En el contexto actual del híper acumulación del capital, el espacio urbano es el escenario de las disputas entre el sistema social y el sistema técnico que, como formaciones de poder, inciden en la producción de sentido que soporta su existencia. Partiendo del reconocimiento de los procesos de subjetivación, el trabajo pretende analizar la forma en la que el sistema técnico perturba las acciones comunicativas entre los sujetos, a partir de una hermenéutica dialéctica entre diferentes posturas teóricas que busca la confrontación y síntesis con el propósito de reconstruir los procedimientos semióticos que puedan dar cuenta de las disputas planteadas dentro del objeto de estudio.
La deriva teórica explica así los movimientos y los desplazamientos internos que el Deseo o el Goce puedan generar dentro de los sistemas cuando lo que está en juego es la diferencia de sentido respecto del entorno donde se dirime la existencia. Estos fenómenos que afectan al espacio urbano son característicos de la actual condición neoliberal ya que los sistemas sociales que en el actúan, son perturbados por la incidencia del sistema técnico (como función organizativa propia de la racionalidad del capital) que busca todo el tiempo, emplazar sus intereses acumulativos.
Bajo la hipótesis acerca de la influencia crucial que poseen estos sistemas técnicos al pretender imponer sus lógicas de ordenamiento, determinan y producen tipos de poder trastocando las estructuras ontológicas de los sistemas sociales que, de manera esencial, se manifiestan en los sujetos portadores de toda acción.
Los resultados físicos son el reflejo de los componentes puestos en juego en la producción de sentido; es decir, los tipos de acción y materia involucrados en la constitución del lugar. La caracterización de los movimientos internos y las dialécticas que se producen entre los sistemas involucrados en el espacio urbano (sistema social y sistema técnico), permiten comprender las posibilidades contenidas en nuevos modos que puedan disputar desde otro posicionamiento político la construcción de poder que, en definitiva, es la forma en que los elementos son re significados o, mejor dicho, dotados de sentido.
Por otra parte, estos procesos propios de la mundialización económica provocan dinámicas internas tanto de centralización como de dispersión generando la aparición de lo que Sassen (2007) denomina “zonas analíticas fronterizas” al modo de lugares conceptuales de silencio -o neutralidad, decimos nosotros- cuya potencia radica en la posibilidad de que la intersección que producen por un lado los lugares especializados y locales de la concentración logística -puntualidades del capital- y los lugares globales descentralizados de la mundialización económica por el otro; puedan vehiculizar “operaciones -analíticas, de poder, de significado” (pp. 38). Estos espacios funcionan como discontinuidades entre ambas situaciones y son característica y componente del sistema económico que mientras acentúa posiciones emplazando sus intereses, estira y separa las causas de las consecuencias. La acción que implica el hacer y el cambiar el mundo deben ser posibilitadas por la condición del lugar y para ello, el lugar debe regresar a ser la posibilidad de la presencia de la igualdad así entendida y no de la diferencia. De esta manera, lo común pasa a ser la posibilidad para que se pueda canalizar la igualdad como condición previa para cambiar la realidad y, además, reconocer en esa atribución la diferencia. Esto tiene estrecha relación con lo que desde el psicoanálisis nos aporta alemán (2012) al acuñar con mayúscula el término de “Común”, como espacio de constitución ontológica nueva donde lo colectivo asume la diferencia a partir de la igualdad entre los sujetos.
Esta es una cuestión ontológica y no óntica -nos aclara el autor-. Esa constitución se da en y a través de la estructura del lugar.
La escena urbana resultante se encuentra estructurada finalmente por esas diferencias ónticas que separan y desvinculan las causas de las consecuencias, la historia del presente, formando espacios conceptuales de potencialidad libidinal, como explica Guattari (2013) cuando habla de procedimientos semióticos al modo de regímenes de signos puestos constantemente en juego entre los procesos productivos (la máquina capitalística) y los conjuntos sociales (el sistema social).
Estos espacios conceptuales -preferimos nosotros- son los lugares donde el poder se escurre en aquello que Butler (2009) menciona como el acto de la “traducción” en tanto que puesta en evidencia de un poder y de “modos performativos de expresión” como al hecho de la reproducción de normas que lleva consigo toda acción de reivindicación y que el Capital intenta desmontar provocando todo el tiempo una disputa en el espacio por la diferenciación; por el hecho de que el espacio urbano sea, o bien un lugar igual para los sujetos, o bien un lugar para la igualdad de los sujetos; algo que evidentemente no es lo mismo.