El reconocimiento de la estructura del conocimiento como herramienta de (re) construcción social
Uno de los problemas fundamentales en la educación es la concretización del discurso institucional. Se olvida que lo importante del proceso educativo es centrarse en el aprendizaje y no en la enseñanza, claro sin olvidar ésta última. Hacer este cambio de enfoque permite poner las miradas en el alumno, direccionarnos a la pregunta: ¿cómo aprende el alumno? López Calva, dirá “hacia donde va el corazón”.
Es decir, los alumnos aprenderán de lo que les invite a preguntar y éste conocimiento, habilidad y actitud tendrá sentido si contribuye a su desarrollo humano. La Universidad cumple dos funciones esenciales: ser la institución que da cabida a quienes tienen fundamentalmente una comprobada vocación intelectual y, preparar a aquellas personas que quieran ejercer una actividad profesional. En ambos casos, se da por medio de la profundización cada vez mayor, de uno de los campos del conocimiento humano que aspira a la verdad y que sirve directa o indirectamente y de mil maneras a la sociedad.
Siendo así, lo que debe ocupar al docente, es lo que se presenta en el aula como objeto de conocimiento, lo presentado debe tener sentido para el alumno.
Hay una necesidad de mirar al alumno de manera integral, darle la posibilidad de desarrollarse en todas sus capacidades – potencialidades. Potencialidades que siempre serán un misterio ya que el hombre es un ser complejo, pero que siempre tendrá como criterio someter su actuar a juicio, ante la sociedad, a la reflexión teórica y a la realidad.
Se trata entonces, de estimular un método en el interior de los alumnos para que entiendan cómo desde el interior atendemos, entendemos, juzgamos y decidimos. Así, el pensamiento crítico será una de las líneas esenciales en la práctica educativa. Se trata de desarrollar en los alumnos un espíritu crítico que los haga tender a conocer la realidad basada en la verdad. Pasar de la simple repetición de conceptos y llegar a juicios de valor y hecho, esa es la tarea de todo estudiante.
Nadie puede prestar sus ojos para ver, ni su inteligencia para entender, ni su razón para juzgar, ni su inteligencia-razón emocional para valorar (juzgar) – decidir y actuar en consecuencia.
Debemos entonces, estimular el desarrollo integral, en el que reconozcamos y reconozcan nuestros alumnos que tenemos una intencionalidad consciente. Compuesta por operaciones que ya he mencionado; ver oír, tocar, oler, gustar incluidas en el Atender; inquirir, imaginar, comprender, concebir y formular en el Entender; reflexionar, reunir pruebas, ponderar la evidencia, juzgar en el grupo de Juzgar; y en el último grupo Decidir están las operaciones deliberar, valorar y decidir. Conformando la estructura dinámica del conocimiento humano.
Nuestro cometido es mejorar la capacidad humana para procesar la realidad concreta y luego decidir y actuar en consecuencia.
La invitación es descubrir en nuestro interior el esquema normativo de operaciones. Debiendo partir que nuestro proceso de educar debe seguir el esquema. Cumplir con el atender, el entender, juzgar y decidir (Propuesta de Bernard Lonergan)
Una invitación a preguntar para reflexionar, la relación con la realidad. Es un ejercicio constante a la inteligencia, en el que se dialogue, se argumente.
Este reto intelectual permitirá que el sujeto (alumno) se potencialice como una constante a humanizarse. Pero este reto intelectual, parte de que entendamos como docentes que la experiencia humana se asume - desarrolla, según el interés y el amor que los guía.
Propuesta que esta siendo presentada en la reforma curricular del plan 07 de educación media superior de 2018, en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Desde la Academia de Filosofía. Mes de enero-mayo
El reconocimiento de la estructura del conocimiento humano como herramienta de (re) construcción social, pensamientos, ideas y propuestas podrán hacer comunidad con sentido social.