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Resumen de ponencia
Entre la casa y la plaza: un análisis de la violencia sexual durante el conflicto armado guatemalteco, 1978-1985

*Ana Karen León



Pregunta central: ¿Cómo la violencia política de género perpetrada durante el conflicto armado fungió como una estrategia para la destrucción, desarticulación y transformación de las relaciones sociales?

Planteamiento:
La Guerra Civil de Guatemala fue un conflicto bélico que se desarrolló entre 1960 –el 13 de noviembre se realizó un fallido golpe de Estado para derrocar a Miguel Ydígoras Fuentes– y 1996 –con la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno y la Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala. Si bien el conflicto tiene particularidades propias del contexto guatemalteco como la estructura colonial, el racismo y la confrontación entre clases sociales, es importante mencionar que dicho conflicto también debe ser pensado como parte de un conflicto global.
Si a nivel mundial la década de 1950 representó pensar al sur global como actor social y político, configurando una nueva sensibilidad ligada a las luchas por la liberación, es en esta misma década que los referentes internacionales se territorializan: la división de las zonas de influencia de la URRS y los Estados Unidos. La recomposición del modelo de dominación se nos presenta distinto: ya no es defender el imperialismo, sino defenderse del comunismo. Los discursos militares se actualizan y las estrategias se perfeccionan. El nacionalismo define la política, así el Estado y los militares tienen el objetivo de defender los intereses nacionales. Recordemos que en América Latina, el nacionalismo estaba sustentado en la ideología anticomunista por lo que la seguridad regional se convirtió en el estandarte de las nuevas políticas de la Guerra Fría. Esto adquiere relevancia cuando pensamos concretamente el caso guatemalteco: ¿cómo se construyó al enemigo?, o para los fines de la investigación, ¿cómo se representó a las mujeres en el imaginario anticomunista-racista?
Durante una guerra, como la que se llevó a cabo en Guatemala, la violencia de género adquiere importancia en tanto es un mecanismo para la construcción de prácticas sociales genocidas que se llevaron a cabo sí contra las y los combatientes pero, sobre todo, contra la población civil. Según Feierstein (2008, p. 36), "na práctica social genocida es tanto aquella que tiende y/o colabora en el desarrollo del genocidio como aquella que lo realiza simbólicamente a través de modelos de representación o narración de dicha experiencia. Esta idea permite concebir al genocidio como un proceso el cual se inicia mucho antes del aniquilamiento y concluye mucho después, aun cuando no logre desarrollar todos los momentos de su propia periodización". Incorporar el concepto de prácticas sociales genocidas permite pensar la violencia de género desde la política –si bien existe una tradición de pensarla desde lo político-, por ello el énfasis en conceptualizarla como violencia política de género. Me detendré un momento en este punto ya que es sustancial para entender el planteamiento del problema.
Cuando menciono que la violencia de género ha sido pensada desde lo político o, también llamada la pequeña política, lo que quiero señalar es que hay una tradición por reivindicar la esfera privada como espacio en el que también se reproducen aspectos propios de la gran política. Gramsci (1972, p. 169) establece una diferencia entre la gran política y la pequeña política. La primera se refiere a las cuestiones vinculadas con las estructuras económico-sociales y su conservación, defensa o destrucción; la segunda comprende las cuestiones cotidianas que se plantean en el interior de una estructura entre unos grupos y otros. Así, uno de los planteamientos de la teoría feminista es hacer visible que en la esfera privada –en la cual históricamente las mujeres han sido delegadas- hay una dimensión política en tanto se reproducen y confrontan normas sociales. Empero, no es sólo que se aceptará este supuesto de que “lo personal es político”, sino que su importancia radica en pesar lo privado y lo público como un continuum entre relaciones y prácticas de poder. El problema, en síntesis, es que al pensar a los espacios sociales como dicotómicos se suelen fracturar a priori las lógicas que subyacen en ambos, incluso pareciera que la dicotomía privado/público ha sido leída erróneamente como no-político/político. Lo anterior puede quedar más claro al abordar un tema como el de la violencia. ¿Es que acaso la violencia ejercida en el espacio público difiere tajantemente de la violencia ejercida en el espacio privado? Reconocemos que no hay que perder de vista las especificidades pero, de igual manera, no debemos perder de vista las similitudes y continuidades. La violencia de género debe ser leída en ese sentido: el hecho de que se reproduzca en la esfera privada (la "casa") no significa que sea un asunto “íntimo”; así mismo, el hecho de que se reproduzca en el espacio público (la "plaza") no significa que no tenga consecuencias en la cotidianidad que se plantean en el interior de una estructura entre unos grupos y otros.
Lo anterior adquiere sentido cuando nos adentramos al estudio de la violencia y los conflictos armados. En término generales el tema de la violencia de género ha sido muy poco abordado en comparación con el análisis de otro tipo de violencias que se reproducen en situaciones de guerra. Verbigracia, el tópico de la violencia política ha sido central en diversos análisis históricos y sociológicos en relación a las guerras civiles en Centroamérica y las dictaduras en el Cono Sur. Por lo que en esta investigación discutiré dicho concepto en relación al de violencia de género. Asimismo, se propone mostrar que la violencia de género, particularmente la violencia sexual, fungió como una estrategia de destrucción, desarticulación y transformación de las relaciones sociales. Es decir, tuvo una significación política con el fin de modificar el comportamiento entre sujetas y grupos bien definidos: mujeres, indígenas, militantes y potenciales-militantes. Por ello se busca cuestionar la tradicional interpretación de que las mujeres constituyen el botín de guerra, idea que se sustenta en el significado de la violación como un “mal menor inevitable” dentro de las guerras hasta el punto de equiparar el saqueo de bienes con la grave tortura sexual que sufren las mujeres. Esta visión de botín de guerra no permite ver que la violencia sexual constituye un arma de dominación. Como intentaremos demostrar en la investigación la construcción de “la subversiva” durante la guerra puede ayudarnos a entender que en el contexto guatemalteco no sólo se debe hablar de violencia política, sino que también se puede hablar de violencia política de género.
Como se ha visto, el supuesto del que se parte es que la violencia de género no tiene como condición de posibilidad al conflicto armado ya que este tipo de violencia se comete antes, durante y después de un conflicto bélico. Pese a ello hay cuestiones que nos deben pasar desapercibidas. Como se planteó anteriormente el genocidio es una práctica destinada a disciplinar y moldear a la sociedad en un sentido predeterminado a partir de ciertas prácticas de violencia, entonces, ¿qué garantizaría la violencia de género como práctica social genocida que no aseguraría por sí mismas o en conjunto el resto de violencias no-genéricas? Asimismo si se defiende que la violencia política de género perpetrada durante el conflicto armado fungió como una estrategia para la transformación las relaciones sociales, valdría la pena preguntarse qué sucede en la los casos que no son leídos como genocidios.




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* León
Universidad Nacional Autónoma de México UNAM. México, México