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Resumen de ponencia
El Vivir Sabroso como una propuesta campesina de vida y resistencia rural

*Lilibet Zamora Bermudez



A dos horas y media de Cartagena de Indias, la principal ciudad turística de la costa caribe colombiana, está ubicado el municipio de El Carmen de Bolívar, capital de los Montes de María. En uno de sus corregimientos, El Salado, habitan desde hace más de 30 años 13 familias que se han dividido entre familiares y vecinos el predio El Danubio para vivir, trabajar y desarrollar sus actividades cotidianas. Son campesinos y campesinas que a pesar de la crueldad e impacto de la guerra, se resisten a abandonar el territorio reconstruyendo su vida a partir del deseo profundo de mantenerse en él y rehacer del campo montemariano un lugar para vivir. Generación tras generación han definido un modo de vida que les caracteriza y los distingue de otros campesinos, en términos de Díaz Gómez (2004) poseen una filosofía en torno a la vida que determina su forma de organizarse, producir, habitar el territorio, relacionarse con la naturaleza y con otras comunidades.

Es precisamente ese el objetivo de esta ponencia: presentar de manera breve los elementos esenciales que definen e integran la filosofía de vida que esta comunidad costeña montemariana denomina coloquialmente “Vivir sabroso”. Es una concepción sencilla pero poderosa que los mantiene en el territorio a pesar de los daños que les ha causado la guerra, la dificultad de los procesos de reparación y la exclusión que afrontan como campesinos en un país donde los intereses por la acumulación y el uso de la tierra han destinado a un sin número de campesinos a abandonar el campo y con ellos sus proyectos de vida familiares y colectivos. Este modo de vida está integrado por una serie de elementos que además de generar arraigo con el territorio, sostienen un conjunto de relaciones familiares y comunitarias que hoy día representan la permanencia de esta comunidad y la continuidad de la vida campesina, en este sentido recobra un importante lugar en las reflexiones que podamos construir sobre las formas de vida rural en nuestros territorios.

En primera instancia es fundamental considerar la relación con la tierra, pues para los campesinos representa más que un bien material y de producción, así lo expresan ellos: “La tierra uno la necesita, es el tesoro que le dejó a uno el Señor” “La tierra es nuestra forma de vida, lo único que tengo es esta parcela y la tierra que tengo en las uñas”. En este sentido, el modelo de la vida campesina no se puede restringir a una apuesta de carácter productivo y de explotación de un recurso, sino que implica las relaciones establecidas por las comunidades con la tierra y la producción alimentaria, aspectos que terminan constituyendo su identidad y su forma de relacionarse con la naturaleza y con los demás seres que habitan el territorio. La producción campesina está orientada al mejoramiento y persistencia de las condiciones de vida y de trabajo de la familia y el colectivo y no al incremento y la acumulación de ganancias.

Así mismo, este modo de vida se caracteriza por la producción diversificada de alimentos como maíz, yuca, ñame, ajonjolí, algodón, patilla, plátano, tabaco, berenjena, melón, etc., mezclada con actividades pecuarias como la cría de gallinas, marranos, pavos, ganado, lo que permite la sostenibilidad de las familias en tanto garantiza el autoconsumo equilibrado y facilita el intercambio de los productos. También es posible distinguir prácticas propias de la relación con los cultivos, como es el uso y protección de la semilla criolla, el manejo de plagas a partir de insecticidas naturales no agroquímicos, el establecimiento de cultivos en armonía con los ciclos lunares o de lluvias. Los vínculos que las familias de El Danubio tejen con los animales que cuidan, la tierra que labran y los alimentos que cosechan, van más allá de ver estos elementos como mercancías cambiables por dinero, esta relación con la tierra trasciende la idea de mercantilización de la vida.

La economía campesina es a su vez economía familiar, considerando que todos los miembros del núcleo tienen un rol estratégico en su sostenimiento. Es posible por ejemplo distinguir labores específicas que desarrollan los niños, jóvenes, mujeres o adultos mayores dentro de los cultivos y en general en el funcionamiento de la parcela. La participación de los niños en las labores es vista como una forma de transmitir los conocimientos y saberes respecto de los cultivos, los ciclos de sembrado, la relación con el clima y el tipo de suelo, entre otros. El trabajo colectivo y colaborativo es otro de los aspectos que caracteriza este modelo de vida campesina. Estrategias como el día cambiado, en donde un grupo de campesinos trabaja en una parcela para lograr un cultivo y luego se rotan el trabajo en las parcelas de los demás campesinos, así se da un trueque de trabajo colectivo, que en ocasiones también se compensa con el trueque de alimentos o animales.

Este modo de vida se nutre a su vez de las celebraciones y la fiesta, aspecto que caracteriza a la población costeña. El juego, la recocha, la conversa espontánea, el campeonato de futbol, la música, son otros de los escenarios que fortalecen y crean vínculos que componen también esta filosofía de vida.

Es en este marco que los campesinos insisten que en El Danubio se vive sabroso. El “Vivir Sabroso” es compartir la cotidianidad, trabajar colectivamente el territorio y establecer redes de vínculos familiares y comunales, el carácter festivo de su día a día son elementos que motivan la permanencia de las familias en la tierra. La experiencia de desplazamiento producto de la guerra en la región conllevó a la reubicación de las familias en lugares que en ocasiones representaron riesgo, discriminación, explotación laboral, desempleo, enfermedad, entre otros. Es decir, el desplazamiento significó justamente la ruptura de relaciones basadas en la comunalidad y solidaridad, por ello es frecuente que los campesinos comparen permanentemente la calidad de vida y las relaciones que tienen en su tierra con aquellas que se construyen fuera de él (en la ciudad en particular). Expresiones como “Acá sí se vive sabroso” develan de alguna manera una comparación con otras formas de vida, que también expresan una distinción entre la vida rural y la urbana. No es lo mismo comer el ñame (tubérculo) cocinado a leña que a la llama del gas como en la ciudad, la siesta de la tarde es una interpretación distinta de la jornada laboral y del descanso, así como un efecto del calor que se concentra en las casas o los sembradíos.

En esta forma de ver la vida, el “Vivir Sabroso” es producir sus alimentos: sembrar tabaco, patilla, yuca, ñame; es compartir la vida en el caney, cuidar los niños y enseñarles las formas de cultivo tradicional, compartir y cosechar colectivamente sus cultivos, es cocinar en el fogón de leña y compartir los alimentos para resistir a los afanes de la ciudad y permanecer en la tierra, que es el regalo que les dejó el Señor. “Vivir Sabroso” es una forma de transgredir la racionalidad moral y ética establecida por la modernidad y el capitalismo global, que suponen como centro de las relaciones el sujeto individual y la razón, es una manera de concebir la relación con la naturaleza y con otros. “Vivir Sabroso” es una construcción no explicita pero consiente de entender la vida rural, las apuestas productivas, el uso de los recursos, la definición de proyectos de vida personales, familiares y comunitarios en diálogo y en respuesta a los modelos de exclusión y abandono que suponen el progreso y el crecimiento económico como una búsqueda inalcanzable que nos cuesta el bienestar.

“Vivir Sabroso” es una manera otra de seguir defendiendo las formas de vida rural, es una forma de reinventar y reinterpretar los territorios víctimas de la guerra y el despojo. Se convierte en una apuesta colectiva que al estilo del comején (termita) trabaja para roer la madera del modelo económico y social que desconoce los proyectos campesinos, homogeniza la vida de las comunidades rurales y se empeña en mercantilizar los medios de vida y la naturaleza.




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* Zamora Bermudez
División de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Xochimilco - DCSH/UAM-X. Xochimilco, México