Mientras los estudios en materia de economía popular en América Latina crecen de modo considerable, existen una serie de elementos particulares que emergen de las indagaciones que vienen siendo realizadas en el caso específico de Bolivia (Tassi, Hinojosa, Medeiros, Arbona). Este trabajo está dirigido a presentar algunas dimensiones de análisis características que surgen de un recorte específico de objeto de estudio dentro de este campo problemático: las historias de vida de migrantes bolivianos/as en Buenos Aires y de comerciantes en la región altiplánica de La Paz/El Alto desde el punto de vista de sus estrategias económicas.
De las primeras indagaciones realizadas, al calor de las diversas historias de migrantes y comerciantes con quienes compartimos en el mercado, la fiesta, el ritual; surgieron algunas pistas que orientan este estudio y considero pueden aportar dimensiones teórico-metodológicas relevantes para otras investigaciones y debates políticos actualmente muy presentes en este campo.
El trabajo con la economía popular y sus circuitos en Bolivia pero también en América en general implica una mirada hacia la historia y sus fragmentos. Hacia descubrir prácticas que vienen dándose desde la pre-colonia y se actualizan y re-actualizan permanentemente en nuestros territorios con actores sociales, económicos y políticos protagónicos.
La forma de pensar las economías populares como "emergentes" en la crisis neo-liberal abarca muchos procesos de nuestro continente pero no alcanza para mostrar las trayectorias, memorias y prácticas (potencialidades propias, inéditas, impensadas) de una serie importante de circuitos, estrategias, modos de hacer economía desde el pasado más remoto que se sigue reactualizando en el presente. En nuestros estudios, es fundamental el tratamiento de la historia, las memorias largas y cortas y sus fragmentos que permanentemente se reactualizan. Los trabajos en torno a trajines comerciales de larga data, patrones económicos de larga duración en los Andes y generación de mercados andinos de articulación de diversos espacios geográficos han sido desarrollados con detalle en los años ’80 desde los estudios (polémicamente llamados) etnohistóricos, antropológicos (Harris, Tandeter, Glave, Platt, Murra, Assadourian) y de historia de cultura política subalterna en los ’90 hasta la actualidad (Serulnikov, Thompson) y constituyen un insumo fundamental para nuestros propósitos.
Por su parte, las historias de vida nos permiten pensar el detalle de estrategias económicas –productivas y reproductivas de la vida- que contienen y son atravesadas por “saberes hacer” y prácticas no puramente contemporáneas aunque tampoco plenamente “ancestrales”. Decimos que es por estas historias que nos aproximamos a un objeto que tiene algo que decir a los actuales desarrollos del campo de la economía popular: es en estas historias, en esos relatos, donde podemos rastrear y generar conexiones entre las estrategias económicas populares y la fiesta, el ritual, la religiosidad popular, los modos de autogestión del trabajo y las negociaciones con-sin el Estado y grandes Capitales hegemónicos. Estas historias resultan ser como imágenes dialécticas que relampaguean en el escenario de estudio (Benjamin; Rivera Cusicanqui). Fiestas, rituales, religiosidad popular, se manifiestan a través de imágenes vivenciales que traen al presente modos de conjurar mundos entre lo ancestral y lo actual, lo indígena y lo occidental. La ritualidad vista como una dimensión más, igualmente material y concreta, nos permite comprender espacios de economía más allá y más acá de lo monetario, financiero, productivo y comercial. Estos espacios ch’ixis (Rivera Cusicanqui) tienen una condición de posibilidad y peligro, de traer al presente dimensiones muy potentes de formas propias transformadoras de la realidad actual y también caer en nuevas formas de colonialidad.
Las combinaciones posibles se expanden, tienen potencia propia, que convierte los posibles en una trama donde se gesta un caldo de cultivo propicio para una serie de antagonismos, atracciones, mezclas, manchas, seducciones, fagocitaciones (Kusch). En estos espacios fronterizos aflora la performatividad ch’ixi de la fiesta (Rivera Cusicanqui). Son las instituciones mezcladas y manchadas que se erigieron en América espacios no cerrados, en disputa, ch’ixis: las iglesias-w’akas a las que podríamos agregar fiestas, mercados, espacios económicos, como también los partidos políticos, sindicatos, gremios, el mismo Estado; están afirmando dualidades contensiosas que tienen una potencialidad política rebelde y transformadora (“…pueden derivar en momentos explosivos de rebelión…”) y siempre están en el peligro de ser integradas, subordinadas, reconducidas a poderes más fuertes (“…corren el riesgo de sucumbir a la violencia autoinflingida de la recolonización…”) (Rivera Cusicanqui).
En este punto en necesario destacar el poder de las imágenes para revelar nuevos sentidos a las indagaciones sociales en nuestros territorios. Éstas, más que las palabras, nos ayudan a desentrañar tramas de significantes-significados mezclados y manchados que nunca dejan de recombinarse. Por el contrario, las palabras fijan y encorsetan. Cierto conjunto de imágenes que permiten conectar procesos entre Bolivia y otros territorios americanos tienen que ver con formas de la festividad, con cultos y manifestaciones de la religiosidad popular que están presentes en espacios aparentemente inconexos. Así como nos permiten combinar y montar las historias de vida (imágenes dialécticas) en las líneas de memorias largas coloniales, pre-coloniales y hasta ancestrales.
Las/los comerciantes aymaras de la zona de Uyustus, Eloy y 16 de julio comercian, importan, negocian transnacionalmente con China, Argentina, Brasil, entre otros espacios y territorios. Estas prácticas económicas implican redes de parentesco, migraciones temporales y relaciones laborales particulares. Muchas de estas estrategias desplegadas pueden ser vistas a la luz de principios de organización política de las comunidades aymaras que vienen de una memoria pre-colonial, colonial, estatal y post-Reforma Agraria. Algunos de estos son: el doble-múltiple domicilio, el control vertical de un máximo de pisos ecológicos (Murra) y las redes de intercambio inter-fronterizo comunitario-familiar. El tipo particular de migración que estos grupos realizan en la actualidad de modo privilegiado tiene que ver con patrones similares a los que regían en el pasado. Tal observación nos permite ver más allá de la lectura tradicional de las migraciones como exilio o estrategia de subsistencia. Sin embargo, ética y políticamente no debemos englobar todas las prácticas migratorias desplegadas bajo un mismo tipo ideal. Por el contrario debemos asistir a la interpretación de estos “desplazamientos” (Rivera Cusicanqui) considerando los nuevos hilos que traman este antiguo tejido de itinerancias que atraviesa fronteras estatales, convencionales y arbitrarias.
Visto de este modo, las economías populares desarrolladas por grupos migrantes bolivianos toman mayor protagonismo en el pensamiento económico latinoamericano y nos permiten reflexionar sobre sus aportes a la constitución de mercados internos (Glave), prácticas económicas de producción e intercambio mucho más antiguas y articuladas fuertemente por debajo de la historia oficial de nuestros países estadocéntricos que se consideran liberales, blancos, capitalistas y modernos mirando sólo desde y hacia la historia de Europa.
Por último, el trabajo con historias de vida nos permite una reflexión desde las primeras personas y sus entornos familiares, comunitarios y sociales; pero rescatando el discurso individual. Hacer énfasis en lo personal no implica recortar individuos de grupos, familias o comunidades sino dar espacio a las voces únicas que tienden a aparecer como ejemplos instanciados dentro de estructuras teóricamente elaboradas y etnográficamente recogidas. Es decir, las voces de las y los protagonistas de determinadas estrategias migratorias, económicas, comerciales, laborales, no son meros datos de un trabajo de campo que busca interpretar estructuras “étnicas o culturales”. Esta decisión metodológica apunta a interpelar el problema de los purismos, esencialismos y culturalismos a la hora de pensar las prácticas populares de desarrollo económico, social y político. El riesgo siempre está vigente: es difícil salir de la mirada blanca, académica y occidental que teoriza sobre “lo otro” como si no fuera “lo mismo”. Sin embargo, en nuestras mitades no tan blancas, no tan académicas, no tan occidentales, perviven deseos de escuchar sin valorar, de registrar sin sobre-interpretar, de dialogar sin entrevistar. Esta es, creo, más que una decisión metodológica, una perspectiva política para el estudio de las economías populares.