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Resumen de ponencia
Significaciones de la " ideología de género" en las estrategias sobre aborto en Argentina.

Grupo de Trabajo CLACSO: Género, (des)igualdades y derechos en tensión

*María Alicia Gutierrez



El avance de la ideología de género en la región, liderada por grupos católicos y evangélicos, ha registrado un fuerte impacto en las políticas públicas y legislaciones con eje en género, sexualidades y cuerpos. Estos grupos, de larga tradición de incidencia en la región y Argentina en particular, han introducido algunos elementos novedosos en una agenda de restricción de derechos de neto corte conservador. Se ha instituido como una verdadera cruzada contra los temas de género y la teoría feminista, especialmente en ejes como familia, sexualidad, educación.
En Argentina han sido los tradicionales ejes de intervención de la Iglesia Católica en estrecha relación con el Estado. Sin embargo actualmente se instituye como responsable al propio Estado a través de legislaciones sobre los campos temáticos que afectan los principios de orden natural, derecho de los padres y madres, el valor de la vida etc.
En el presente trabajo desarrollaremos en primer lugar algunas conceptualizaciones acerca de la “ideología de género” y en segundo lugar las estrategias desplegadas por las iglesias en relación al debate en el Congreso Nacional de la Ley de Interrupción del Embarazo.
Retomaremos un recorrido genealógico para visualizar las rupturas y continuidades en relación a ciertos principios clave que adoptan el discurso aggiornado de los derechos humanos, la ética y el conocimiento científico.
Significaciones de la ideología de género
La ideología de género se desarrolla en el campo de la teoría feminista y se expresa en las luchas feministas de la segunda ola.
Tomando como punto de inflexión El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir,la pregunta por la identidad femenina se presentifica en la famosa expresión “mujer no nace se hace” recusando el lugar de la biología como elemento central en la construcción de la identidad. La teoría feminista desplegada en los años 60 y 70 del siglo pasado van a plantear la importancia de la categoría de género como un concepto que permitía pensar los cambios para lograr la igualdad de género. Se define como la construcción cultural de la diferencia sexual, en relación al sistema sexo/género y ponía en jaque las viejas conceptualizaciones entre naturaleza/cultura sobre el lugar del cuerpo.. Desde la noción de género se pudieron pensar las políticas corporales que demandaban por acceso a la anticoncepción y por la legalización del aborto.
En esa línea, no sin enfrentamientos con sectores conservadores católicos, se produjeron las legalizaciones en la mayoría de los países del “norte”.
Sin embargo, la categoría género, al igual que la categoría mujer, va a mostrar rápidamente sus limitaciones. Las luchas de las diversidades sexuales y sus producciones teóricas mostrarían rápidamente la exclusión e invisibilización de sujetos sociales. En el caso de la categoría mujer, las mujeres negras, pobres y lesbianas van a reclamar su inclusión desde sus demandas específicas, mostrando la inconsistencia de las identidades rápidamente coaguladas en mujeres blancas, heterosexuales y clase media.
La categoría de género también va a ser reformulada. En la década del 90 aparece en la escena académica norteamericana un discurso de género fuertemente crítico con los principios y las metanarrativas ilustradas. Las teorías posmodernas y postestructuralistas plantearon una interrogación e interpelación al feminismo respecto de ciertas dimensiones, como el esencialismo estratégico, los sujetos excéntricos, etc
Butler, en su texto El género en disputa (2001) refiere a la estructura sexo/género/deseo que organiza una matriz heterosexual normativa. La autora deconstruye (apoyada en Derrida) la construcción cultural del género y la noción de naturaleza para el sexo. Tanto uno como otros son construcciones que se conforman a través de prácticas discursivas y no discursivas. En ese sentido resiente de la biología como la definición del sexo, por lo tanto el cuerpo (la materialidad) no poseería un sexo ontológico (aquí rompe con el esencialismo de la diferencia sexual). Entonces “los cuerpos devienen generizados a través de la continua representación (performance) del género” (Fernández, 2008) Lo que habría es una “actuación” de género que por su repetición (performance) se constituye como tal, sin original posible.
El pensamiento conservador y su relación con la teoría de género
El 2 de abril del 2005 falleció, en sus aposentos romanos, Karol Woytila, cuyo papado duro 28 años, uno de los más largos de la historia. Había asumido el 16 de octubre de 1978 la conducción de la Iglesia Católica como Juan Pablo II. Era el primer Pontífice católico no italiano en 450 años. De origen polaco, el “Papa de la globalización” tomo como eje de su gestión la inmensa tarea de “restauración” de la iglesia y un intenso proceso de evangelización.
Para la instrumentación de su proyecto se valió de una alianza con el OPUS DEI quienes gozaron de un lugar privilegiado en la estructura y la toma de decisiones del Vaticano. Al interior de la institución estableció estrategias de “restauración” en diversos planos: teológica y organizativamente se enfrentó a los postulados de la Teología de la Liberación, detuvo el proceso de descentralización del poder jerárquico de Roma, concentrando aun más el poder verticalista que caracteriza a la institución, y estableció una cruzada de recuperación moral respecto de la familia, sexualidad y lugar de la mujer. En ese proceso de “restauración” de la religión católica post caída del Muro de Berlín, tuvo especiales consideraciones con América Latina y el Caribe, visualizado como el continente católico por excelencia.
Una de las dimensiones históricas de las acciones políticas de las religiones está centrada en la relación entre género y sexualidad y las conceptualizaciones que las distintas religiones poseen sobre ese binomio.
Para la Iglesia Católica, la figura de la mujer aparece en el imaginario como el símbolo de la desobediencia, la sexualidad, la libertad. El mito de Adán y Eva, con su expulsión del paraíso, marcó el destino fallado de los hombres producto de la tentación ejercida por la mujer .La Iglesia, una institución masculina y patriarcal, ha buscado limitar la autonomía de la mujer confinándola al espacio “sagrado” de la maternidad. En dicho imaginario las mujeres son representadas, no como sujetos autónomos, capaces de tomar decisiones, sino como simples instrumentos de la voluntad de Dios: aparece cuestionada, cercenada y negada la capacidad de las mujeres en tanto sujetos adultos capaces de tomar decisiones libres y autónomas. Son convocadas para preservar el “valor moral” de la familia y la salud.
La Iglesia enseña que cualquier acto que disocia la unión sexual de la procreación es pecaminoso. Si bien desde el Concilio Vaticano II esta formulación es modificada, dejando abierta la opción para la anticoncepción por métodos naturales, lo cierto es que la Iglesia Católica condena las prácticas de hombres y mujeres concretos que hacen posible un consciente y responsable ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. Aceptar y respetar el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, incluyendo el aborto, implica una inversión en la lógica patriarcal de la institución.
En relación a los derechos de las mujeres, particularmente a los derechos sexuales y reproductivos, la intromisión de la Iglesia Católica, en la mayoría de los países de la región, en las decisiones políticas en muchos casos ha cercenado la posibilidad de avanzar hacia legislaciones y políticas públicas que habiliten esos derechos.
Género y sexualidad son dos temas cruciales en la reconversión de la Iglesia Católica y la mayoría de sus acciones políticas. En las últimas décadas del Siglo XX y principios del XXI, han estado centradas en fortalecer la preeminencia de la familia y la heteronorma. En ese sentido los ataques a la homosexualidad y las posiciones claramente adversas como lo ha declarado el Papa Benedicto XVI, son otros de sus ejes políticos. Las acciones políticas en las Conferencias de Naciones Unidas sobre Población y Desarrollo en El Cairo, 1994 y la de la Mujer en Beijing, 1995, son una muestra acabada de la intromisión de la Iglesia Católica en la elaboración de las Plataformas de Acción en relación a sexualidad y derechos.

Tanto las luchas feministas como las de las minorías sexuales por la reivindicación de los derechos son los “enemigos” principales en el intento de restaurar el papel de la familia, la heterosexualidad y el rol de la mujer. En el documento papal Mulieris Dignitantem de Juan Pablo II, queda explicitada la “visión” de la mujer para la iglesia del mismo modo que la prohibición de la ordenación para las mujeres. En esta cosmovisión las mujeres tienen solo dos destinos, signados por la biología: “ser vírgenes o madres”, condenando a las mujeres a la posibilidad de la procreación o a la negación de la sexualidad por fuera del matrimonio y de la familia.

A la muerte de Juan Pablo II el proceso de reconversión conservadora se profundiza con la elección del nuevo papa. De origen alemán el Cardenal Ratzinger, abanderado de la Doctrina de la Fé, se convirtió en el Papa Benedicto XVI luego de un Conclave sin sobresaltos y cuyos candidatos eran bastante previsibles. Comunione y Liberazione y el Opus Dei habían operado de manera efectiva para desarticular la escasa resistencia de los grupos más progresistas.
Muchas fueron las estrategias desplegadas por Benedicto XVI durante su funcionariado junto a Juan Pablo II: ataques a los principios de la Teología de la Liberación, negación a los derechos de las minorías sexuales, estrategias contra los derechos sexuales y reproductivos especialmente la anticoncepción, el aborto y el uso de preservativos para prevenir el SIDA; oídos sordos a las demandas de descentralización del poder de Roma y la Curia, reforzamiento del celibato de los sacerdotes y negación al ordenamiento de las mujeres, retroceso en relación a los cambios litúrgicos del Conci




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* Gutierrez
Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Buenos Aires - IEALC/UBA. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina