Somos testigos de cambios ambientales globales sin precedentes en la historia geológica de La Tierra. Sin duda los desequilibrios provocados en la Biosfera hasta ahora son tan radicales que podrían poner en riesgo la posibilidad de la humanidad misma de subsistir. El cambio climático es uno de esos desequilibrios. A esto se suma de manera sinérgica la acidificación de los mares, la destrucción de la capa de ozono, la alteración de los ciclos de nitrógeno y fósforo, el consumo no sustentable (y desequilibrado) de agua dulce a nivel global y la pérdida global de diversidad biológica. Los temas ambientales han pasado a formar parte de las agendas políticas nacionales e internacionales y han derivado en acuerdos internacionales que se han internalizado en las agendas políticas en materia de protección ambiental de cada país. Sin embargo, lejos de enmarcarse en, o adaptarse a, la realidad de cada territorio, este proceso ha estado nutrido de estrategias tendientes a la dominación y caracterizado por la globalización y predominancia de una visión homogénea de la sociedad, imbuida de principios y valores occidentales y occidentalizados. Abordamos en este trabajo el caso particular de las áreas protegidas (AP) como estrategia de conservación en tanto forman parte de políticas de conservación ampliamente implementadas a nivel global y cuya efectividad es motivo de debates y de estudio. Los paises que hacen parte del Convenio de Diversidad Biológica establecieron como metas alcanzar un 17% de superficie terrestre y un 10% de superficie marino-costera bajo la figura de área protegida en el año 2020. A la tasa actual es probable que estas metas se cumplan. A pesar de ello, todo indica que la tasa de desaparición de diversidad biológica ha aumentado y las extinciones seguirán ocurriendo a tasas elevadas. Nos preguntamos entonces: ¿Cuál ha sido el impacto real de las políticas destinadas a establecer áreas protegidas? ¿Contribuyen realmente estas con la preservación de la diversidad biológica? Han ayudado a mejorar las condiciones de vida de los pueblos del mundo? Son las AP instrumento de conservación sostenibles? Examinamos primeramente algunos indicadores que relacionan el establecimiento del área protegida con la reducción de la deforestación. El mantenimiento de la cobertura vegetal se asume en general como indicativo de cumplimiento de los objetivos del área y la información disponible, si bien muestra efectos positivos al respecto, pareciera sobreestimar el valor real de dichos efectos. Seguidamente exponemos evidencias que muestran los impactos tanto positivos como negativos que producen en las poblaciones humanas que habitan dentro o en los alrededores de las áreas protegidas. Existen evidencias que dan cuenta de desplazamientos, impedimentos para hacer uso tradicional de áreas por parte de poblaciones indígenas y campesinas, impactos económicos desproporcionados en las comunidades que habitan dentro o alrededor de AP y otros impactos que solo recientemente empiezan a exponerse e investigarse. Discutiremos aquí como la política de conservación dominante en los espacios internacionales que es asumida en los territorios particulares incorporada como políticas públicas de los países, no puede cumplir sus objetivos de conservación de la diversidad biológica a menos que haya un cambio radical en la visión y una revisión profunda de la relación del ser humano con la naturaleza y que esta se refleje en las estrategias. Es solo identificando las causas estructurales del problema ambiental que podremos orientar las políticas de conservación. Las áreas protegidas han generado algunos impactos de preservación de la diversidad en un sentido biológico, pero no podrán convertirse en herramientas de conservación efectivas mientras prevalezca una visión que solo considera paisajes o especies de manera aislada de la sociedad y al ser humano como una entidad abstracta y una amenaza en si misma aislada del tipo de sociedad predominante.