Argumento central:
La ponencia presentará los resultados de la investigación que desarrolló en el marco de mis estudios doctorales en Historia Latinoamericana. Los resultados a exponer describen el proceso de “lucha por el reconocimiento” de la comuna indígena quiteña de Santa Clara de Sanmillán durante el periodo de 1937 a 1986, y analizará la dimensión moral que impulsó dicho proceso; de esta manera, se presenta un estudio con un enfoque poco desarrollado en las pesquisas históricas sobre las relaciones interétnicas y sus conflictos sociales en el Ecuador. Utilizando la teoría del reconocimiento de Honneth, se determinó que el caso investigado muestra que los conflictos sociales también son producto de la búsqueda de respeto y dignidad, es decir, de un lado moral, y no sólo de intereses materiales en pugna; además, que las acciones de la comuna de Santa Clara fueron respuestas a las formas de menosprecio promovidas por los poderes locales y el poder ejecutivo, que la asediaron con el fin, sin éxito, de su conversión a barrio.
Resumen:
La existencia de centros urbanos con localidades indígenas satélites fueron comunes en las colonias españolas en América (Minchom, 2007). En Quito estas poblaciones fueron reasentadas por los españoles, por ejemplo Uyumbicho, y otras tuvieron una permanencia anterior a la conquista, como Machangarilla, y se les designó la denominación de parcialidad que implicaba la reunión de varias familias bajo el liderazgo de un cacique (Salomon, 1980). El sector norte de esta urbe, específicamente el ejido de Añaquito, fue un lugar donde se encontraban estos asentamientos, entre ellos, Santa Clara de Añaquito, que estuvo gobernado por los caciques Guamansara. Los registros más antiguos sobre la existencia de esta población provienen del siglo XVIII (Moscoso, 2011) y al momento no tenemos un dato certero de su origen. Posteriormente, pasó a llamarse Santa Clara de Sanmillán, nombre que utilizó en el litigio por tierras contra la hacendada Juana de Mazo en 1857. En el siglo XX esta población logró que el Estado ecuatoriano le reconozca en 1911 como “comunidad indígena” y en 1942, amparándose en la Ley de Organización y Régimen de Comunas de 1937, como “comuna”. Desde entonces ha mantenido esta apelación pese a que organizaciones locales y estatales han tratado de desmantelarla e incorporarla como un barrio de la ciudad de Quito.
En la Colonia, y en todo el siglo XIX, Santa Clara fue un asentamiento de la zona rural de Quito, empero su forma de vida era urbana consecuencia de la estrecha relación que mantenían con la ciudad por su cercanía al centro de la ciudad, situación que cambió en el siglo XX debido a la expansión de la mancha urbana que la incorporó físicamente. De este modo, indígenas reconocidos como rurales terminaron siendo urbanos. En este contexto, este ensayo examina las relaciones interétnicas y los conflictos acaecidos productos de estas relaciones al interior de la ciudad de Quito a través del caso de Santa Clara entre los años 1937-1986.
Ahora bien, por lo general en Suramérica estas relaciones y conflictos, en ámbitos urbanos, han sido investigadas desde el punto de vista social, político y económico, y abordada por antropólogos-sociólogos (Kingman, 2008; De la Cadena, 2004), geógrafos (Godard, 2013) e historiadores sociales urbanos (Barragán, 1990; Gorelik, 1998); en cambio, este trabajo se diferencia porque enfatiza en el estudio de estos conflictos desde su dimensión moral/sentimental. En Ecuador, Mercedes Prieto (2004, 2015) y Cecilia Ortiz (2006) han realizado algo al respecto mostrando, como a lo largo del siglo XX, las élites civiles y militares reconocieron a los indígenas como un grupo inferior, que necesitaba evolucionar para llegar a ser ciudadano, y las relaciones entre los blanco/mestizos e indígenas estuvieron atravesadas por el sentimiento del temor. A diferencia de las autoras indicadas, este trabajo describe a un nivel más micro los conflictos interétnicos y los interpreta con un marco teórico que hace relucir la dimensión moral y sentimental de ellos.
El marco teórico aludido se basa en la teoría del reconocimiento de Axel Honneth. Según este autor, los conflictos sociales no pueden ser interpretados solo como conflictos por la supervivencia material, sino una lucha contra formas de desprecio, y en pro de la dignidad y respeto que cada individuo o colectivo merece, una pugna que llama “lucha por el reconocimiento” (1997, 2011). Específicamente, se utilizaron tres de sus categorías teóricas: “Estructura de reconocimiento”, “formas de menosprecio y sentimientos negativos” y la “lucha por el reconocimiento”.
La primera refiere a las esferas de manifestación de reconocimiento que son: amor (autoestima), derecho (autorespeto) y solidaridad (valoración social), que se presentan en tres ámbitos: familia, sociedad y comunidad, respectivamente. Cada sociedad tiene un orden moral institucionalizado o estructura moral, que muestra posibilidades de justicia, pero que se diferencian de la conciencia moral de los grupos oprimidos, ya que estas estructuras provienen y representa a los grupos dominantes (Honneth, 2011).
Ahora bien, la segunda tiene que ver con las formas de menosprecio que afectan a las manifestaciones de reconocimiento. Así, para amor tenemos la ofensa o humillación; para derecho la desposesión de derechos o la exclusión social, y para solidaridad, la desvalorización de modos de vida individual o colectiva, todo lo cual muestra la existencia de una “patología social” que afecta a la sociedad como un todo (Honneth: 2009). El menosprecio origina en los afectados sentimientos morales negativos como ira, odio, miedo, deshonra, vergüenza social, que perturban a la integridad personal y colectiva, que recibe la cualidad específica de “agravio moral”.
La tercera es la “lucha por el reconocimiento” la misma que se produce cuando los sentimientos morales negativos son compartidos por una colectividad y les motiva a exigir justicia al no verse respetado en su entorno sociocultural, valorado o sus expectativas normativas fueron frustradas (Honneth, 1997).
Estas reflexiones teóricas en conjunto con el trabajo empírico sobre el caso en cuestión más los argumentos, antes señalados, de Prieto y Ortiz, condujeron a la comprensión que la exclusión social, ausencia de estima social y de respeto por parte del poder ejecutivo y poderes locales sobre Santa Clara motivaron sentimientos morales negativos tales como: el miedo, indignación y vergüenza social, y frente a este agravio moral tuvo que reaccionar, no de manera violenta, en la búsqueda de un reconocimiento recíproco, por consiguiente, siguiendo a Honneth, este es un proceso de “lucha por el reconocimiento”.
Las fuentes utilizadas fueron escritas y orales. En cuanto a las escritas tenemos las siguientes: documentos burocráticos, las actas comunales de Santa Clara, y artículos de prensa.
Las primeras fueron ubicadas en el Archivo de Comunas del Ministerio de Agricultura de Ecuador, el Archivo Nacional de Ecuador y Archivo Metropolitano de Historia de Quito, que resguardan los expedientes de Santa Clara que contienen reglamentos, mapas, oficios, censos y actas desde 1930. La segunda se conforma de libros de actas, oficios y registros de comuneros que posee el archivo de Santa Clara; finalmente, artículos de prensa que se encuentran en las hemerotecas de la Casa de la Cultura, Ministerio de Cultura y Biblioteca Aurelio Espinosa Polit. Estas fuentes, en su mayoría, constituyen discursos burocráticos, incluso las provenientes de Santa Clara son contestaciones jurídicas a esos discursos, lo que dificultó el acercamiento a las particularidades de la confrontación y las dimensiones de la vida diaria y el aspecto subjetivo de la comuna.
Empero, se recogieron relatos de vida de los comuneros, que permitieron superar, en parte, la dificultad antes mencionada, a través de entrevistas no estructuradas y conversaciones con dirigentes, ex dirigentes y personas adultos mayores. Estos relatos por sus características se diferenciaron entre los pertenecientes a los comuneros que conocieron los hechos a través de sus familiares o en su participación en las asambleas comunales y la de los dirigentes que vivieron los conflictos y expresan sentimientos más particulares de los enfrentamientos; así, nos acercamos a la vida cotidiana y subjetiva de Santa Clara.
Temporalmente la ponencia cubre dos periodos: el primero que va de 1937 a 1958 y describe el impacto de la LORC de 1937 en la organización de las comunas, la exclusión de las comunas de las planificaciones urbanas, y los conflictos entre los comuneros y los poderes locales; el segundo que va de 1970 a 1986 y describe el aceleramiento del desarrollo urbano de Quito, la incorporación física total de Santa Clara a la urbe y los cambios que esto produjo a nivel social, económico, cultural y político. Además, y esto es lo más importante de esta segunda parte, analiza el conflicto con el gobierno de León Febres Cordero. Por fin, en un último apartado el artículo analiza la experiencia de Santa Clara en su conjunto, mediante las reflexiones teóricas de Honneth. Es necesario advertir que no hemos encontrado al momento sucesos destacables en los años 1959-1970, por ello el salto temporal.