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Resumen de ponencia
Desigualdad conspicua: estrategias de movilidad social en clases medias y bajas de Colombia

*Diana Esperanza Oliveros Fortiche



“La preocupación por la desigualdad es una posición normativa que entraña la visión de una vida buena y enriquecida. Pero es preciso enunciar y justificar las bases y los límites de su normatividad…es preciso abrir las ventanas y en muchas direcciones” (Therborn, 2015, p.41)
La desigualdad parece que estuviera presente en la vida cotidiana del hombre y fuera un producto de su interacción social y por tanto, el resultado de las tensiones del sistema que la genera como lo afirmara Tilly (2000). Al reconocer que es un producto de la interacción social, cabe la pregunta por la naturaleza del mismo y es así como se hace necesario comprender la particularidad de la desigualdad tanto desde sus límites normativos como de las miradas otras que han tratado de explicarla.
Un concepto que se entrecruza con la idea de desigualdad es el de diferencia, ya que algunos escenarios de discusión contraponen la diferencia como aspecto preponderante de las desigualdades(género, etnicidad, migración, entre otros). Las discrepancias entre desigualdad y diferencia se sintetizan en: a) La diferencia puede estar dada por la biología o psicología de los sujetos o por los estilos de vida que optan en tanto la desigualdad se construye socialmente. b) La desigualdad va en contra de una norma (establecida o por establecerse) mientras que la diferencia no necesariamente es transgresora. c) La diferencia puede coexistir en contextos de igualdad-desigualdad, pero la desigualdad debe abandonar su existencia en dichos espacios y d) La desigualdad es dada por algo en común como la ausencia de un derecho, de un recurso o de una condición, entretanto en la diferencia lo común no se evidencia (Therborn, 2015).
La existencia de la desigualdad no presupone el hecho de no lograr la posibilidad de la existencia de la diferencia. El problema es la dimensión de esas diferencias en relación a la equidad de los procesos que las originan y la legitimidad en la repartición de los pesos y beneficios entre los sujetos que forman una sociedad (Reygadas, 2008).
La distribución de la diferencia está mediada por las relaciones de poder que algunos pueden considerar justa y otros injusta, por ello para definir la diferencia no es necesario solo entender la característica de ella en relación a la distribución de bienes sino a las contradicciones y disputas que establecen los sujetos sobre la equidad de un determinado repartimiento de la riqueza. Es así como la relación entre diferencia y desigualdad se estrechan y una se convierte en el correlato de la otra. En esta relación diferencia-desigualdad surge otro concepto que parece dar respuesta a esta dupla, la igualdad.
La igualdad puede ser considerada como el ideal de superación tanto de la diferencia como de la desigualdad. Amartya Sen (2009) considera que la igualdad debería darse desde la capacidad de funcionar como ser humano y no remitirla a las mismas necesidades y su resolución. Si se toma la naturaleza humana como referente, la desigualdad puede explicarse de una forma causal y universal. Es así que Therborn (2015) señala que existen cuatro mecanismos de la desigualdad entendidos como procesos que producen efecto sobre la distribución del poder o la riqueza en una sociedad, estos son: 1) distanciamiento o proceso sistémico que origina ganadores y perdedores, así como recompensas y ventajas y produciendo una distancia social entre ellos; 2) explotación que implica un estructura asimétrica de apropiación de los frutos del trabajo; 3) exclusión o el impedimento del avance de los otros tras el señalamiento del “no pertenecer”; y finalmente la jerarquización asociada a valores, roles y estatus. Cada uno de estos mecanismos son acumulativos en su incidencia y no se excluyen mutuamente; por lo tanto para Therborn explican en su conjunto la generación de todo tipo de desigualdades. Para cada mecanismo de desigualdad existe su correspondiente dinámica de igualdad, para distanciamiento aproximación, explotación – redistribución, exclusión- inclusión, y jerarquización – desjerarquización.
Ahora bien, qué relación podrían tener estos mecanismos de desigualdad en la práctica social, y en especial con algunos procesos de acceso y distribución de riquezas dados en la movilidad social, entendida como “un movimiento significativo en la posición económica, social y política del individuo” (Miller, 1956 en Stavenhagen, 1996, p.26). Y en particular, cómo se ha expresado esta movilidad en relación a los mecanismos de desigualdad en el contexto colombiano. Esta pregunta mueve el presente ensayo, y cobra importancia a partir de la consideración del continuo histórico de permanencia y acción de los cuatro mecanismos de origen y mantenimiento de la desigualdad en Colombia, ya que se ha mantenido como una sociedad clasista en la que generaciones enteras han vivido en la pobreza y pocas de ellas, logrado el gran escape (Deaton, 2015).
La estructura de desigualdad colombiana es matizada por una particular distribución y clasificación de estratos que determinan el nivel económico de las personas en centros urbanos. Éstos se establecieron a partir de una política pública implementada en las ciudades colombianas desde los años ochenta, que clasificó las viviendas de acuerdo con la calidad del entorno y de los materiales empleados para su construcción. Se constituyeron seis estratos, siendo el uno el que posee un mayor NBI (necesidades básicas insatisfechas) y el seis con el menor NBI. Su principal fin fue otorgar subsidios a los residentes más pobres, permitiendo que los estratos superiores pagaran costos más altos por los mismos servicios procurados a los más bajos estratos (Uribe &-Mallarino 2008, pp. 141-142). Lo más significativo de esta estratificación es la relevancia particular que toma en el contexto social, ya que se establece como criterio de exclusión y cuenta como estructura preponderante sobre la que se mide la movilidad social, es decir, las personas se clasifican según su estrato y miden su éxito de movilidad al cambiar a estratos diferentes.
A estas movilidades de estrato se asocian otros comportamientos como los consumos de bienes posicionales o estatutarios que Gorga, Leites & Vigorito (2016) señalan como un aspecto relevante en la modernización de países como Brasil y Argentina, ya que el mayor consumo posicional se correlaciona con la existencia de una mayor desigualdad.
Los consumos estatutarios o posicionales son definidos dentro del llamado consumo conspicuo que fue presentado por Thorstein Veblen en su famoso libro Teoría de la Clase Ociosa ([1989] (2004). Veblen mostró la práctica del ocio y del gasto derrochador social como un comportamiento conspicuo seguido por las elites norteamericanas para exhibir su valía y posición. En el trascurso de los años, el consumo conspicuo dejó de ser una práctica fundamentalmente de elites para convertirse en un consumo desarrollado principalmente por clases medias pues el consumo conspicuo se convierte en una estrategia de acumulación de capitales cuyo objetivo primordial es mantener o mejorar el estatus social de los agentes (Bourdieu, 2000, 2002, 2011), en este caso de los consumidores de clases medias y bajas en ascenso, que tratan de sobresalir de su posición y ganarse la estima de sus semejantes (Veblen, [1889] 2004). La acción del consumidor conspicuo entra en conformidad con órdenes clasistas y de desigualdad pues su actividad exhibitoria no es trasgresora de la estructura de dominancia ni contraria a los habitus establecidos. La observancia de este comportamiento en las historias de movilidad social de colombianos lleva a explicar este fenómeno en términos de una desigualdad conspicua.
Tal desigualdad conspicua se explica desde las prácticas cotidianas y la experiencia de clase, a la pregunta por el cómo hombres y mujeres han conseguido escapar de la pobreza y se han mantenido en la clase media, no sólo a partir de una mejor ubicación laboral y de formación académica sino por medio de estrategias conspicuas y de consumo posicional.
Como metodología de acercamiento a esta experiencia de movilidad y enclasamiento se construyeron 8 historias de vida, a partir de 40 encuentros y más de 80 horas de reflexión y diálogo. Se encontró entre otros valiosos hallazgos como la legitimación a órdenes estructurales y jerárquicos, así como el distanciamiento y la construcción de códigos simbólicos de estatus han sido habitus seguidos por estos actores, quienes finalmente terminan por reproducir el circulo continuo de la desigualdad.





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* Oliveros Fortiche
Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos. Universidad Central - IESCO/UCENTRAL. Bogotá, Colombia