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Resumen de ponencia
Arteterapia como estrategia de fortalecimiento intercultural.

*Lucia Cardona Pareja.



Propuesta para el Artículo a la luz de Carvalho y Flórez, 2014.
Reconociendo la brecha social, sistemática y útil en la realidad colombiana, surge la necesidad de generar acciones que desde la Universidad generen entornos inclusivos que trasciendan lo social, político, económico, lo cultural y por supuesto lo académico. El Proceso de Acompañamiento Psicosocial al Colectivo La Comadre, AFRODES , guiado a través del encuentro de saberes y la arteterapia integrativa busca cumplir este objetivo.

El Proceso consistió en ocho sesiones de máximo dos horas cada una, en las que se buscó favorecer el fortalecimiento integral de las mujeres participantes, con el fin específico de propiciar mayor seguridad en su expresión oral. Se desarrolló a través de actividades arteterapéuticas guiadas con diferentes medios artísticos como la plástica, la danza movimiento y, sobre todo la música, teniendo en cuenta los intereses culturales de las participantes. El reconocimiento intercultural se propició a través de la recuperación de canciones, historias, prácticas medicinales y culinarias, y la vivencia de una sesión de sanación ancestral.

La metodología permitió construir de forma participativa un entorno intercultural seguro para la expresión y elaboración emocional. Para esto fue necesario: propiciar el fortalecimiento de la expresión oral de las mujeres participantes, favorecer su elaboración emocional, integrar procesos interculturales que resaltaran aspectos de sus identidades y acompañar el fortalecimiento de sus redes y recursos.

El diseño fue una sesión arteterapéutica enfocada en el fortalecimiento integral, la autoexploración de recursos propios y la identificación de capacidades de autoregulación. Una propuesta incluyente que valora los saberes interculturales de la misma manera que los integra a sus maneras de producir conocimiento, generando saber cercano al sujeto, que se reconoce como productor de conocimiento intercultural y que hace del diálogo una herramienta para cuestionar las certezas aprendidas.

No se trata de una trasmisión de conocimientos sino de un entorno horizontal donde es seguro producir saber desde la emoción y la recuperación de prácticas interculturales originarias. En este caso las prácticas recuperadas fueron las de la cultura afrocolombiana. Como lo afirman Carvalho y Flórez (2014) este saber intercultural es también multidisciplinario y transcultural en la medida que plantea la construcción de hábitos y costumbres propias creadas en un nuevo lugar. En el contexto de la afrocolombianidad, las prácticas espirituales de origen orisha, entran en diálogo con las formas de alimentación y de supervivencia en un contexto colombiano indígena, que se vio transformado primero por la colonización europea y en las últimas décadas por el constante conflicto armado.
“Controvertir la naturaleza homogénea del saber regional” (Carvalho y Flórez, 2014), implica una apuesta por humanizar la academia, propiciando que de ella participen las voces y los cuerpos de quienes crean la realidad, quienes normalmente son citados como sujetos de estudio. En concordancia se busca “abrir las ciencias sociales a los saberes sistemáticamente excluidos” (Carvalho y Flórez, 2014) No sólo por ser necesaria su inclusión para construir conocimiento de una manera más equitativa, sino también porque este saber enriquece la academia, pone en duda algunas de sus certezas y la interpela en un diálogo colaborativo.
Se manejan entonces los conceptos de: acompañamiento psicosocial, Arteterapia, interculturalidad en diálogo con la transculturalidad y se recuperan los conceptos planteados por Carvalho y Flórez (2014): colonialidad del saber (Edgardo Lander), eurocentrismo en las ciencias sociales (Enrique Dussel, Aníbal Quijano), diversidad epistémica (Santiago Castro-Gómez) etnoeducación, entendida en perspectiva de la educación propia como forma de valorar las prácticas locales de educación y potenciarlas sin necesidad de enmarcarlas por esto, en un modelo académico occidental.
Recuperando el concepto de Piñeros (Cit. Carvalho y Flórez, 2014), lo que sucede en las sesiones no sólo es un intercambio sino una experiencia pedagógica, que en este caso puntual está orientada a sanar e integrar los aspectos de la vida difíciles de resolver, para propiciar mayores recursos con los que las mujeres sean capaz de sostener su bienestar integral.
Frente al concepto de bienestar es importante recalcar que desde el punto de vista académico es la base del abordaje arteterapéutico y desde el encuentro de saberes, es allí hacia donde se dirigen las diferentes prácticas culturales, sean éstas, espirituales, de salud, educación o alimentación. En Arteterapia se parte de lo que está bien, el núcleo sano que siempre existe, para fortalecerlo y que sea desde allí posible integrar lo que molesta, lo que hace daño a la persona y/o a quienes le rodean (Cury, 2013). En las prácticas culturales se integran los recursos del contexto para potenciar la vida comunitaria y dentro de esta la individual.
La cultura afro pone sus recursos en pro de lo comunitario; he aquí un aspecto a resaltar frente al proceso vivido; se hiso evidente cómo el olvido de sí mismas es una constante en las mujeres participantes, se entregan a servir a otros y otras y encuentran difícil destinar tiempo a cuidarse. Ser mujer, afrocolombiana, desplazada y amenazada reafirma el servicio como sentido de vida. El proceso arteterapéutico ha acompañado a equilibrar este sentido de vida con el del propio autocuidado, esto ya que los ejercicios físicos y emocionales han resaltado dolores no resueltos, enfermedades no escuchadas, poniendo el acento en lo que el cuerpo no dice en la cotidianidad. La potencia de este espacio reside en movilizar la atención del discurso aprendido para centrarla en la voz del sentir y de la expresión corporal.
Así, es fácil abrir camino a la emoción genuina y dejar que se exprese en un escenario seguro donde va a ser contenida, favoreciendo la distensión del cuerpo, bajo la claridad que no hay que cargar más con la represión de las historias, sean estas basadas en el miedo, la alegría o el cansancio. Se ha abierto, entonces un lugar para que toda emoción exista y narre sus necesidades. La economía psíquica (Morales, 2007) recuerda, a este respecto, que todo lo que existe tiene una razón para hacerlo, ni el cuerpo ni la mente gastan energía sosteniendo algo que no les es útil, en esta medida, enfocar la atención en ¿por qué existe cada miedo? es también escuchar ¿para qué sirve? y por ende contarse una nueva historia de quien se es, ensanchando la identidad, es allí donde las historias colmadas de interculturalidad y de saber afrocolombiano resaltaban, haciéndose fundamento de la identidad de las mujeres participantes.
El espacio arteterapéutico se nutrió del saber de la región pacífica, incluyendo sus músicas y su danza en los encuentros, pero fueron contadas las ocasiones en las que ellas compartieron su saber, conformando un verdadero núcleo de interculturalidad, donde, como lo afirman Carvalho y Flórez (2014), la universidad se abriera de manera incluyente a recibir otro conocimiento; uno con una fuente distinta a la europea y una manera de trasmitir desde la práctica y la oralidad.
Este primer proceso se puede entender como ocho sesiones generadoras del vínculo necesario para que las mujeres reafirmaran la relación consigo mismas, ensancharan su identidad y en un segundo ciclo sea posible enfocar toda la atención a recibir de la fuente de su saber y vivenciar la experiencia práctica de sus masajes, su comida, sus cantos y en general sus prácticas culturales.
La universidad necesita nutrirse de su saber y es en la práctica donde reside el medio para que ellas cumplan el objetivo de apropiarse de su propia voz. Hablando de lo que temen, lo que aman se han fortalecido ahora es el turno para que sean ellas quienes enseñen, estando seguras de tener un cuerpo y una voz dignos de ser escuchados en cualquier contexto donde estén presentes. Es importante aclarar que la Universidad no les ha devuelto esta voz, sólo ha abierto un espacio seguro para que ellas puedan volver a encontrarse con la vida que les ha sido violentada y que pese a esto ellas han logrado sostener y continuar.
El enfoque es entonces más amplio no sólo la universidad debe escuchar, recibir y nutrirse de los múltiples saberes, sino que en este proceso de doble vía puede propiciar las condiciones para que las protagonistas de estas prácticas reafirmen su identidad y generen mayores recursos hacia la consolidación de un bienestar integral sostenible en el tiempo.
Trascender el intercambio de disciplinas hacia llegar a la transdisciplinariedad se vuelve entonces el enfoque buscado, el intercambio entendido una vez más a la luz de los planteamientos de Carvalho y Flórez (2014), reduce el diálogo de saberes a un contrapunteo epistémico donde comprender es la base y no aceptar. La transdisciplinariedad en cambio, lleva a co-crear una nueva universidad, una donde el tejido de saberes cree otra manera de aprender que no esté basada en la estructura occidental ni en la asimilación de la epísteme intercultural a la teoría eurocéntrica. En esta nueva universidad la estructura y el contenido serán propios y el saber será vivenciado desde las prácticas originarias, entendidas como tradiciones vivas que permean la educación decolonizada.
Referencias
Allen, P. (2010) Arteterapia Guía de autodescubrimiento a través del arte y la creatividad. Gaia Ediciones. España.
Carvalho, J y Flórez, J (2014), Encuentro de saberes: proyecto para decolonizar el conocimiento universitario eurocéntrico. Nómadas (Col), núm. 41, octubre, 2014, pp. 131-147 Universidad Central Bogotá, Colombia.
Cury, M. (2013) Clase magistral Psicología Clínica, Máster de Terapias Artísticas y Creativas, ISEP. Barcelona, España.
Morales, F. (2007). Psicología y Racionalidad. Madrid, España.






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* Cardona Pareja.
Instituto PENSAR de Estudios Sociales y Culturales . Pontificia Universidad Javeriana - PENSAR/PUJ. Bogotá, D. C. , Colombia