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Resumen de ponencia
Mariátegui y Gramsci en Jujuy: sobre la especial pertinencia de sus categorías para interpretar la realidad histórico-social de esta provincia argentina.

*Miguel Candioti



Las ideas de José Carlos Mariátegui y de Antonio Gramsci presentan algunas semejanzas que encuentran una primera posible explicación en el hecho de haber compartido un mismo ambiente sociopolítico y cultural en la Italia de los primeros años '20 del siglo pasado. De todas esas similitudes, aquí nos interesará tomar la relativa al uso alternativo de conceptos “marxistas” para analizar sus respectivas realidades nacionales, complejas y alejadas de los países de Europa Occidental que constituyeron el principal objeto de estudio de Marx y de Engels. En los casos de Mariátegui y de Gramsci, se trata de sociedades capitalistas periféricas, étnicamente diversas y con amplias regiones agrarias “atrasadas” coexistiendo con núcleos urbanos de “modernización” y “desarrollo”. Ambos autores ven en esa heterogeneidad regional de sus países menos un desarrollo paralelo desigual que una articulación del tipo de lo que más tarde sería denominado “colonialismo interno”. Se considerará, entonces, cuáles puedan ser la relevancia y las principales aportaciones de sus modelos de análisis si se los pretende emplear para investigar la realidad histórico-social de la provincia de Jujuy, en sus relaciones con el resto de la Argentina. Para ello se resaltará la posibilidad de compatibilizar los estudios regionales con las poderosas herramientas conceptuales que ofrecen tanto el pensamiento mariateguiano como el gramsciano. Es este un diálogo que en algunos casos se ha ensayado ya de manera más o menos explícita, y en otros se presenta como una oportunidad a considerar. Se intentará mostrar que resultan particularmente “traducibles” a un lenguaje interpretativo de la sociedad jujeña tanto el planteamiento mariateguiano del “problema del indio” como problema social, económico y político-revolucionario, como los análisis gramscianos de la “cuestión meridional” italiana.
Es sabido que el gran socialista peruano se destaca por no haber intentado forzar su realidad nacional dentro de abstractas categorías “marxistas”. Que desarrolla creativamente, inspirado en lecturas del “marxismo”, pero también de autores como Sorel o del historicismo italiano de Piero Gobetti, y, por supuesto, sobre la senda trazada previamente por peruanos como Manuel González Prada, una novedosa lectura crítica de la estructura social del Perú, lectura que se continúa con un consecuente programa revolucionario. En lo esencial, el planteamiento mariateguiano denuncia que el capitalismo del Perú es constitutivamente periférico y está condenado a la dependencia y el subdesarrollo. La débil burguesía peruana es puramente comercial y terrateniente, y no está suficientemente diferenciada de la clase terrateniente latifundista de origen colonial. Por lo tanto, esa burguesía carece de toda capacidad y de todo interés en realizar ni una revolución industrial y una revolución democrática que de por tierra con las relaciones de producción pre-capitalistas, predominantemente agrarias. Por lo demás, la población indígena, que en tiempos de Mariátegui representa las cuatro quintas partes de la población peruana, es tradicionalmente agricultora y, a pesar de hallarse sometida a los abusos del gamonalismo de la sierra, todavía conserva formas de organización comunitarias que poseen un enorme potencial para la construcción de un socialismo moderno. Comprender científicamente el Perú de Mariátegui, por lo tanto, es entender la imposibilidad de un desarrollo capitalista “normal” (a la europea) en ese país, y captar el lugar central que ocupa la población indígena campesina, que constituye la gran base humana y étnica de la nación. Y de esa interpretación sólo puede derivarse coherentemente una posición transformadora socialista y tendencialmente anticapitalista, que valorice profundamente las tradiciones comunales indígenas como punto de partida para la construcción de un socialismo indoamericano moderno.
En el caso de Gramsci, además de su teoría general de la hegemonía y las relaciones de fuerzas que componen los diversos bloques históricos, resulta particularmente pertinente considerar sus análisis sobre la llamada “cuestión meridional” italiana. Gramsci critica duramente el positivismo de los sociólogos y los grupos dirigentes del Norte de Italia, quienes habían contribuido a consolidar como “verdades científicas” los prejuicios que, entre las masas populares septentrionales, atribuían la “miseria” y el “atraso” de la región meridional a “causas internas”, esto es, a “la incapacidad inorgánica de los hombres, su barbarie, su inferioridad biológica”. En efecto, para la sociedad industrial del Norte, el Sur representaba el obstáculo, la “bola de plomo” que le impedía realizar mayores progresos. Frente a esta visión biologicista (y, por tanto, racista), Gramsci subraya la explicación histórica de que la unidad italiana “no había sido creada sobre una base de igualdad, sino como hegemonía del Norte sobre el Sur en la relación territorial ciudad-campo, o sea que el Norte era una 'sanguijuela' que se enriquecía a expensas del Sur, que el incremento industrial era dependiente del empobrecimiento de la agricultura meridional”, entre otras cosas a través de fuertes medidas proteccionistas. Esta estructura de colonialismo interno, típica del capitalismo periférico y por eso similar a la que encontramos en los países latinoamericanos, descansa en una compleja articulación entre los intereses de las clases dominantes de las regiones ricas y las de las regiones empobrecidas. Así, en la Italia de Gramsci, “los grandes terratenientes y los grandes intelectuales”, que conforman el estrato superior del “bloque agrario” meridional, sirven de intermediarios de los intereses del “bloque industrial” reproduciendo su hegemonía ideológica, política y económica. La labor política de Gramsci estará, por tanto, orientada a subvertir esta hegemonía del “bloque industrial-agrario” y sustituirla por la de un nuevo “bloque obrero-campesino” que está por construir.
Nuestro trabajo pretende mostrar en qué medida el rico andamiaje conceptual mariateguiano y gramsciano, que acabamos de presentar en forma esquemática, posee un enorme potencial heurístico para la investigación y la transformación social en la provincia de Jujuy, con toda su complejidad económico-política y socio-cultural. La metodología que emplearemos consistirá en la reflexión crítica, epistemológica y política, a partir del establecimiento de un diálogo entre, por un lado, la producción científica sobre la realidad histórico-social jujeña y, por otro, las principales aportaciones teóricas de Mariátegui para la interpretación de la realidad peruana y de Gramsci para la comprensión de la sociedad italiana.




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* Candioti
Unidad Ejecutora en Ciencias Sociales Regionales y Humanidades (CONICET-UNJu) y Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (UNJu) UE-CISOR y FHyCS-UNJu. San Salvador de Jujuy, Argentina