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Resumen de ponencia
Derechos Humanos, memoria y justicia. Homenaje a Raphael Lemkin

Berg Institute - Fundación Berg Oceana Aufklarung - Berg Institute (España)

*Joaquín González Ibáñez



En la presentación se realizará un recorrido de la figura de Raphael Lemkin quien inventó en 1943 el término genocidio y la celebración del 70 Aniversario de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio. La mesa redonda contará con diversas autoridades nacionales argentinas e internacionales de Naciones Unidas, así como personalidades académicas y los codirectores de Berg Institute, Juan Carlos Sainz-Borgo, Fabián Salvioli, Javier López de Goicoechea y Joaquín Gonzálaez Ibáñez (traductor y editor del libro).
En el mismo acto se proyectará el documental Watchers of the Sky de la directora Edet Belzberg, subtitulado en español por Berg Institute y la Universidad Alfonso X el Sabio.

Abstract

Nicolás Copérnico esperó treinta años a publicar su obra De Revolutionibus, primera ocasión en que apareció impreso el término revolución. Acosado por motivos religiosos y políticos no pudo presentar su trabajo en la Universidad Jaguelónica de Cracovia, donde inició sus estudios de Astronomía en 1491.
Raphael Lemkin vivió y estudió no lejos de allí, en Leópolis. Su idea de protección jurídica de grupos humanos fue presentada por primera vez en Madrid en 1933.

Hoy somos parte de las revoluciones que ellos iniciaron. Hemos aprendido que la historia humana evoluciona porque siempre hubo personas que atisbaron nuevos escenarios y construyeron espacios innovadores donde reorientar la acción humana.Las revoluciones son todas imposibles, hasta que acontecen. Entonces devienen inevitables. Hoy seguimos trabajando en la revolución perenne e inacabada de los Derechos Humanos que situó de manera revolucionaria a la persona en el centro del discurso político, jurídico y social. Y por ello, los Derechos Humanos llegaron para molestar, pero también para quedarse.


Durante la Segunda Guerra mundial, en un mensaje de radio de la BBC de finales de agosto de 1941, Winston Churchill afirmó que los nazis estaban cometiendo «un crimen sin nombre». Churchill conocía, gracias al descifrado del código de Enigma, los mensajes remitidos por los Einsatzgruppen en los que reportaban el número de personas ejecutadas diariamente; con los datos e información recibida, Churchill no atisbaba a expresar con una palabra el tipo de atrocidades perpetradas. Raphael Lemkin, durante un almuerzo celebrado en su honor en Nueva York en 1951, compartió con la audiencia que, tras escuchar una década atrás las palabras de Churchill, se comprometió a la búsqueda del término adecuado para conceptualizar la persecución y destrucción de grupos nacionales, raciales, étnicos y religiosos. Gracias a sus estudios de filología y filosofía —hablaba nueve idiomas y comprendía doce— y su formación jurídica, Lemkin acuñó en 1943 el neologismo genocidio y un año después apareció escrito el término genocidio por vez primera en el capítulo 9 de su obra La dominación del Eje en la Europa Ocupada (Axis Rule in Occupied Europe).

Totalmente Extraoficial. Autobiografía de Raphael Lemkin libro que se presentará en el la mesa redonda, da cuenta de la vida de un personaje excepcional de la historia del siglo XX, una persona con la imaginación moral y convicción de su responsabilidad cívica que dedicó su vida a educar, concienciar y luchar para que existiera un marco legal que pusiera freno a la barbarie por medio de un tratado internacional: la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio. Lemkin siguió la máxima de Tolstoi «creer en una idea exige vivirla» y convirtió la consecución de su ideal en su forma de vida. Su imaginación moral en el relato contemporáneo de la conciencia cívica y de la Justicia del siglo XX permite comprender una parte siniestra e inmanente de la historia de la Humanidad. Lemkin fue nominado para el Premio nobel de la Paz en 1950 y 1952 y nos ayudó a comprender con su legado que la conciencia moral y la acción para preservar los Derechos Humanos no son una entelequia.
Raphael Lemkin fue un hombre afortunado y un hombre en la miseria; un hombre generoso y vivo, pero también un ser frustrado y roto; una persona cuya inteligencia y vivencias personales le permitieron «pensar con generosidad» y abrazar una visión de Humanidad a contrapié de las visiones nacionalistas, supremacistas y excluyentes del siglo XX, pero también opuestas a las que nuestro siglo XXI está atestiguando. Tal vez la indiferencia hacia su persona y el desconocimiento de su legado por el gran público da muestra, paradójicamente, de la importancia de su historia y su compromiso.

La figura de Lemkin contagiará la pasión del niño Raphael Lemkin por la naturaleza y el entorno rural polaco en que vivía ilegalmente con su familia. Advertirá en Raphael Lemkin una dimensión extraordinaria en la persona que siente la necesidad de comprender y la inquietud intelectual de transformar el marco de injusticia de su entorno próximo, pero también universal. El concepto de genocidio forma parte de un constante relato atroz en la experiencia humana, que devoró a cuarenta y nueve miembros de la familia Lemkin, incluidos sus padres asesinados en Treblinka. Gracias a este libro, el lector podrá imaginar a Raphael Lemkin en la Conferencia Internacional de Derecho Penal en el Madrid de 1933; una conferencia a la que no pudo acudir en persona para presentar su ponencia —que sí se incluyó y distribuyó entre los participantes— ya que fue vetado, en el último momento, por el ministro de Justicia polaco—. Igualmente podrá sentir a Lemkin en los pasillos del Tribunal de Núremberg en 1946, semipostrado, apoyando los codos contra la pared, en esa imagen de quiebra e indignación sorda por una Justicia Internacional que no entiende que su responsabilidad institucional no radica exclusivamente en juzgar los actos criminales del pasado, sino además en prevenir los del futuro. Pero, sobre todo, el lector descubrirá un gigante, desconocido para el gran público, en la genuina tradición de los pensadores y visionarios incomprendidos, marginados. Un ilustrado de la mejor estirpe humanista europea.

La existencia de Raphael Lemkin evoca la figura literaria y ética de Primo levi. en la obra El Sistema Periódico, el escritor turinés se hace eco de la prohibición expresa para los judíos de vivir fuera de las ciudades, y recuerda que hasta mediados del siglo XIX los judíos en Italia no podían vivir en el ámbito rural. Primo Levi en este extraordinario libro de relatos, que toma como referencia los elementos de la tabla periódica, recuerda en el relato dedicado al argento que las leyes raciales de la República de Saló eran para él un «elemento reactivo» que hacía mutar a la gente, que era un catalizador de injusticias y también de honestidad y que eso le ayudó a descubrir a los amigos de verdad, esos amigos que no tuvo Lemkin. De igual modo, en Raphael Lemkin resuena además Simone Veil, por su compromiso social y de justicia, su sentido de humanidad del judío europeo asimilado con vocación universal y no excluyente, así como las mismas referencias culturales y sociales que le permiten asumir la máxima de Simone Veil que «el dolor es la raíz del conocimiento».

El relato de su huida durante la Segunda Guerra mundial iguala en dinamismo y ternura a El Sargento en la nieve de Mario Rigoni Stern y al Diario de cautiverio de Giovanni Guareschi, Il grande diario. Giovannino Cronista del Lager 1943-1945. La sensibilidad de lemkin le permitió descubrir los entornos y esbozar la esencia de los países por los que huyó en su periplo febril hacia estados Unidos, mientras que en su sentido del humor resuena la genialidad de Ryszard Kapuscinski, Claudio Magris o Tiziano Terzani por la calidad de sus historias de viajes y su genuina capacidad de análisis de las personas.


Raphael Lemkin es una figura necesaria. El legado de Lemkin reivindica la patria común de la Humanidad y la responsabilidad de prevenir los actos recurrentes de genocidio, que la Historia nos muestra acechando en el futuro, nuestro futuro horizonte. Nuestra responsabilidad radica en poder responder desde la patria común de Humanidad a la que pertenecemos. El legado de Lemkin reivindica la necesidad de conocer la historia de la Humanidad que sirve, fundamentalmente, para comprender el horizonte de compromisos éticos y de Justicia que todos debemos acometer para evitar lo que nuestros ascendientes y coetáneos no pudieron —no pudimos o supimos— evitar en Camboya, Guatemala, Irak, Ruanda, Darfur, Srebrenica y Siria, entre otros.


La promoción de la figura de Lemkin y su relato nos reclama que conocer, obliga a comprometerse y en sus propias palabras «la función de la memoria no es solamente registrar los acontecimientos del pasado, sino también estimular la conciencia». En particular la Conferencia de CLACSO en el año 2018 coincide con la celebración del 70 aniversario de la aprobación de la convención sobre Genocidio por la Asamblea General de Naciones Unidas el día 9 de diciembre de 1948, un día antes de la aprobación por la Asamblea General del otro texto imprescindible creado en la primera mitad del siglo XX, la Declaración Universal de Derechos Humanos. Deseamos celebrar la bienvenida a Raphael Lemkin a la literatura en español, en la creencia de que esta obra permitirá preguntarse a muchas personas, cómo es posible que no haya avenidas, parques, bibliotecas y calles en nuestras ciudades y pueblos, que rememoren y honren su legado y su compromiso de Justicia. Tal vez Raphael Lemkin sea en la historia moral del siglo XX la persona «necesaria inexistente».

La mesa redonda en la Conferencia de CLACSO que tendrá lugar en Buenos Aires en noviembre de 2018 servirá para mostrar nuestro reconocimiento al legado de la obra y compromiso humano de Raphael Lemkin en el LXX aniversario de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio.




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* González Ibáñez
Berg Institute - Fundación Berg Oceana Aufklarung Berg Institute. Madrid/Bogotá/Otzenhausen, España