La Historia no es solo un acontecimiento narrado, es más que esto, es un camino que se teje entre líneas y fugas las cuales permiten emerger los relatos diversos del Recuerdo. El siguiente artículo trabaja una reflexión sobre la Memoria, el Testimonio y los alcances de la palabra como responsabilidad política del sujeto y del Estado en el caso de la desaparición forzada en el contexto Colombiano. La voz atravesada de algunos autores que abordan el tema y una corta relación analítica en la actualidad con base en la experiencia de un estudio de caso abordado desde la comunidad de Trujillo en el Valle del Cauca. Este artículo da cuenta de un ejercicio investigativo desde el diseño documental por medio del análisis de texto y sus cruces con el fenómeno de la desaparición forzada, en especial problematizando el campo metodológico a la hora de pensar temas como la narración de un pasado persistente aún sin un fin visible.
La Historia no es solo un acontecimiento narrado, es más que esto, es un camino que se teje entre líneas y fugas las cuales permiten emerger los relatos diversos del Recuerdo. El siguiente artículo trabaja una reflexión sobre la Memoria, el Testimonio y los alcances de la palabra como responsabilidad política del sujeto y del Estado en el caso de la desaparición forzada en el contexto Colombiano. La voz atravesada de algunos autores que abordan el tema y una corta relación analítica en la actualidad con base en la experiencia de un estudio de caso abordado desde la comunidad de Trujillo en el Valle del Cauca. Este artículo da cuenta de un ejercicio investigativo desde el diseño documental por medio del análisis de texto y sus cruces con el fenómeno de la desaparición forzada, en especial problematizando el campo metodológico a la hora de pensar temas como la narración de un pasado persistente aún sin un fin visible.
Un puente que se puede trazar desde la condición subjetiva de la pérdida en el caso de poblaciones afectadas por la desaparición forzada, hacia las elaboraciones rituales colectivas, con o sin un duelo elaborado, lo presenta el abordaje metodológico que conceptualmente ofrece la voz testimonial de la Memoria; ésta como la representación de un acontecimiento sucedido, pero con anclajes sociales que relacionan el discurrir apalabrado del individuo (su narración de un fenómeno), con el significante propio que la comunidad establece ante unos códigos comunes de entendimiento (el significado colectivo de éste).
Un ejemplo de ello lo constituye el indagar el testimonio frente a elementos como: probables causas que generaron la desaparición, actores dinámicos en la comunidad al momento de la desaparición, características diferenciales entre actores desaparecidos o entre las condiciones de una u otra desaparición, significado del territorio al momento del episodio, re-territorialización del conflicto, etc. El valor radica en el hecho de que cada inquietud implica una historia enunciada por los individuos con lugares comunes, al igual que evidentes diferencias en el abordaje de lo preguntado.
Para ello es importante formular una ruta desde la memoria como representación subjetiva, hasta su rol como elucidación del pasado para la construcción del futuro en una comunidad.
Cuando por primera vez Maurice Halbwachs establece la relación entre la memoria individual y la memoria colectiva, éste indica la importancia del sujeto como testigo de su propia evocación ante el recuerdo, “ahora bien, el primer testigo al que siempre podemos recurrir somos nosotros mismos” (2004:25), estableciendo de antemano la percepción como un punto detonante en la elaboración del pasado desde la noción misma del individuo.
Sin embargo, más adelante aclara, que es en la construcción del sentido colectivo donde se puede pensar un significante del pasado, los grupos establecen sentido con su pasado, valores que les permitan una identificación que haga parte de su acerbo en donde en ocasiones no se discierne con claridad entre el recuerdo individual y la memoria colectiva: “Desde el momento en el que nosotros y los testigos formamos parte de un mismo grupo y pensemos en común en determinados aspectos, seguimos en contacto con dicho grupo, y somos capaces de identificarnos con él y confundir nuestro pasado con el suyo” (25)
De esta forma, entendemos la memoria como un “hecho social”, una construcción de acontecimientos ocurridos en un tiempo atrás, los cuales son cargados por un grupo o colectivo adherido bajo un significante común. Según Halbwachs tal noción de la memoria se encuentra delimitada por unos marcos sociales que la definan, estos marcos son: La religión, la familia y la clase social, el primero como sentido que el sujeto imprime en su vida, el segundo por ser el responsable de la introducción del sujeto en la sociedad bajo un sentido del pasado y el tercero como producto de una memoria que en cada época las clases dominantes establecen bajo sus conveniencias (2004).
De igual forma, define unos marcos sociales más específicos tales como: el lenguaje, el espacio y el tiempo, siendo el primero el que muestra la naturaleza interlocucional de la memoria y por efecto el carácter social de ésta.
Halbwachs nos muestra una noción colectiva y unos marcos que la definen, donde al margen de críticas como la de Barry Schwartz, por ver en el trabajo de Halbwachs una sobredimensión del presente, en la cual se marginan los hitos que desde el pasado se reclaman de forma atemporal a lo que las sociedades eligen, como lo ejemplifica él con la figura de Abraham Lincoln (1992). A pesar de esto Halbwachs logra establecer la cuestión social de la memoria, destacando el lugar del significante colectivo como criterio de cohesión e identificación grupal ante el recuerdo o la construcción del pasado en el presente.
En ese sentido, al relacionar ya de manera contextual para el trabajo de investigación la Memoria con hechos concretos de desaparición forzada, se establece un vínculo entre la evocación del sujeto ante el episodio y su forma de recordarlo-narrarlo frente a un colectivo, teniendo en cuenta la precaución en algunos casos de no darle un significante público por lo que puede implicar para la eventual aparición o para su propia seguridad como víctimas, se trata más bien de establecer una pausa en el discurso que atrapa dicotómicamente el recuerdo y el olvido, en un círculo narrativo sobre el pasado.
Empero, se puede pensar de un lado tal situación narrativa desde la idea de olvidar de manera grupal, esto como un significante común emergente, el cual busca establecer en el deseo de silenciar el recuerdo una forma de encarar el futuro; pero del otro lado, las rupturas que el lugar del pasado establece en diferentes grupos sociales, otros significantes del mismo hecho también comunes entre diferentes actores, en algunos casos problematizando las dinámicas de cohesión social, donde miembros de la comunidad empiezan asumir sus propias dinámicas con el testimonio.
Es decir, los que buscan olvidar y seguir adelante, los que quieren recordar para reclamar justicia, los que prefieren omitir lo sucedido pero esperan un retorno, los que persiguen la reparación como duelo simbólico de la perdida, los que simplemente hacen del recuerdo un hecho transitorio que introducen o normalizan, los que naturalizan la violencia como dinámica cotidiana trivializando la condición del desaparecido como parte normal de un conflicto.
Ejes y criterios de la Memoria que se juegan en el Testimonio, paradoja contemporánea en la palabra de los miembros de comunidades afectadas por la desaparición forzada en el caso Colombiano, ya que en este proceso se excede el marco de lo establecido por la teoría clásica y parte de la teoría actual sobre el tema, gracias a que en el caso de autores como Jaspers, Arendt, Adorno o Habermas, por mencionar algunos, o de casos más cercanos en Suramérica como los trabajos de Elizabeth Jelin, Ludmila Catela, Cintia Gonzales, Pilar Calveiro o Steve Stern, todos construyen una relación entre el pasado y su cosificación en el presente, pero asumiendo el cierre de un episodio histórico, un corte que permite volver sobre el fenómeno, a partir de un marco concreto, un acontecimiento, sus efectos y su final (el genocidio nazi, la dictaduras en el cono sur, etc), en donde algunos de estos autores destacan el valor de asumir la discusión moral del pasado y su indispensable lugar para la elaboración de un futuro, como garantía para la necesidad de no repetición, al contrario en el caso investigado no existe un punto de cierre, no existe un corte y por ende no hay un pasado concreto al cual mirar o reparar.
Por ejemplo a diferencia de buena parte de la teoría sobre el tema, la comunidad de Trujillo-Valle en Colombia como en muchos otros lugares del país, la desaparición forzada es un fenómeno que aún late con violencia, tanto porque todavía se registran casos de desaparición a pesar de años de intervenciones de múltiples actores, como porque no se ha registrado procesos claros de una reparación colectiva integral que vincule de manera articulada los miembros de la comunidad bajo un mismo territorio físico y simbólico.