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Resumen de ponencia
LA PRAXIS PEDAGÓGICA TRANSFORMADORA. UNA MIRADA CRÌTICA DESDE LA EDUCACIÓN POPULAR

*Stella Pino Salamanca




LA PRAXIS PEDAGÓGICA TRANSFORMADORA. UNA MIRADA CRÌTICA DESDE LA EDUCACIÓN POPULAR

Stella Pino Salamanca
Profesora Titular Universidad del Cauca
Estudiante del Doctorado en Educación
Universidad de San Buenaventura
Resumen
Los procesos educativos tienen a lo largo de la historia un camino desarrollado, propio de su momento, como de las características que lo van configurando; generando apuestas pedagógicas cuya intencionalidad formativa, prácticas y discursos, son importantes de reflexionar, para así propiciar las nuevas apuestas educativas.
De allí la importancia de analizar los ejes problematizadores de la educación, sus desarrollos y la manera como la educación popular se presenta en Latinoamérica, como apuesta contra hegemónica de saber, de hacer, de ser. Así, nos atañe desde la perspectiva crítica de la educación, un compromiso como sujetos activos del proceso educativo, lo cual implica actuar, pensar y transformar nuestra propia realidad.
El papel desde la mirada de la educación popular de la escuela, del educador, del educando, de la misma sociedad, es desde ya un ejercicio político que debe guiar el sentido, los propósitos formativos, los discursos y las prácticas de todos los que constituimos la educación.
Palabras clave: educación, educación popular, pedagogía

Los procesos educativos, escenario de encuentros y desencuentros

A lo largo de la historia, la educación ha estado marcada por el direccionamiento de la estructura económica y política imperante, cumpliendo así con el proyecto de sociedad que en cada momento se impone; además desde ella, se han gestado diversos esfuerzos para transformar el proyecto educativo, el proyecto social hacia dinámicas participativas, que no estén regidas por intereses particulares, individuales y hoy del mercado.

Por ello como premisas iniciales que permiten encontrar los ejes problematizadores del campo de la educación encontramos
 La exclusión y discriminación del sujeto como eje de los procesos educativos. Las sociedades instauran las estructuras educativas propias de su momento, organizando los ejes y propósitos que direccionarán su actuar, de allí que desde el momento que cambia la organización social para abrir espacio a la sociedad privada, se configuran unos elementos que se interrelacionan para dar sentido y dirección a la cultura, a la vida misma. El patriarcado, la esclavitud de un pueblo sobre otro, se convierten en prácticas de la sociedad, las cuales se adhieren a la cultura de los pueblos, naturalizando el poder de unos sobre otros, la dominación del pensamiento, del actuar, y la apuesta educativa diferenciada; que niega el derecho a unos, ya sea por su color de piel, por su condición económica, por su condición de género, dando así un papel protagónico a lo individual sobre lo colectivo, al hombre sobre la mujer, al adulto sobre el niño.
Pero cuando la domesticación de los animales trajo un aumento en la riqueza social, sabemos ya que la propiedad privada fue desalojando a la colectiva: las tierras fueron repartidas entre los “organizadores”, y una multitud de transformaciones resultó de ese hecho. Para asegurar la perpetuidad de la riqueza privada a través de las generaciones y en beneficio exclusivo de los propios hijos –no de los hijos de todos como hubiera ocurrido si el matriarcado hubiera substituido- la filiación paterna reemplazó a la materna, y una nueva forma de familia, la monógama, apareció en el mundo. Con ella la mujer pasó a un segundo plano, y quedó encerrada en funciones domésticas que dejaron de ser sociales. La mujer había estado en igualdad de derechos con el hombre cuando desempeñaba como éste funciones útiles a la comunidad; perdió esa igualdad y entró a la servidumbre en cuanto quedó adscripta al cuidado del esposo y de los hijos, y segregada por lo mismo del trabajo productivo social. Su educación pasó a ser una educación apenas superior a la de un niño. (Ponce, 1981: 18,19).
Así, se instaura un proceso social desigual, que con el tiempo naturaliza las diversas formas de opresión, de dependencia, donde la educación desarrolla la tarea de mantener el sistema, sus formas de organización, aspectos que traen consigo desigualdades, exclusiones, discriminaciones.
 Pensamiento colonial. La instauración de las colonias en el mundo, pero principalmente en nuestra América, acentúan un esquema social de dominación, estructura que no solo se puede ver desde la invasión y poderío del colonizador, sino desde la forma como se introyecta en lo cultural, dominando el pensar, el actuar, el mismo sujeto. “Tuvo que transcurrir un siglo para que los españoles conformaran el estado colonial, con un solo nombre, una sola lengua y un solo dios […] Ilusión pura, en una sociedad que era un modelo oscurantista de discriminación racial y violenta larvada, bajo el manto del Santo Oficio. (García, 2002: 17). Así la dominación configura a un nuevo sujeto, uno sujetado, sumiso, que acepta la condición de inferioridad; tarea que es complementada por la escuela con sus reglas, formas de organización y regida por una religión, para nuestro caso, que ayudaba a adoctrinar, a domesticar, a direccionar a los súbditos.
Se organiza así, unas formas de poder, de relación vertical que terminan de posicionar la discriminación, la exclusión, la desigualdad, con la implementación de prácticas de sumisión, de dependencia de unos sobre otros para lograr así mantener el statu quo.

 Pedagogías tradicionales. En este marco de ideas, al interior de los procesos educativos institucionales, se organiza también, una estructura acorde a lo social. Se instaura una escuela y una educación cerrada, encargada de enseñar desde la imposición del conocimiento, desde el desconocimiento de los otros como sujetos, que pueden aportar al proceso. Se desarrolla así un método basado en la tradición, donde el eje es el conocimiento y sus actores son objetos, instrumentos donde se deposita el saber, cuya tarea es la transmisión, la conducción del alumno, “se critica y se rechaza la enseñanza basada en un discurso magistral que se supone provocará una huella en las estructuras mentales de alumnos condenados al silencio” (Not, 1997:135)
Desde esta forma de organización de la escuela y la educación, se instauran unas relaciones autoritarias, unos roles propios del profesor y del alumno, una actitud que niega al sujeto, su esencia, para dar paso a una estructura educativa descontextualizada, individualizada y maltratante.
Así, se continúa con el ejercicio de perpetuar la dominación, el pensamiento colonial, aunado a prácticas de poder que niegan la palabra, desconocen al sujeto y son regidas por el castigo en sus diversas formas, que acentúan la sumisión, el miedo, la discriminación. En este sentido Freire lo plantea como una educación bancaria, “que supone una violencia en la medida en que se efectúa desde la sordera hacia el otro que está siendo educado” (Barrera, 2014: 67).
 La descontextualización de la educación. Estas formas de organización educativa y social, traen consigo la implementación de prácticas cotidianas, que interioriza el sujeto, el cual aprehende la sumisión, el adoctrinamiento, solo donde se enseñan contenidos separados de los contextos, de las realidades de los sujetos, donde el pensamiento, lo colectivo, la reflexión crítica, las experiencias de vida, su sentir quedan en un segundo plano. “Se postula entonces, la necesidad de sentipensar o corrazonar con los territorios, las culturas y los conocimientos de los pueblos- con sus ontologías-, más que con los conocimientos des-contextualizados que subyacen a las nociones de “desarrollo”, crecimiento y, hasta, economía” (Escobar, 2014: 265). En este sentido se abre el espacio para pensar otras formas de ser y estar, en un reconocimiento de los otros, de sus formas de organización, sus diversas formas de vida, de cultura, donde el contexto se vuelve parte de las reflexiones que se pueden recrear en la escuela, en el aula de clases, dándole sentido y significado a lo que se aprende.

La educación popular como praxis pedagógica transformadora
Con estas premisas iniciales, se muestran algunos de los ejes que encierran elementos problematizadores en el campo de la educación y que hoy se conjugan con la propuesta formadora basada en competencias, estándares y las nuevas apuestas del mercado, direccionados desde los avances y difusión de los medios de comunicación que juegan un papel central en la configuración del sujeto de este inicio de siglo.

Pero alterno a esta historia, se dan apuestas, pensadores, corrientes que tratan de confrontar las estructuras posicionadas y de mostrar desde diversas experiencias que es posible transformar la sociedad, la educación. Es así como la educación popular, es una apuesta política crítica que inicia su recorrido a lo largo de Latinoamérica, en un andar lleno de vicisitudes, experiencias, aprendizajes y tensiones propias de la construcción de un campo alternativo que busca romper la estructura, las formas de relación y de estar en el mundo. Por ello, se plantea como pioneros de este recorrido a Rodríguez y Martí, quienes desde esa época independentista que vivieron, dan las primeras puntadas para lo que después se constituirá en la educación popular, aportando desde un pensamiento que busca una educación y sociedad libre, autónoma y de igualdad; aspectos que posteriormente son nuevamente replanteados por movimientos sociales, por la izquierda latinoamericana de los años 50 y 60, por los grupos cristianos movidos desde teología de la liberación, y por los sectores de la academia, en particular la sociología de Dussel y Fals; quienes aportaron a la construcción y acción de otra educación, “la educación popular aparece como un intento de desarrollar acciones intencionalmente orientadas a ampliar las formas de comprender y actuar de los sectores populares…reconoce saberes culturales social e históricamente construidos, a la vez que impulsa la apropiación crítica de saberes generados por otro




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* Pino Salamanca
Universidad del Cauca - UC. Popayán, Colombia