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Resumen de ponencia
Afectividades y rabias de jóvenes chilenas: expresión, gesto, táctica o derecho

Grupo de Trabajo CLACSO: Subjetivaciones, ciudadanías críticas y transformaciones

*Genoveva Echeverria



Afectividades y rabias de jóvenes chilenas:
expresión, gesto, táctica o derecho

Genoveva Echeverría Gálvez
Universidad Academia de Humanismo Cristiano

Es posible plantear que los vínculos afectivos aparecen hoy cruzados por una fuerte tensión, presentándose a los sujetos la contradicción entre querer relacionarse y amparase en una estabilidad afectiva, al mismo tiempo que se busca proteger la propia libertad y los espacios de la privacidad (Bauman, 2001; Beck, 1998; Giddens, 1997; Lipovetsky, 2000).
De acuerdo a Urteaga y Sáenz (2012) los jóvenes visibilizan sus estilos de relación con el mundo en las diversas fórmulas con las que viven y despliegan su corporalidad. Cuerpo como centro de la expresión de la persona, que se ve complejizado atendiendo a las lógicas de una modernidad donde, hasta el día de hoy, se evidencia un predominio de la racionalidad como distinción entre lo humano y lo animal. La ruta de la colonialidad noroccidental ha negado, exiliado y desvalorizado los elementos emocionales, afectivos y corporales de los sujetos (Gnecco, 2008). Esta maniobra moderna no solo ha invisibilizado y denostado aquellas expresiones que vienen de lo afectivo y corporal, sino que también ha fragmentado la idea de sujeto, precarizando a los individuos que son identificados desde su cuerpo. Así, es solo el cuerpo universal y colonial –masculino, blanco y adulto- el que define a los cuerpos otros, marcados por la clase, la raza, el género y otros lugares culturalmente devaluados; marcas que dejan fuera y fijan a los sujetos desde lugares sociales determinados (Mora y Montenegro, 2009).
El cuerpo, entonces aparece como un archivo (Parrini, 2012) desde y hacia donde se han instalado distintas lógicas del poder y del deseo; cruce que carga con las posibilidades de lo abyecto y las prohibiciones de las normas morales.
A esto se añade que para los jóvenes, la afectividad asume un papel muy importante en la construcción de sus nuevos "modos de estar juntos“( Urteaga, 2010). Por lo mismo, para Muñiz (2014) el cuerpo se inserta como una creación más de la empresa personal, más aun para las mujeres, quienes suponen que sus cuerpos corresponden a la única verdad de su ser, su muy personal espacio de decisión y acción.
La apuesta presente se asienta más bien en una lectura del habitar afectivizante de las jóvenes; donde lo afectivo se vincula con lo privado/cotidiano, con lo propio/manejable, con el ámbito de la escala pequeña, la de los valores creíbles porque son comprobables directa y empíricamente. Este habitar afectivizante se expresan y sostienen probablemente en relatos racionalizados diversos, que organizan y permiten sustentar estas opciones.
El lugar de las emociones aparece como guía estructurante y que moviliza desde sus cuerpos sus opciones, por sobre argumentaciones racionales, que también pareciera ser un vector de coherencia identitaria y valórica para estas chicas chilenas. Desde lugares de la alteridad a otredades fronterizas, las jóvenes ubican sus protagonismos con una autonomía que las impele a circular fuera de lo normado, a la vez que dialogan y se construyen desde las regulaciones que se les imponen, que las ponen al centro del escenario sobreexponiendo sus instantes, al mismo tiempo que las expulsa, posibilitando así que, desde esos márgenes, puedan ensayar prácticas y enunciar borradores de cuerpos otros que, aun cegados por la fuerte luz encandilante de la modernidad y sus amarres, van buscando caminos posibilidades
En Chile, es posible ver a muchas jóvenes expresando su rabia y molestia, tanto con discursos y consignas, como con el uso de la violencia verbal y física. Esto con un escenario social de fondo marcado por la desconfianza, que presiona a los individuos y a sus diversas formas de asociación: los vínculos se debilitan, se deshilachan (Grau, 2013)
En el marco del acontecer chileno e internacional, se ha ido situando el derecho a la ira y a la exigencia, como parte de las movilizaciones y acciones de feministas y mujeres en general. Se ha recalcado que, a pesar de la aparente situación de mayor igualdad entre hombres y mujeres, existen muchos contextos donde el patriarcado sigue operando de manera protegida, pasando por encima de la dignidad y derechos de las mujeres.
Cabe señalar que el tema de las situaciones de acoso y abuso sexual se han puesto en el tapete en los medios de todos los países. Estas luchas también impactan a mujeres jóvenes, en especial en contextos universitarios, donde hoy se han ido levantando denuncias, movilizaciones y protocolos de acción y sanción de estos casos.
En las Ciencias Sociales existen tradiciones que han estudiado la violencia social por una parte, y las emociones como la rabia e ira, por otro. Hoy, donde la dicotomía de lo público-privado se ha resquebrajado y cuestionado, también aparece pertinente preguntarse por el tránsito el lugar de la ira como forma de expresión ciudadana, donde lo afectivo, racional, íntimo y social se mezclan cotidianamente.
En este marco, donde lo corporal y lo afectivo se ha instalado como el espacio en que los jóvenes se singularizan, desde donde se resisten a las normativizaciones y generar prácticas corporales y afectivas disidentes; la pregunta de este estudio se dirige a revisar la rabia/irá de mujeres jóvenes universitarias, en cuanto a su rol de agenciamiento ciudadano, a la vez que constructor de subjetividades, en el marco de la legitimización de ciertas violencias para trabajar por la deslegitimación de otras.





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* Echeverria
Universidad Academia de Humanismo Cristiano UAHC. Santiago, Chile