aprender a escuchar, a ver, a sentir. Cierto es que algunos nacen con esta característica innata logrando sobrevivir a una educación castradora y al aparato ideológico que atrofia nuestras capacidades sensoriales dusselianas. Pero ¿Y si estamos en medio de una epidemia de ceguera blanca impuesta por los mass medias como la novela de Saramago4? La Universidad Nueva tiene la responsabilidad de ver cuando otros han perdido esa capacidad. ¿Podrá impulsar la recuperación de la sensibilidad? ¿De la lucidez? ¿De la esperanza?¿De la humanidad?
La novela de Saramago, nos invita a vernos desde las miserias, pero también con un sentido de la humanidad que conformamos, desde la solidaridad y el sacrificio por el otro. El grito doliente que nos convoca y nos interpela a no quedarnos inmóviles al borde del camino 5. El llamado ético de Saramago se sintetiza en la última página de la novela cuando afirma: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven…”6la tarea nuestra está en comenzar a ver…
En ese sentido, Dussel apuesta por una ética comunitaria. Ética construida desde el referente de la teología de la liberación, colocando en los oprimidos, en los pobres de la tierra, la posibilidad de salvación del mundo. “los constructores del nuevo orden son los profetas, los pobres por exigencias del Espíritu, ellos construyen así la ciudad utópica, la “nueva” Jerusalén, el orden futuro mas justo.”7 Dejando claro que será el pensamiento crítico de nuestras acciones, esto es, la praxis de los liberados con una ética distinta a la capitalista, quienes abriremos las puertas al futuro con nuevas normas y códigos, con nuevas formas forjadas desde el pueblo.
Hablamos de una ética entonces, en dónde sintiendo al otro nos sentimos a nosotros mismos, en donde escuchando al otro somos capaces también de escuchar nuestras propias contradicciones y temores. El otro también es nuestra necesidad porque asumimos al hombre y a la mujer no como una individualidad, ni a la humanidad como suma de individuos, sino como un mundo común, un viaje común en el que todos estamos coimplicados. Esto será posible si rompemos con el proceso histórico del modernismo que ha diseñado desde la televisión, un mundo sin otro propósito que la experiencia propia y privada. Autoconsumiendo un modo de vivir pagado en cuotas bancarias, fragmentándonos y separándonos para impedir que nos reconozcamos. La cuestión está en lo que afirma Nuria López, en que la ética no está en el otro sino en nosotros y en la relación que hacemos, es:
Salir en busca del Otro (las otras, los otros), y hacer del amor el camino, método, significa saber que al Otro le necesito no para hacerlo mío sino para sentirme a mi misma, para saber algo más de mi viviendo entre los y las demás.8
El amor como método, como camino, ya lo anunciaba Martí en el verso libre sólo el amor engendra la maravilla, es fundamental para la ética emancipadora. Hay que dejar claro que el amor no contradice la rigurosidad de la ciencia, por el contrario le da sentido. Nuestra intención está orientada hacia la superación de la frialdad y objetividad (supuestas) de una máquina pedagógica descuartizadora para fortalecer un pensamiento desde el olvidado, el colonizado, del otro que ha sido violentado desde la lógica identitaria del poderoso, la lógica de la escuela del mundo al revés.
Galeano en el Curso básico de injusticia de la escuela del mundo al revés describe “la maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferencias y desde ellas se vincula” 9. Una igualación llamada democrática que iguala ideas e impone costumbres pero desiguala derechos y oportunidades. Es la imposición de un pensamiento único y casual, como la ropa, como la música, como las relaciones, un pensamiento secuestrado por el consumo.
Ahora bien, el respeto de la dignidad del otro pasa necesariamente por el respeto de su historia. Es por ello que la universidad burguesa asume un conocimiento ahistórico para imponer la cultura del consumo, una cultura que rompe con la memoria, en donde: “Cada hecho está divorciado de los demás hechos, divorciado de su propio pasado y divorciado del pasado de los demás. La cultura de consumo, cultura del desvínculo, nos adiestra para creer que las cosas ocurren porque sí.”10
El llamado fin de la historia ha propiciado lo que los zapatistas llaman el inacabamiento de la Conquista. Martí también lo advertía en Nuestra América, cuando afirmaba: la colonia siguió viviendo en la República11. Bolívar Echeverría comparte esta idea y sostiene que “la Conquista de América aun está en marcha. Vistas así las cosas, el levantamiento de los indios de Chiapas es un hecho que muestra cuáles son las características actuales del inacabamiento del la Conquista.12”
Así entonces asumimos la ética nuestramericana, como espacios de resistencia para lograr la verdadera emancipación. Un espacio en donde acontecemos con el otro, en la construcción incesante de un nosotros, desde los olvidados, los negados de siempre. La mayor Ana María, una soldado zapatista define al Nosotros13 de la ética nuestramericana:
Esto somos Nosotros...Detrás de nuestro rostro negro...Detrás estamos los mismos hombres y mujeres olvidados. los mismos excluidos. los mismos intolerados. los mismos perseguidos. somos los mismos ustedes...Detrás de nosotros estamos ustedes. detrás de nuestros pasamontañas está el rostro de todas las mujeres excluidas. de todos los indígenas olvidados, de todos los homosexuales perseguidos. de todos los jóvenes despreciados, de todos los migrantes golpeados. de todos los presos por su palabra y pensamiento, de todos los trabajadores humillados. de todos los muertos de olvido, de todos los hombres y mujeres simples y ordinarios que no cuentan, que no son vistos, que no son nombrados, que no tienen mañana. 14
El Nosotros de los zapatistas coincide con Los Nadies de Galeano. Desde y con ellos se construye la ética nuestramericana, desde los oprimidos de Freire, desde su historia muda. Por todo eso, el hombre y la mujer del mundo nuevo ha de revelar, develar, desenmascarar lo oculto en una realidad aparente. Tendrá que pronunciar su propio mundo y dar-se su propio lenguaje, nombrar-se desde la identidad y las luchas históricas por reivindicar su propia historia. No basta con vivir, hay que darle sentido a la vida.
Para Freire, esto es fundamental para asumir nuestra consciencia de estar en el mundo, haciéndonos así presentes en el mundo y de esta manera mostrar lo mejor y lo peor de la humanidad que habita en cada uno: “De una bondad desbordantes, como también muestras de absoluta negación de la docencia, de la honradez y de la sensibilidad humana. No podemos hablar de ética entre los tigres...”15.
Hasta aquí he planteado varios elementos que van conformando el cuerpo de la ética nuestramericana. La sensibilidad, la capacidad de escuchar al otro, la necesidad del otro, la historia, la identidad de nuestros pueblos. Vamos así constuyendo una ética sustentada en la idea martiana inmortalizada en la dedicatoria del Ismaelillo, poemario escrito para su hijo, en donde Martí expresa con su pluma de colores: “Espantado de todo, me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”16 . Tres categorías podríamos desprender de aquí: el mejoramiento humano, el por-venir y el valor del bien...las tres categorías dialogan con el pensamiento bolivariano.