Autores: Daniele Codato, Salvatore Eugenio Pappalardo, Francesco Ferrarese, Alberto Diantini, Massimo De Marchi
Desde la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro del 1992 donde se ha aprobado la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el debate social, político y científico enfocado en las relaciones entre el calentamiento global y el uso de los combustibles fósiles, ha visto un incremento exponencial, evidenciando como las políticas económicas de desarrollo tendrían que estar conectadas con la sostenibilidad ambiental y energética.
Este debate, con los diferentes estudios, políticas y acuerdos alcanzados, ha sido acompañado y sustentado por diferentes organizaciones y momentos de encuentros durante conferencias, liderado principalmente por el United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC) y sus Conference of the Parties (COP). En particular, la COP21 del 2015 donde se han firmado los Acuerdos de Paris, reafirma el objetivo de alcanzar una reducción significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero desde el 2020, para poder esperar de mantener las temperaturas promedio globales debajo de los 2°C encima del nivel preindustrial, para evitar o al menos reducir los peores impactos del cambio climático. Estudios recientes establecen que por el periodo entre el 2011 y el 2050 las emisiones acumuladas de CO2 tienen que mantenerse entre 870 y 1240 Gt para evitar de exceder el umbral de los 2°C.
Las políticas y estrategias internacionales de decarbonisación usualmente proponen acciones para incrementar progresivamente el uso de energías renovables y promover la eficiencia energética, estilos de vida bajos en carbono e investigaciones científicas sobre tecnologías para capturar y almacenar el carbono atmosférico. Entre estos esfuerzos emerge la falta de un cuestión clave, en nuestra opinión, o sea la necesidad de establecer políticas y acciones que miran a dejar parte de los combustibles fósiles bajo tierra, un concepto que en literatura se encuentra bajo el término “unburnable carbon” o “unburnable fossil fuel”.
De hecho, un artículo publicado por McGlade y Ekins en la revista científica Nature en el 2015, estima que para mantener las temperaturas debajo del incremento de 2°C, más del 80% del carbón, del 50% del gas y del 30% de las reservas de petróleo tienen que quedarse “unburnable”.
Globalmente uno de los experimentos políticos más conocidos relacionado al concepto de “unburnable carbon” es el proyecto denominado “Iniciativa Yasuní-ITT” en Ecuador entre 2007 y 2013, una iniciativa que miraba a evitar la explotación de crudo en el Parque Nacional Yasuní a través de la creación de un fondo de compensación internacional y que, aunque sin éxito, ha visto un largo apoyo e difusión entre académicos y organizaciones sociales que han creado el término Yasunisación.
Hoy en día, objetivos generales de cuantos hidrocarburos dejar bajos suelo han sido establecidos a nivel nacional o regional, pero estamos todavía lejos de la definición de metodologías y criterios geográficos para definir donde dejar estos combustibles bajo suelo.
En este sentido, se tiene que recordar que limitar la extracción de hidrocarburos no beneficiaria solo en el sentido de evitar las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que también las diferentes fases (exploración, producción, refinación, etc.) pueden llevar a importantes impactos socio-ambientales directos e indirectos, como deforestación, contaminación lumínica, de las aguas y del aire, conflictos socio-ambientales, entre otros.
Sobre la base de estas premisas, la Universidad de Padova (Italia) ha iniciado en el 2016 un proyecto de investigación, cuyo fines son: 1) mapear, a escala global, las relaciones y los impactos entre las actividades de petróleo y gas on-shore y las áreas de alta diversidad y sensibilidad cultural y biológica; 2) definir criterios geográficos y metodologías para identificar áreas “unburnable carbon” o en donde estas actividades de petróleo y gas deberían llevarse a cabo con las mejores prácticas.
Para alcanzar estos objetivos, se están llevando a cabo y probando diferentes metodologías en diferentes países, siguiendo estos pasos: revisión de la literatura sobre las actividades de petróleo y gas, las reservas, sus beneficios económicos y sus impactos socio-ambientales; búsqueda y recopilación de datos espaciales y no espaciales sobre reservas y actividades de petróleo y gas (tales como pozos, tuberías, sísmica, concesiones), aspectos ecológicos y de conservación (tales como áreas protegidas y ecosistemas), ambientales y geográficos (modelos de elevación digital, ríos, fronteras, etc. .), y un conjunto de datos antrópicos y culturales (territorios indígenas, red de carreteras, uso del suelo, etc.) de diferentes fuentes nacionales e internacionales; la construcción de una base de datos espacial “open-source” utilizando los Sistemas de Información Geográfica (SIG), en particular el software QGIS; el llevar a cabo diferentes análisis espaciales (superposición, cálculo de geometrías espaciales, etc.) para analizar las relaciones entre los diferentes conjuntos de datos; el llevar a cabo diferentes análisis espaciales multicriterio de soporte a las tomas de decisiones, métodos que permiten comparar diferentes alternativas y elegir las mejores sobre la base de diferentes criterios geográficos. Este último proceso se está desarrollando a través de la simulación de debates públicos y consultas de expertos para definir los tipos de criterios y sus pesos, si deben ser considerados como costos o beneficios, y el análisis GIS a través de diferentes herramientas, como el plugin QGIS VectorMCDA.
En esta ponencia, se presentaran algunos resultados del análisis SIG de las relaciones entre actividades hidrocarburiferas y áreas de alta diversidad biológica y cultural y del análisis multicriterial espacial, llevados a cabo en un país icono del Sur América, es decir Bolivia. De hecho, este país es muy rico en biodiversidad y con más del 65% de su población representada por indígenas, donde el sector energético es considerado estratégico y con muchos proyectos en desarrollo, principalmente en la Región Amazónica que ocupa el 30% del territorio boliviano, causando diferentes conflictos con las comunidades indígenas.
En particular, queremos enfocar la atención y proponer reflexiones sobre el proceso de análisis espacial multicriterial llevado a cabo para definir qué bloques de petróleo y gas, es decir, las áreas bajo concesión, deberían cerrarse o desarrollarse con mejores prácticas o, por el contrario, en cuales la producción podría seguir, sobre la base de diferentes criterios espaciales socio-ambientales, económicos y productivos. Los resultados preliminares destacan que, al cerrar los peores bloques según el ranking obtenido con esta herramienta, Bolivia podría evitar posibles impactos relacionados con el petróleo y el gas en el 30% de los territorios indígenas y el 11% de las áreas protegidas que se encuentran dentro de estos. Este trabajo revela la complejidad y utilidad de este tipo de herramienta en los procesos de toma de decisiones, abriendo preguntas sobre la participación de las partes interesadas, la disponibilidad y calidad de los datos espaciales utilizados, las modalidades de definición de los criterios, sus pesos y si deberían considerarse como costos o beneficios.