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Resumen de ponencia
Desigualdad y pobreza en la región P’urhépecha de Michoacán a través de los procesos de patrimonialización y reconocimiento.

*Angélica Navidad Morales Figueroa



Los elementos centrales abordados en este estudio son las tensiones que han generado los procesos de patrimonialización en la región p’urhépecha de Michoacán. Procesos de reconocimiento que se han dado tanto a nivel nacional e internacional bajo la promesa de mejorar las condiciones económicas de sus pobladores, quienes por más de una década han visto como las políticas estatales tienden a centralizar las decisiones en cuanto a la cultura se refiere, sin tomar en cuenta los derechos de los pueblos sobre su propio patrimonio cultural, y sin lograr mejorar las condiciones de vida de sus habitantes quienes continúan sumidos en un estado de pobreza y desigualdad social de las más altas en nuestro país.
Los procesos de patrimonialización de las tradiciones indígenas en América Latina surgen en un contexto donde las iniciativas de un turismo rural sostenible se convierten en una herramienta de lucha contra la pobreza en los pueblos. En ocasiones dichas iniciativas son impulsadas, tan solo como proyectos políticos, bajo la promesa de mejorar las condiciones económicas en el interior de las comunidades y convertirlas en actores “principales” de las políticas de desarrollo. En Michoacán tales iniciativas fueron propiciadas por el gobierno estatal y federal que poco o nada tomo en cuenta la opinión de sus pobladores, haciendo visible una clara desigualdad en la toma de decisiones sobre los elementos culturales pertenecientes a la etnia p’urhépecha en donde el gobierno federal recurrió a instancias internacionales.

En este proceso fue fundamental el papel de la UNESCO , esta institución perteneciente a las Naciones Unidas es la que reconoce y certifica las expresiones culturales de identidad que incluyen tradiciones orales, prácticas culinarias, manifestaciones musicales, entre otras. La cultura convertida en patrimonio va acompañada de un despliegue legitimador que incluye acuerdos internacionales, legislaciones nacionales y estatales. El patrimonio cultural puede tener valores y significados diversos, según el momento histórico, el grupo y la posición social de quien lo valora. En los países latinoamericanos, caracterizados por profundas desigualdades culturales y sociales, generalmente el patrimonio responde a los espacios de poder político, cultural y académico, y está ligado a la formación de los estados nacionales. Es el caso de los pueblos p’urhépechas de Michoacán a partir del año 2001 los procesos de patrimonialización se convirtieron en políticas del estado tendientes a fortalecer el desarrollo de los pueblos p’urhépechas. Bajo el discurso de mejorar la situación económica de sus habitantes, pueblos “mágicos”, fiestas, artesanías, la comida y la música tradicional, pasaron a formar parte del discurso legitimador y oficial utilizado por el gobierno como estrategia política y económica, frente a la violencia generalizada que se vivía en casi todo el país. Al mismo tiempo dio inicio un proceso mediante el cual se invitaba a los artesanos a registrar sus productos bajo el esquema de marca colectiva. En él se ofrecieron beneficios tanto para los artesanos como para los compradores en un contexto de reconocimiento y protección federal mediante una serie de leyes expedidas para tal efecto. Además del proceso de reconocimiento y certificación de artesanías como objetos representativos de los pueblos, se buscó a través de la UNESCO el reconocimiento a nivel internacional de otros elementos de la tradición p’urhépecha. Así, la Noche de Muertos en Pátzcuaro fue ratificada como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad en 2008. La Pirekua o canto tradicional de los p’urhépechas en 2010, y la cocina tradicional mexicana parte de la cultura comunitaria en el paradigma de Michoacán en 2011. Mientras que a nivel federal y local se reconocieron como parte de ese mismo patrimonio a 30 marcas colectivas artesanales de las que podemos mencionar a los Diablitos de Ocumicho, la Guitarra de Paracho, el Mueble Tallado de Pichátaro, la Alfarería de Patamban o las Lacas de Uruapan. A pesar de todo el despliegue legitimador del patrimonio cultural durante los últimos 15 años, a desigualdad es persistente en las comunidades p’urhépechas. Las políticas de territorialización por parte del Estado que ahora también abarcan los elementos culturales como propiedad de toda la nación han fragmentado a sus pobladores quienes han recurrido a la protesta abierta ante la UNESCO y ante la comunidad internacional para denunciar la falta de sensibilidad de los gobiernos estatal y federal, ante lo que ellos consideran una pura turistización de sus pueblos, costumbres y tradiciones que son presumidas ahora como Patrimonio Cultural de la Humanidad, sin que su opinión haya sido consultada en un claro ejemplo de desigualdad cultural y sin que la pobreza haya abandonado a sus pobladores.
. Las comunidades continúan en la búsqueda de una articulación cultural y territorial con criterios propios y locales haciendo un llamado a los actores sociales que les permita resistir a las políticas externas y desarrollar sus potencialidades culturales. Las políticas de patrimonio no han asimilado a cabalidad los sentidos y valores compartidos por la población indígena, tanto en la elección de qué preservar, como el modo de hacerlo. La lucha por la libre autodeterminación de los pueblos y por su territorio han aparecido como protesta conjunta que se hace más fuerte ante las políticas de patrimonialización de los bienes culturales adscritos a ese mismo territorio, y que el Estado buscan potencializar como bien económico turístico. En el discurso internacional y nacional el patrimonio cultural aparece como uno de los principales bienes de la sustentabilidad económica. Por una parte, la construcción de la identidad y la lealtad étnica se destacan en el discurso con capacidades de moldear las actitudes hacia el trabajo, el ahorro, y el consumo, para impulsar la acción colectiva de un futuro sustentable. Por otra, también presentan aristas éticas en torno a valor y el uso de los bienes patrimoniales y ancestrales de una cultura. Así como las tensiones sociales que han provocado ante la debilidad de las estructuras tradicionales y sus jerarquías, mismas que han sido obviadas o incluso ignoradas en un discurso que aparenta la búsqueda de una mejor calidad de vida para todos. Los miembros del grupo han recurrido a una protesta abierta en la que buscan ser escuchados y tomados en cuenta antes de que sean implementadas políticas a las que no son convocados más que pequeñas minorías por los que no se sienten representados. La protesta presentada ante la UNESCO en febrero del 2011 es un claro ejemplo en el que los púrhépechas como grupo cultural exigen respeto a sus tradiciones y costumbres, así como el derecho sobre el uso de las mismas, y a no ser ignorados por las instituciones nacionales e internacionales.





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* Morales Figueroa
Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro UAQ. Querétaro.Querétaro. México, México