En 1983 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) responden al llamado del gobierno nacional, liderado por el entonces presidente Belisario Betancur (1982-1986), a entablar un diálogo que tuviera como objetivo la solución política al conflicto armado colombiano, que para la fecha alcanzaba los 20 años de prolongación. Como producto de las interlocuciones desarrolladas el 28 de marzo de 1984 “se suscribe en La Uribe Meta, el acuerdo de la Uribe, un hito en nuestra cultura política, puesto que encarna la tentativa de ‘sustituir la guerra por la política’, a través de la creación del movimiento político Unión Patriótica (UP)” (Navarrete, 2005, p. 22,23).
La Unión Patriótica (UP) nace con la pretensión de ser la plataforma política legal por medio de la cual las FARC-EP harían su transición de la vida guerrillera a la vida civil. Además de esto, tuvo como objetivo la promoción de un proyecto político unitario en el que convergieran distintas fuerzas democráticas y de izquierda en búsqueda de la apertura democrática, “Las FARC encabezarán en unión con otros partidos y movimientos democráticos de izquierda, la lucha de las masas populares por el retorno a la normalidad del país” (Arenas, 1985, p. 4).
Tras su primera participación electoral en 1986, con escasos tres meses de campaña, la UP logra posicionarse como una nueva fuerza política con presencia en los cargos de elección popular del orden nacional, regional y local. Esto fue motivo suficiente para que se gestaran una serie de alianzas articuladas entre grupos paramilitares, Fuerza Pública y algunos sectores políticos de partidos tradicionales y sectores económicos, especialmente el narcotráfico, que se organizaron con el objetivo claro de derrumbar el proyecto. La arremetida comenzó contra sus militantes y simpatizantes con amenazas que rápidamente evolucionaron en desapariciones forzadas y asesinatos sistemáticos dejando un saldo aproximado de 6.000 víctimas, de acuerdo con la labor investigativa de la Corporación Reiniciar . A esto se suma la cancelación de su personería jurídica en 2002, lo que terminó por demostrar la respuesta insuficiente por parte del Estado para garantizar la participación política del partido y la seguridad de sus militantes.
Desde mediados de la década de 1990, sobrevivientes y familiares de militantes asesinados se han organizado y unido a diversas organizaciones como la Corporación Reiniciar, y su Coordinación Nacional de Víctimas de la UP, H.I.J.O.S y Fundación Manuel Cepeda Vargas pertenecientes al Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), entre otras, con la intención de exigir al Estado colombiano la reparación integral ante el fatídico acontecimiento del exterminio sistemático del partido político. Así mismo, estas se han dado a la tarea de generar procesos de reconstrucción de la memoria de la UP – encuentros, conmemoraciones, publicaciones literarias, documentales, obras de teatro, murales, etc. –como herramienta contra el olvido.
En 2012, fue instalada la Mesa de Conversaciones de La Habana entre la guerrilla de las FARC-EP y el gobierno nacional encabezado por Juan Manuel Santos, acontecimiento que abre nuevamente el debate sobre la paz a nivel nacional. Este último proceso se diferencia de los anteriores intentos al procurar posicionar a las víctimas – de la guerrilla, del paramilitarismo y del Estado – como parte fundamental de las discusiones.
Como resultado de este contexto y de los esfuerzos de las diferentes organizaciones que recogen a la Unión Patriótica, se abren en Colombia los debates de la memoria. Las organizaciones de todo tipo se disponen a probar y plantear procesos de memoria que influyan y aporten a la gran reconstrucción de memoria nacional.
A partir de este contexto histórico, la presente investigación tiene como objetivo principal analizar el papel que cumple el ejercicio de la memoria del genocidio en la reconfiguración de la práctica política actual de la Unión Patriótica en Bogotá. Para esto, en primera medida, se indagó a sobrevivientes y jóvenes militantes acerca de sus percepciones sobre los agentes, prácticas y contenidos de la memoria de UP. En segunda medida, se puntualizó la diferenciación generacional existente en el actual partido Unión Patriótica y se caracterizaron sus dinámicas alrededor del ejercicio de la memoria. Y, por último, se analizó la relación existente entre los ejercicios de memoria y las prácticas políticas de la Unión Patriótica.