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Resumen de ponencia
LA INTERCULTURALIDAD CRÍTICA COMO HERRAMIENTA TRANSFORMADORA: INTERCESIÓN POR EL DERECHO A ENSEÑANZA

*Maria Luana Valois



En la década de 90, el mundo pudo ver crecer una nueva perspectiva, la interculturalidad critica. Mejor dicho, como una semilla, ella germinó, creció y su árbol nos pudo dejar ver sus frutos: el interés y la atención por la diversidad étnico-cultural. Así, como una de sus más activas pensadoras fomenta, sus objetivos serían:

Promover relaciones positivas entre distintos grupos culturales, de confrontar la discriminación, el racismo y la exclusión, de formar ciudadanos conscientes de las diferencias y capaces de trabajar conjuntamente en el desarrollo del país y en la construcción de una sociedad justa, equitativa, igualitaria y plural. La interculturalidad se inscribe en este esfuerzo. (WALSH, 2009, p.2)

De ahí parte nuestro apartado, tres ideas fundamentales que van a basar nuestras reflexiones a partir de ahora. La primera es que para nosotros, no hay superposición entre culturas, no estamos valorando que una es mejor o más importante que otra, sino que todas tienen su lugar y deben ser respetadas. El segundo eje que estamos valorando es en verdad un interrogante, ¿por qué aislamos las culturas si, en verdad, ellas son el resultado de las relaciones entre diferentes comunidades a lo largo del tiempo? Pero, al lector de este trabajo, es importante mencionar que tal indagación puede ser pensado a partir de las palabras de Ortiz (1983), cuando sustenta que:

el vocablo transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra porque este no consiste solamente en adquirir una destinada cultura, que lo que en rigor indica la voz angloamericana aculturación, sino que el proceso implica también necesariamente en la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una parcial desculturación. (ORTIZ, 1983, p. 90)

Partiendo de eso, se puede sustentar que en cada contacto cultural nace una nueva posibilidad, siempre distinta, pero que siempre aporta características de sus antecesoras. A eso añadimos el tercer y último pilar, que es lo que entendemos por cultura y para eso nos ayuda las palabras de De Nardi:

A cultura tem, portanto, uma dimensão político-histórico-social que lhe garante a possibilidade de ser dinâmica e critica, de propor rupturas, de produzir outros dizeres, o que também a afasta do conceito de civilização/civilidade e coloca em xeque os julgamentos sobre a inferioridade/superioridade de certas manifestações culturais. (DE NARDI, 2007, p. 53)

Aclarados los debidos pilares de nuestra construcción y de pose de ello, debemos seguir construyendo nuestra reflexión acerca de la interculturalidad crítica, que es concebida por Walsh como un “proyecto político de descolonización, transformación y creación” (WALSH, 2009, p. 2).
En este sentido, entonces, sabemos que una de las áreas de pelea intensa es la educación, pues para algunos no es interesante que ella crezca, en un peor grado para ellos si es de una manera igualitaria y si quitar o mover las jerarquías ya fijadas desde la colonia, mejor dicho, es de sentido común que las élites quieren mantenerse en el poder, subyugando la población, en cuanto la mayoría está sometida a sus gusto y disgustos, viviendo situaciones de (casi) miseria. Es por eso que consideramos que el proceso de colonización es tan profundo y, según Quijado (1992), que haya una colonialidad del ser, del poder y del saber.
Él va a puntuar en su texto, Colonialidad del Poder, Eurocentrismo y América Latina, que
En el curso de la expansión mundial de la dominación colonial por parte de la misma raza dominante -los blancos (o a partir del siglo XVIII en adelante, los europeos)- fue impuesto el mismo criterio de clasificación social a toda la población mundial a escala global. En consecuencia, nuevas identidades históricas y sociales fueron producidas: amarillos y aceitunados (u oliváceos) fueron sumados a blancos, indios, negros y mestizos. Dicha distribución racista de nuevas identidades sociales fue combinada, tal como había sido tan exitosamente lograda en América, con una distribución racista del trabajo y de las formas de explotación del capitalismo colonial. Esto se expresó, sobre todo, en una cuasi exclusiva asociación de la blanquitud social con el salario y por supuesto con los puestos de mando de la administración colonial. (QUIJANO, 1992, p.205)

Desde la perspectiva que se argumenta, entendemos que las peleas en el campo de la interculturalidad entendida críticamente, son también por una identificación cultural, derechos a la diferencia, a la autonomía y a la convivencia. Estos temas están íntimamente relacionados con nuestro triangulo inicial, pues ambos hablan de un acercamiento entre culturas, de la no haber sobreposición entre ellas y del carácter político que este estudio posee.
Así, en la década de 80, la interculturalidad critica empieza a ser entendida y promovida como proyecto político educativo por los pueblos indígenas, las ONG’ s y/ o el Estado, por la iniciativa llamada Educación Intercultural Bilingüe (EIB). Desde este primer movimiento, se desencadenó varias necesidades relacionadas a él, que fueran ampliando el movimiento, como es el caso de la necesidad de políticas plurilingües, oficialización de lenguas indígenas llevando eso a una globalización del proceso. Desde entonces, para los interculturalistas que están en el campo educativo luchando de hecho por una educación mejor, las reformas han venido a pasos cortos.
Eso se reflejó en la formación de maestros, en los currículos hechos por las escuelas y en los libros adoptados por los profesores, que solamente hacían refuerzo al estereotipo de raza presente en nuestra sociedad. Sin embargo, Walsh atenta para el riesgo de que reformas como esa en Colombia escurran al sentido crítico de la interculturalidad:

No obstante, también deben ser vistos como constitutivos de los designios del proyecto neoliberal que, al inicio de los 90, tomó fuerza en América Latina: “incluir” a todos, abarcando a los sectores históricamente excluidos, dentro del mercado -asegurando, con esta inclusión de los “excluidos”, su apaciguamiento-, ha sido una estrategia clave de su proyecto. (WALSH, 2009, p.6)

Este es un panorama de los avances de la interculturalidad critica en la década de 90, pero los avances siguen, y nuestra exposición también. Ahora estamos en el siglo XXI, y escribiremos sobre las políticas que emergen en nuestra área cultural (Caribe – Costa atlántica). El primer es el “desarrollo humano integral” entrelazado con la educación, así,

Su meta principal es mejorar la calidad de vida y el nivel de bienestar del ser humano a escala individual y social, potenciando la equidad, el protagonismo, la democracia, la protección de los recursos naturales y el respeto a la diversidad étnico-cultural. (WALSH, 2009, p.7)

Y, el segundo fundamento de cambio de este siglo fueran las políticas de afianzar una educación cosmopolita, impar y heterogénea para lograr la equivalencia y reunir completamente la multiplicidad, de eso modo surgió la denominada “Educación intercultural”, que tuvo como uno de los precursores el México, en 2001, seguido por Colombia, con estudios afro y Venezuela y Bolivia con la educación indígena, 2007. A partir de ahí, empezó a ocurrir un gran cambio en las constituciones, a ejemplo de Ecuador, 2008, que extiende la interculturalidad al campo epistémico, y la define: “participativa, obligatoria, intercultural, democrática, incluyente y diversa, de calidad y calidez [y que] impulsará la equidad de género, la justicia, la solidaridad […] y el sentido crítico […] (Art. 27)” (apud WALSH, 2009, p.7)
Encontramos varias definiciones para el termino interculturalidad, en verdad, él, solito – de una manera muy simple - significa una posibilidad de charla entre culturas, pero esta temática no es sencilla, y nunca puede ser tratada así. Y, para que se quede claro en el inicio, entendemos que la interculturalidad es “concebida como proyecto político de descolonización, transformación y creación” (WALSH, 2009, p. 2), esto es interculturalidad critica. Dicha perspectiva reconoce las diferencias y quiere desconstruir la estructura jerarquizada y rígida heredada de los procesos de colonización. En ese sentido:

Su proyecto no es simplemente reconocer, tolerar o incorporar lo diferente dentro de la matriz y estructuras establecidas. Por el contrario, es incursionar -desde la diferencia- en las estructuras coloniales del poder como reto, propuesta, proceso y proyecto; es re-conceptualizar y re-fundar estructuras sociales, epistémicas y de existencias que ponen en escena y en relación equitativa lógicas, prácticas y modos culturales diversos de pensar, actuar y vivir. Por eso, el foco problemático de la interculturalidad no reside solamente en las poblaciones indígenas y afrodescendientes, sino en todos los sectores de la sociedad, con inclusión de los blanco-mestizos occidentalizados. (WALSH, 2009, p.4)

Por eso, la interculturalidad crítica es una propuesta de sociedad, cambio político, de pensamiento, epistemología, de ética para así, se cambiar la estructura. Estructura esta que ya comprende la interculturalidad para otros fines, claro, para sus propios beneficios. Donde no se considera el reconocimiento al respeto, ni tampoco a la diversidad cultural, convirtiendo el término a simplemente una estrategia más de dominación, vislumbrando el control de conflictos y la estabilidad económica. A ese racionamiento, añadimos el pensamiento de Hernández (2005), cuando escribe sobre la importancia de una educación que valore aspectos de la multiculturalidad, afirma que, con este término:

Generalmente se hace referencia a la presencia en el mismo lugar de culturas diferentes que no tienen relación entre ellas o que pueden tener una relación de conflicto, así, la sociedad con sus individuos serán multiculturales si mantienen un estado de indiferencia o de tolerancia hacia las varias culturas, mientras que serán interculturales si establecen relaciones in




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* Valois
UNIVERSIDADE FEDERAL DE PERNAMBUCO UFPE. RECIFE, Brasil