En el mundo entero y particularmente en el Cono Sur se está llevando a cabo una revolución cultural, social y política que implica un cambio de paradigma con respecto a los significados de ser mujer en el siglo XXI. Esta transformación viene aparejada con el nuevo ciclo de movimientos sociales feministas partir de la #NiUnaMenos y más tardíamente por el #MeToo.
Latinoamérica es una de las regiones que ejerce mayor violencia contra las mujeres. La ONU Mujeres, señala que 14 de los 25 países del mundo con las tasas más elevadas de femicidios están en América Latina y el Caribe y estima que 1 de cada 3 mujeres mayores de 15 años ha sufrido violencia sexual (Telesur, 2017). En el caso particular del Cono Sur y más específicamente en Argentina, se producía un femicidio cada 18 horas durante el año 2017 (Big bang news, 2017), cifra que está muy por debajo de las cifras centroamericanas donde por ejemplo en Honduras –el país con mayor número de femicidios– se producen alrededor de 13,3 femicidios por cada 100 mil mujeres.
Así es como, durante el año 2015 se llevaron a cabo importantes manifestaciones en el Cono Sur para protestar contra la violencia hacia las mujeres, cristalizado en femicidios reiterados. La ola de protestas comenzó por primera vez el 3 de junio del 2015 en ochenta ciudades de Argentina, y estas movilizaciones se repitieron el 3 de junio y el 19 de octubre del 2016. Las movilizaciones del 2016 fueron bastante masivas luego de conocerse el asesinato a Lucía Pérez (El Clarín, 2017) quien además con solo 16 años fue brutalmente violada y drogada en Mar del Plata. Del otro lado de la cordillera, fue encontrado el cuerpo de Florencia de 10 años, luego de ser ahogado, quemado y enterrado en el patio de su casa en Coyhaique, por su propio padre. A partir de estos momentos claves para el movimiento feminista, otros países del continente se sumaron a estas movilizaciones y a esta problemática del #NiUnaMenos, como es caso de Chile, Perú y Uruguay. Con este enunciado se han compartido eventos, textos, imágenes y fotografías en las plataformas online, viralizando aún más esta problemática que aqueja a las mujeres.
En las recientes movilizaciones del 8 de marzo, cientos de mujeres de todas las edades marcharon por las principales avenidas de las ciudades latinoamericanas. Muchas de ellas caminaron con los pechos descubiertos y pintados, otras alzaron lienzos y pancartas con sus demandas exigiendo aborto libre o justicia para las mujeres desaparecidas, otras cantaron canciones como “alerta feminista” o bailaron al ritmo de las batucadas. En Chile, convocadas por la coordinadora del 8 de marzo, se buscó articular distintos sectores de mujeres: trabajadoras, estudiantes, migrantes, trabajadoras sexuales, pobladoras, mapuches, entre otras. El objetivo era no solamente la lucha feminista sino también la oposición al nuevo gobierno de derecha “cuyas políticas neoconservadoras invisibilizan e impiden que se cuestione la explotación y la precariedad que viven muchas mujeres” (El Mostrador, 2018) según palabras de una de las voceras de esta coordinadora. En el caso de Argentina, las demandas pasaron por los derechos reproductivos, pero también para enfrentar las brechas salariales y las políticas del macrismo. Mientras que, en Uruguay el día estuvo marcado por un femicidio, lo cual movilizó un número de mujeres importantes que desfilaron por las principales arterias de Montevideo. Las uruguayas exigieron una ley específica para combatir la violencia hacia las mujeres y también mejores condiciones laborales.
En el caso particular de Chile que acaba de ganar un Oscar –en la mención de película extranjera– con “Una mujer fantástica” de Sebastián Lelio, se ha generado un debate sobre cómo habitamos los distintos cuerpos, qué cuerpos tienen permitido amar, apropiarse de los distintos espacios, y cuáles son las identidades que el Estado finalmente permite. En el Chile actual, hoy se debate sobre la Ley de identidad de género a pocos días de la investidura de Sebastián Piñera –candidato electo de derecha– como presidente. País donde los transexuales estaban marginados y sus derechos no eran tema de discusión.
A partir del 8M de este 2018 queda de manifiesto que las demandas y el movimiento feminista está más activo en lo que va del S. XXI, no solo en algunos países puntuales sino en todo Latinoamérica y a lo largo del globo. El movimiento no es uniforme y en él participan actores de distintas organizaciones y partidos, como también es posible encontrar activistas que no forman parte de ninguna organización pero que están sensibilizados con el movimiento. Es un movimiento que está en constante mutación y que además adquiere cada vez nuevas formas elementos performativos y también nuevas gramáticas. Es un movimiento que además entra en diálogo con otros movimientos vigentes como es el de los migrantes, el anti extractivismo, el movimiento negro y los derechos laborales.
Esta revolución silenciosa y profunda del feminismo que emerge en las sociedades latinoamericanas y particularmente en Cono Sur, refiere a un despertar de muchas mujeres, principalmente jóvenes, que buscan en una primera medida, exigir una vida en paz y que no se les mate a diario. En una segunda dimensión, reapropiarse sus derechos sexuales, laborales y de sujetos. Por último, en una tercera dimensión, deconstruirse y construirse como sujetos, cuestionando así sus prácticas sexuales, sus relaciones de pareja y con el entorno. Además, es posible observar que esta tercera dimensión afecta principalmente a las subjetividades de los y las activistas latinoamericanos más jóvenes. Ya no solo estamos hablando de más sujetos que salen a protestar a las calles, sino también de otros tipos de activismos que están discutiendo sobre prácticas privadas y políticas que aquejan a las mujeres cotidianamente.
En este artículo se busca responder a esta tercera dimensión. En primera medida explicar quiénes son estos otros tipos de activismos o alter-activismos; en segundo lugar, analizar las nuevas gramáticas que se instalan en el movimiento feminista del nuevo ciclo de movimientos post 2011; y por último analizar la deconstrucción como sujeto de estos jóvenes y líderes alter-activistas feministas, y como el cuerpo como territorio de lucha cobra centralidad. Para realizar esta investigación, se realizaron entrevistas a alter-activistas y análisis de contenido a blogs, cómics, fan pages de facebook y cuentas de twitter pertenecientes a líderes activistas del Cono sur.