Este escrito, se propone recuperar una mirada sobre las representaciones de la música y la televisión argentina como partes de la edificación de la identidad nacional y la memoria.
Como sostenemos en la editorial de la revista Tram(p)as que organiza el grupo de investigación al que pertenecemos y cuyo número dirigen los coordinadores de este GT en arte y política: de lo que se trata, es de que la construcción poética también es una forma de la acción política.
Reconocer el lugar de la conciencia crítica en el campo de las representaciones masivas (y no tanto), permite encontrarnos con un campo, que no solo manipula, sino que también conmueve, crea, imagina, y significa en la escena de las decisiones y circunstancias culturales contemporáneas.
Así, en toda acción de la cultura, se imprime una huella que debemos reconocer y analizar para comprender el lenguaje de la imagen como parte del debate en la escena pública.
En su ensayo titulado “Como abrir los ojos”, Didi Huberman indica que, no existe “una sola imagen que no implique, simultáneamente, miradas, gestos, pensamientos. Dependiendo de la situación, las miradas pueden ser ciegas o penetrantes, los gestos brutales o delicados, los pensamientos, inadecuados o sublimes” (1953). En este debate, entre una imagen que constituya una verdad donde los detalles iluminan el imaginario de lo real, y una impresión técnica que solo evidencie el uso de la tecnicidad de la captura, es que se mueve hoy el debate sobre la politicidad de las imágenes.
Así en la exposición conviven, la pregunta por el concepto de Memorias, analizando su utilización crítica en la obra del artista argentino Gabo Ferro, y la descripción analítica de la serie de televisión “Historia de un Clan” dirigida por Luis Ortega estrenada en el año 2015 sobre el caso Puccio acontecido entre 1882 y 1885, primeros años de regreso de la democracia argentina.
Podemos decir, que ambos autores, en sus distintos lenguajes expresivos, trabajan desde una composición narrativa que supera la crónica de los acontecimientos y la forma de la rítmica; y se posicionan desde un ordenamiento estético propio, para encontrar una revelación que desafía el orden ideológico.
Entendemos que no se puede pensar las Memorias sin observar los olvidos en ambas formas políticas, que tienen en las producciones artísticas (canciones, poesías, series, films, libros de historia) vehículos que construyen sentidos y que permiten pensar la relación entre arte y política.
La televisión, el campo audiovisual, es el medio que le permite a Ortega expresar la existencia de los hechos reales en la complejidad de un tiempo histórico, una materialidad cultural y una realidad subjetiva que expresa las contradicciones de una crisis.
Por su parte, la narrativa musical de Gabo Ferro, nos invita a pensar el recuerdo y el olvido como parte de su construcción comunicacional.
En el contexto de sus preocupaciones temáticas, el amor es parte de la política contemporánea, el sujeto que recuerda y olvida no lo hace en soledad sino en relación con el mundo que lo rodea y lo configura.
Gabo se aleja de una tradición contemporánea de la canción popular argentina que relaciona la memoria con el ejercicio de reconstrucción de momentos históricos del país (sobre todo de la última dictadura militar) que tiene a “La memoria” de León Gieco como gran representante de ese tipo de discursos.
Sus memorias son contemporáneas e históricas hay un “yo” en la enunciación que representa las preocupaciones e interés colectivas.
Al mismo tiempo hay algo en la estética, en la voz de Gabo Ferro que se une y relaciona con otras voces de la tradición histórica de la música popular Argentina y del Río de La Plata. En esos artistas que cantaron las problemáticas sociales de su tiempo podemos nombrar a Atahualpa Yupanqui y Alfredo Zitarrosa.
Por su parte, la elección de la banda sonora en Historia de un Clan, que en la mayoría de sus apariciones funciona como encadenador de escenas, introductoria o concluyente, no sólo contextualiza integrando producciones musicales de la cultura popular de la época, sino que propone en ocasiones un contraste de clase. Serú Girán, Manal, Intoxicados, Goyeneche, Luo Reed, David Bowie, son figuaras que han representado a los sectores populares y cuestionado las condiciones de la realidad.
Así, este trabajo se pregunta por los modos de construir las relaciones entre estética y política en las industrias culturales de la música y la televisión, como parte de la configuración de imaginarios de la cultura argentina contemporánea.