Actualmente, la Argentina no cuenta con un sistema de estadísticas sectoriales de comercio exterior lo suficientemente completo y desarrollado. En efecto, por un lado, el Sistema de consulta de comercio exterior del INDEC tiene una gran desagregación, pero solo se cuenta con las series en valores y cantidades, éstas últimas medidas a través de su peso, por lo que no puede asemejarse a las unidades comerciadas, especialmente en los bienes diferenciados. El INDEC también cuenta con estadísticas de precios y volúmenes, pero solo para el total de exportaciones e importaciones, y desagregadas únicamente en grandes rubros y usos económicos, respectivamente. Así, no es posible contar con estadísticas básicas de comercio exterior sectorial, como los precios y las cantidades comerciadas.
En pos de ofrecer una alternativa para esta limitación, este trabajo desarrolla una metodología de cálculo de los índices de precio de las importaciones y exportaciones argentinas a nivel general y a dos dígitos de la CIIU, es decir, con una desagregación mucho mayor a la que publica el INDEC. Contar con esta mayor desagregación es muy importante porque permite utilizar los índices como deflactores de los valores y obtener así las cantidades importadas y exportadas por sector. Asimismo, la desagregación que se plantea este trabajo, a diferencia de la que ofrece el INDEC, tiene una misma clasificación para las exportaciones y para las importaciones, por lo que se podrían realizar comparaciones entre los flujos comerciales. Adicionalmente, se basa en una clasificación internacional, por lo que permite la comparación con otros países. Finalmente, esta misma clasificación sectorial se utiliza en otros indicadores económicos de la Argentina, como los datos de nivel de actividad y empleo, por lo que permitiría estudios cruzados para diversos aspectos de la economía.
Sin lugar a dudas la actividad más ardua a la hora de estimar índices de precios sectoriales de comercio exterior es la identificación y el posterior tratamiento de los outliers. Los antecedentes en esta materia son variados pero, al trabajar con una muestra de corte temporal y considerando el amplio periodo abarcado, se optó por seguir el criterio basado en la variación promedio de los precios con un intervalo de tolerancia determinado por los desvíos estándar de cada producto.
Una vez se cuenta con una serie “limpia”, el cálculo de los índices es relativamente sencilla, aunque existen varias opciones. El índice utilizado por el INDEC es uno de tipo Paasche y el de Brasil un Fisher, ambos aritméticos. La gran diferencia en las formas de cálculo de estos índices es la ponderación que se les da a los productos. Mientras en el Laspeyres las ponderaciones son fijas del período base, en el Fisher se promedia el índice Laspeyres y el índice Paasche cuyas ponderaciones corresponden al período corriente. Estas diferencias llevan a que el índice de Laspeyres tienda a sobreestimar la evolución de precios por no captar el efecto sustitución, mientras que el Fisher sufre este efecto pero de manera más limitada. La teoría sobre índices de precio destaca que los que mejor reflejan la evolución de precios serían el Fisher (para la formulación aritmética) y el Törnqvist (para las formas geométrica), ya que son un promedio geométrico de los otros dos índices (Laspeyres y Paasche) y, por lo tanto, captan parte de la sustitución. Ahora bien, se ha encontrado que los índices que mejor reflejan el efecto sustitución y, con ello, los cambios en el comportamiento de compra de los consumidores, son los índices de base encadenada. Estos permiten incorporar la aparición y desaparición de productos dado que cambian su base periodo a periodo. Sin embargo, dado que las variaciones en los precios se acumulan, estas son muy sensibles a la presencia de outliers o a altas tasas de variación. Asimismo, los cambios en la base de referencia hacen que la variación de precios no solo refleje modificaciones en los mismos sino también cambios en las canastas de consumo.
Una vez se contó con los índices estimados, se los comparó con los datos disponibles del INDEC (básicamente la serie en términos agregados) y con las series sectoriales de Brasil de forma de tener evidencia acerca de la bondad de la metodología y, por lo tanto, también de los índices. Los resultados fueron satisfactorios pues, además de que en todos los sectores se logró una buena representatividad de la muestra, los coeficientes de correlación de los índices agregados han sido elevados, incluso con respecto a las cifras oficiales e internacionales (todos por encima del 78%). La gran mayoría de los índices, en el nivel general, mostraron un coeficiente de variación bastante similar a su benchmark local e internacional. Por lo que, en términos generales, la metodología adoptada es muy similar a la llevada a cabo por el INDEC y demostró solidez cuando se la compara con el nivel general del índice de precios de referencia internacional. Por el lado de los índices sectoriales, se tomaron algunos de ellos (representando el 50% de las importaciones y exportaciones) para testear la bondad de la metodología en niveles de mayor desagregación. En términos generales, la evolución de los índices propios ha estado muy correlacionada con el benchmark internacional en los sectores más importantes de ambos flujos comerciales.
En definitiva, este artículo hace un aporte en relación a mejorar el sistema de estadísticas de la Argentina, en un ámbito tan sensible como es el comercio exterior y los diversos sectores productivos. A partir de estos datos se amplía sustancialmente las posibilidades de estudios de comercio exterior, empleo, crecimiento y macroeconomía general. Sin embargo, el aporte de este artículo no se basa únicamente en proveer la serie de datos sino, en especial, en mostrar la metodología utilizada. Esta no solo podría replicarse para obtener series de precios y cantidades sectoriales de comercio exterior desagregadas hasta cuatro dígitos de la CIIU para la Argentina, sino que también podría ser replicable para otros países que no cuenten con encuestas que releven este tipo de información.
Mejorando los sistemas de estadísticas se amplían las posibilidades de estudios e investigaciones, e incluso de evaluación del impacto de las políticas públicas, lo que podría redundar en un mayor desarrollo de las economías.