En esta intervención se busca hacer una lectura crítica de las implicaciones de los resultados de las elecciones municipales y legislativas de El Salvador de marzo de 2017, que han provocado una crisis sin precedentes en la izquierda del país centroamericano. De lo que se trata acá es de proponer algunos temas a partir de los cuales podría iniciarse un debate en función de fortalecer los elementos utópicos y anticapitalistas de las diferentes expresiones de la izquierda salvadoreña, no ya con miras a la nueva coyuntura electoral de 2019 -los comicios presidenciales, en los que la derecha parece entrar fortalecida, no por sus propios méritos sino por el debilitamiento del voto de izquierda-, sino desde una perspectiva de una construcción o reconstitución de alternativas socialistas a mediano y largo plazo. Esto, sin la pretensión de arrogarse la potestad de decirle a los protagonistas de la transformación social -desde la academia y desde fuera de las luchas concretas- qué deben hacer, sino, más bien, plantearse qué debe hacerse desde los espacios académicos e intelectuales para contribuir a esas luchas concretas.
Una lectura crítica debe partir del hecho evidente de que el resultado negativo de las elecciones municipales y legislativas de 2017 se caracterizaron por el abstencionismo de aquel que era, tradicionalmente, “voto duro” de la izquierda en el gobierno, es decir, del partido FMLN. A un alarmante proceso de despolitización de la sociedad salvadoreña, en particular, de las capas medias y de los sectores juveniles, se le debe sumar una cuota importante de desencanto con ciertos aspectos de la gestión gubernamental. En este punto, habremos de tener cuidado como para dejar de ver la totalidad del fenómeno y caer en la tentación fácil de deslegitimar todo lo hecho por el actual partido en el gobierno. Nuestra tesis es que en éste, históricamente y no sólo en esta coyuntura, se fortalece en la medida en que su acción política asume un perfil de clara ruptura con la agenda de dominación capitalista neoliberal, y que se debilita cuando asume posturas “moderadas”, “reformistas”, que no provocan conflictos con los sectores tradicionalmente dominantes. Hay que tomar en cuenta que la gestión gubernamental del FMLN se ha visto bloqueada sistemáticamente por estos sectores, los cuales han echado a andar una ofensiva de desestabilización en los frentes legislativo, judicial y mediático, sin contar, por supuesto, la incidencia de la violencia y el crimen organizado.
Hay una sensación fuerte de desesperanza que han sabido aprovechar los detractores del FMLN, tanto de parte de la derecha tradicional como de aquellos que, en la práctica, asumen posturas que fortalecen la agenda de la derecha y tienden a debilitar y/o atomizar el voto de izquierda. Estos actores plantean que es la hora final del FMLN y que éste no tiene nada qué ofrecer. Nuestro planteamiento es que el partido de izquierda es, por ahora, la única expresión organizada y articulada de izquierda a nivel nacional y que, en tanto instrumento de lucha política, ha logrado lo que parecía imposible: llegar al Ejecutivo. Esto implica la necesidad de replantearse el rumbo del partido de izquierda, por una parte, pero también el rumbo de la izquierda no partidaria. La situación actual en El Salvador es la de una fragmentación de la izquierda: por una parte, está la izquierda partidaria y en ejercicio del poder de las instituciones del Estado, pero también están las izquierdas de los movimientos sociales, así como otras expresiones no organizadas de izquierda. Defendemos la tesis de que las cartas de la transformación social radical en El Salvador deben jugarse en distintas canchas, no solamente en la del Estado y la política partidaria y legislativa, sino también en las movilizaciones sociales. En la medida en que el FMLN en el pasado supo conjugar la lucha política con la movilización social y popular, en esa medida supo poner en jaque al poder tradicional. Esas capacidades heredaron, después de la guerra, un capital político, ético y simbólico que duró y se renovó hasta 2009, año en que el FMLN llega al Ejecutivo por primera vez.
Nuestra intervención busca compartir reflexiones en función de las actuales discusiones sobre el rumbo de la izquierda, sin pretender tener un carácter definitivo, ni mucho menos desconocer el valor de las ideas que están en circulación dentro de la izquierda partidaria y las izquierdas no partidarias. Pensamos que hay retos urgentes que deben acometerse. En primer lugar, plantearse qué transformación social necesita el país centroamericana. En la actualidad, el término “transformación social” puede querer decir cualquier cosa si no se acota con precisión. Brasil, Argentina, Ecuador y otros países latinoamericanos han sufrido un proceso de transformación social hacia el recrudecimiento del neoliberalismo. Entonces, debe concretarse este punto: de lo que se trata es de una transformación social anticapitalista, lo cual implica, sin subsumirlas, distintos frentes de lucha emancipatoria. Por otra parte, el horizonte de la lucha anticapitalista debe conjugar el realismo político con la denuncia utópica. Ambas cosas se requieren mutuamente, en tensión dialéctica, para hacer viable los proyectos de construcción anticapitalista. En segundo lugar, es necesaria la construcción de una estrategia incluyente de las diferentes expresiones de izquierda, de integración de sus saberes y experiencias de lucha -como lo plantearía Boaventura de Sousa Santos: una ecología de saberes de lucha. Finalmente, es importante plantear los posibles escenarios de lucha: no solamente la lucha política -dentro y fuera del Estado-, sino la lucha política dentro de los aparatos ideológicos y los elementos que constituyen la cultura. Aquí tenemos que recuperar las tradiciones de lucha de la historia salvadoreña para crear una teoría emancipatoria potente, en el sentido que permita una lectura crítica de la realidad, pero que también pueda reavivar las energías políticas con el combustible de la esperanza.