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Resumen de ponencia
La izquierda ecuatoriana de los setentas y ochentas: entre el avance y el repliegue

*Sofia Lanchimba Velastegui



Parece imposible pensar la izquierda como conjunto de prácticas y discursos eludiendo los conceptos de derrota y crisis. Lo que a su vez significa ligarla a la derrota del “socialismo realmente existente” y la crisis del marxismo. Efectivamente, podemos constatar la derrota de un proyecto político y la crisis de un sistema de pensamiento. Ahora bien, cabría preguntarse ¿se puede reconstruir la tradición de la izquierda por vías distintas a las marxistas y que son expresiones de modernidades alternativas?

Los conceptos de crisis y derrota traen consigo toda una problemática histórica con expresiones en el pensamiento crítico. Según Keucheyan, “por su fragor, el mundo actual se parece al de la época en que apareció el marxismo clásico. En otros aspectos difiere, sin embargo, sensiblemente y sin duda, sobre todo por la ausencia de un «sujeto de la emancipación» claramente identificado” (2013: 12). Ese sujeto había sido el obrero: “desde la doctrina oficial de la izquierda que se reclamaba del marxismo, la clase obrera era incuestionablemente la fuerza motriz de la revolución” (Llona, 2016: 154).

Ese marxismo al que se hace referencia tiene un adjetivo y unas expresiones marcadas por el triunfo de la Revolución de Octubre (1917). “A partir de la década de 1920, se constituye un marxismo ortodoxo que hace las veces de doctrina oficial de la Unión Soviética y de los partidos hermanos” (Keucheyan, 2013: 23). Ese marxismo y sus partidos comunistas serán los predominantes en las siguientes décadas. El predominio del marxismo ortodoxo y del sujeto que traía aparejado, el obrero, fue predominante hasta mediados de los cincuenta. “A la postre los años cincuenta y sesenta pueden ser considerados los años en que, en cierta medida se paró la «imparable marcha de la clase obrera»” (Archilés, 2016: 67).

De la mano de la predominancia de la clase obrera se hallaba el pensamiento marxista. Lo característico de este sistema de pensamiento fue que ofrecía un análisis del mundo social y un proyecto político de otro mundo posible.

En 1956 hay una ruptura al interior de la tradición y aparece la “nueva izquierda”. Dicha ruptura al interior de la izquierda permitió su reconfiguración. “El impacto en la historia de los partidos comunistas de los acontecimientos de 1956 fue inmenso. El PC británico perdió entre una quinta parte de sus militantes y un tercio. Los efectos en los sectores intelectuales fueron enormes en toda Europa. Incluso en Italia el PC tardó mucho tiempo en recuperar el terreno perdido y no lo consiguió del todo. El clima de fervor apasionado y acrítico, de activismo sin reservas y de «sacrificio casi místico» ya no era reproducible” (Archilés, 2016: 59).

Una de las características más sobresalientes de esa “nueva izquierda” fue su crítica al estalinismo. No sólo los partidos comunistas perdieron gran parte de su militancia. La ruptura también alcanzó a la clase obrera y sus formas de organización.

Al mismo tiempo, la ruptura impregnó un nuevo aire y revitalizó la izquierda. Si 1956 marcaba el aparecimiento de esa «nueva izquierda», 1968 era el año de su mayor apogeo y 1989 el punto máximo de su derrota. En otras palabras, la “nueva izquierda” materializaba aquello que había sido denominado anteriormente como “frentes secundarios” y que se multiplicaron al ocaso del “frente principal” u obrero.

A pesar de la revitalización de los sesenta y setenta esa “nueva izquierda” entró en reflujo a mediados de los setenta. Después del primer impacto petrolero de 1973 y la primera alza significativa de la tasa de desempleo el mapa de la izquierda vuelve entrar en una reconfiguración aún más problemática.

El aparecimiento de la «nueva izquierda» y con ella la multiplicación de “frentes secundarios” u otras identidades políticas ampliaron el espectro político, no obstante, la segunda mitad de la década de los setenta ya era un período en retirada.

Uno de los derrotados de ese ciclo fue el marxismo, “(…) está claro que el marxismo ya no puede pretender conservar la centralidad que tuvo. Desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el comienzo de los años setenta, es decir, durante más de un siglo, el marxismo ha sido la más poderosa de las teorías críticas. Reinó sin competencia aun en regiones donde estaban bien implantadas otras teorías críticas rivales como el anarquismo. (Keucheyan, 2013: 40).

La aparición de la «nueva izquierda», los «frentes secundarios» o de otras identidades políticas se tradujeron en términos teóricos en la disputa por la centralidad del pensamiento crítico al marxismo.

El año de 1989 constituye un parteaguas no sólo en términos históricos (final de un proyecto político y del discurso enarbolado), tiene importantes repercusiones en la izquierda mundial. “La disolución de la URSS, en particular, para muchos de los enrolados en las filas de la izquierda revolucionaria representó una experiencia traumática […] abrió, para ellos, una suerte de quiebra de inteligibilidad en la que todas sus anteriores certidumbres colapsaron”. (Palti, 2005:19)

De alguna manera se puede hablar de un colapso de la izquierda y por consiguiente un triunfo de la derecha de la que aún no nos hemos librado. La derrota de la izquierda se traduce en una crisis de proyectos de izquierda, del pensamiento crítico, del marxismo y del “sujeto de la emancipación”. Aquí entiendo crisis en el sentido desarrollado por Elias José Palti, según este autor, “el término griego krisis es de origen médico e indicaba “una mutación grave que sobreviene en una enfermedad para mejoría o empeoramiento”, pero también “el momento decisivo en un asunto de importancia” […] En todos los casos, señala un momento de decisión crucial e irrevocable.” (Palti, 2005: 13). “La idea de crisis llevaría siempre implícita, pues, la de su resolución.” (Palti, 2005: 13). Asimismo, habrá que recordar que en política la derrota nunca es definitiva como tampoco la victoria.

Las reconfiguraciones al interior de la izquierda (como acción y pensamiento) en el siglo anterior tendrían dos marcas importantes: el estruendo de la «nueva izquierda» u otras identidades y la derrota tras la caída de la URSS.

Ecuador:
Los cambios políticos que ha experimentado Ecuador en las tres últimas décadas tienen un sello innegable: su movimiento indígena-campesino. Una rápida mirada a la Constitución del 2008 permite rastrear temas que están siendo mencionados por la izquierda política global: Buen Vivir (Sumak Kawsay), Estado Plurinacional, interculturalidad, autogobierno indígena, reconocimiento del territorio, formas diversas de democracia (comunitaria, participativa), derechos de la naturaleza, etc. Estos cambios adquieren importancia por el efecto de realidad que ha producido en el país y por el efecto teórico que desmarca a los indígenas de una perspectiva culturalista o identitaria y los sitúa como sujetos políticos centrales de la disputa por un proyecto de Estado.

Dado que las transformaciones progresistas/de izquierda de las tres últimas décadas han nacido o se han inspirado en el movimiento indígena-campesino bien cabe preguntarse: ¿qué pasaba con la izquierda en el Ecuador? Para ello propongo hacer una revisión del pasado, en específico la década de los setenta y ochenta. La primera está signada por un movimiento ascendente mientras la segunda está marcada por el repliegue. Aunque en América Latina esté difundida ampliamente la noción de los ochenta como década perdida, en el caso del Ecuador podría discutirse esa perspectiva. Durante esos años se fraguaron las condiciones para la posterior incursión del movimiento indígena en la escena nacional.
A nivel latinoamericano se producen otros acontecimientos que marcan puntos de avance y repliegue de la izquierda. Los principales hitos de ascenso de la izquierda son: la revolución socialista cubana de 1959, la victoria de la Unidad Popular y de Salvador Allende, quien llegó a la presidencia a través de elección popular, la revolución nicaragüense y la insurrección centroamericana. Este ciclo también tuvo expresiones en el campo de los movimientos sociales: izquierda socialista movimientos estudiantiles, feministas, anti-guerra, anti-racistas y antiimperialistas. Es decir, un ciclo de ascenso tanto a nivel popular y de movimientos sociales como una expresión institucional a través de partidos, elecciones o toma del poder directo.
El ascenso generalizado de la izquierda fue detenido rápidamente a través de las dictaduras militares. Junto a la respuesta política se implementó el proyecto económico neoliberal, Chile ejemplifica dicho proceso en mayor medida. La década del setenta abierta por mayo del 68 constituye un periodo que condensa procesos de avanzada y repliegue para las fuerzas de izquierda.
Durante los ochenta, se profundizan las políticas neoliberales, además de una fuerte aplicación de medidas represivas, persecuciones políticas, tortura y asesinato, sobre todo para quienes se vinculaban con organizaciones de izquierda. Adicionalmente, se emprende una campaña de desprestigio contra el sindicalismo -acentuada por la caída del muro de Berlín en 1989-. Junto al repliegue del sindicalismo también la izquierda tradicional perdía terreno.
Para 1990 el levantamiento del movimiento indígena-ecuatoriano sacude el escenario ecuatoriano y marca nuevas directrices a la lucha social. El cambio del discurso clasista al étnico, en tanto reivindicación de tipo identitario y cultural, significó un giro importante respecto al movimiento social que articulaba el resto de luchas sociales. Es decir, la dirección intelectual y moral, en términos de Gramsci, pasó a tenerla el movimiento indígena. Esta dirección llevaba consigo otra “concepción general de la vida” que le imprimirá a la izquierda ecuatoriana otros matices.




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* Lanchimba Velastegui
Instituto de Investigaciones Sociales. Coordinación de Humanidades. Universidad Nacional Autónoma de México - IIS/UNAM. Coyoacán, México D.F., México