Promovida como colofón de un importante replanteamiento económico y social, la reforma de la actual constitución cubana ha quedado en un limbo político ajeno a cualquier urgencia. La sociedad cubana, sin embargo, experimenta cambios sociales que determinarán en el corto plazo desafíos muy concretos en el área del reconocimiento, ejercicio y garantía de los derechos humanos. En esa ruta, la construcción de una jurisdicción constitucional, será una cota trascendental al empoderamiento de su ciudadanía, la democratización de la sociedad y la conservación de las estructuras de civilización logradas. ¿qué papel puede jugar la identidad ciudadana?¿ bastará una reforma de la Constitución actual, o será preciso una constituyente?¿ cuál cultura política es necesaria para ello?¿cuáles praxis ciudadanas deberán desarrollarse?¿qué se le opone? Son algunas de las preguntas iniciales de un debate aún por asumir, de una realidad en ciernes. Para algunos de nuestros políticos, analistas o académicos, es necesaria desde hace tiempo, como parte de sus deseos de modernización y perfeccionamiento de nuestra sociedad, o como imperativo de los cambios que se hacen necesarios introducir, una nueva Constitución o una reforma de la vigente. Si esto último es con seguridad imprescindible, con la salvaguarda de control al poder que implica el referéndum, lo segundo pudiera ser útil y sin dudas, mucho más factible para un nuevo equipo de gobierno. Lo que ocurre es que ambas opciones, para nada descabelladas y por el contrario, ubicadas angustiosamente en el horizonte político cubano, serían un fracaso de consecuencias enormes y claramente previsibles en materia política, si obedecen a una lógica circular de reconstitución del poder, y no entrañan en todas sus dimensiones, por un lado, nuevas formas de hacer política en Cuba, y por el otro, la eficacia jurídica de la Constitución. Es quizás ya imprescindible entender que es Cuba una sociedad plural y vital, a contrapelo de prohibiciones, trabas, censuras, arbitrariedades, obstáculos, interferencias e interdicciones más o menos intensas, y haciendo un uso extensivo de la inteligencia, el humor, la buena fe, y no poca paciencia, en ella el tejido asociativo de hombres y mujeres crece y se desarrolla constantemente. Las minorías, tendencias, orientaciones, y prácticas que en ella se integran e interrelacionan, a veces sin demasiada conciencia del proceso de legitimación inclusiva que desarrollan al interior de la sociedad cubana, deberán expandirse en los próximos años lo suficiente como para desbordar los escenarios mayormente sociales en los que hoy intentan articularse, para convertirse, a un mismo tiempo que agencias de transformación y de acción de los individuos, y en actores políticos cada vez más importantes. Es quizá por lo mismo, una sociedad ávida de conocer su Derecho, de hacerlo, desarrollarlo, e instrumentarlo –una de las claves de su eficacia- como cotidiano garante y medio de armonización y consecución de sus aspiraciones y metas más caras. El menosprecio, subalternidad y escaso desarrollo y garantía jurídica y judicial de los derechos civiles y políticos, ya sea consciente o no, o como pretexto de negligencia, o sacrificio inevitable de una vía rápida – pretendidamente apacible- para el desarrollo de los derechos socio económicos y culturales, es en sentido estricto una deformación de libertades y derechos que supone la falacia, o la ingenuidad más supina, porque son aquellos siempre, la condición primera para la defensa de estos últimos y la matriz misma de la identidad y la práctica ciudadana. Cuando además, no se debería olvidar que no hay auténtica ni verdadera realización colectiva si no nace de la realización personal, y es en esa realización, en la que resulta estar la raíz misma de la articulación política del socialismo. En este sentido la definición y aprobación por la Asamblea Nacional del Poder Popular de un plan legislativo que cubra algunas de las trascendentales e increíblemente insatisfechas y pospuestas reservas legislativas contenidas en el texto constitucional cubano actual, debería conducir a la creación de un Tribunal Constitucional ad hoc como resultado de la promulgación de sendas leyes de Control Constitucional y de Derechos Ciudadanos, y con ello el surgimiento de una jurisdicción constitucional y un conjunto institucional de garantía de los derechos de la ciudadanía, ambos hoy inexistentes, y definitivamente vitales no ya sólo para la defensa de la Ley suprema del Estado y la sociedad cubana, sino también para evitar la conculcación de los derechos de la ciudadanía y la solución de disímiles conflictos que se manifiestan en la complejidad de las relaciones sociales. No hay que subestimar en modo alguno tres escenarios a los que los cambios estructurales, y las alternativas políticas que de una u otra manera se ventilan en Cuba, puedan conducir en los próximos treinta años: la perpetuación de un modelo estatista insuficientemente democrático y rehén en materia socioeconómica de sus necesidades de legitimización social; una restauración capitalista neoliberal; y la refundación socialista. Significativamente, si una refundación socialista sería impensable y absolutamente irrealizable sin una ciudadanía autónoma y proactiva, capaz de ampliar y democratizar cada vez más, -desde abajo hacia arriba, de lo social a lo político, de las estructuras asociativas a las estructuras gubernamentales-, los espacios e interacciones de la sociedad cubana con sus ejercicios de participación, la continuidad, o el desarrollo de las dos primeras alternativas políticas más arriba mencionadas, e incluso, de una tercera que fuere fruto de una posible simbiosis entre ambas, tratarían a toda costa de prescindir, descarrilar, limitar y manipular los ejercicios de ciudadanía de la población, y sin tal límite, serían orquestadas e implementadas por sectores burocráticos superiores e intermedios con el apoyo de clases, grupos y segmentos sociales afines, surgidos o potenciados después de un tiempo histórico relativamente corto. El objetivo de la ponencia será pues repensar los caminos presentes y futuros de la Revolución cubana a partir de su con-tensión en la triada Democracia-Justicia-Derecho, como constitutiva del proyecto político.