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Resumen de ponencia
El don de la militancia: motivaciones y representaciones de los militantes de base en el conurbano bonaerense sur.

Universidad Nacional Arturo Jauretche. Programa de Estudios de la Cultura - PEC/UNAJ (Argentina)

*Aarón Attias Basso



Esta ponencia busca presentar algunos resultados de una investigación en curso de la Universidad Nacional de Lanús en la que se indaga en las representaciones y motivaciones que relatan los militantes de base sobre su práctica; en el modo en el que comprenden su práctica política dentro de la matriz del peronismo en la zona sur del conurbano bonaerense. Se centra en la militancia de base en la zona sur del conurbano bonaerense y en organizaciones peronistas que hayan surgido en el transcurso de los gobiernos kirchneristas (2003-2015). Por militantes de base entendemos a aquellos actores que no tienen ambiciones en términos de liderazgo individual, cargos ni rédito monetario por su actividad política.
En la búsqueda de una respuesta a la pregunta por las motivaciones de la militancia, Gaxie rechaza que los militantes elijan su trayectoria política basándose primariamente en su adhesión a una causa ideológica, proponiendo la siguiente interpretación: quienes participan en una organización no están interesados de manera primordial en principios doctrinales sino en un conjunto de gratificaciones (rewards) que la práctica política les proporciona, tales como ingresos económicos, prestigio, posibilidades de vida amorosa, nuevos saberes prácticos, la capacidad de sobreponerse a la estigmatización que sufren quienes provienen de sectores empobrecidos, entre otros.
Efectivamente, acordamos con Gaxie en que pensar al militante como aquel que en estricto ejercicio de una racionalidad técnica se acerca a un partido político luego de haber evaluado las opciones y los programas para aportar desinteresadamente en nombre de un ideal, es adoptar una visión racionalista completamente equivocada para nuestro tiempo y lugar. Sin embargo, proponemos que la propuesta de Gaxie cuenta con dos problemas importantes.
El primero es que podría conducir a una concepción de las identidades políticas como un mero residuo de aquello que “verdaderamente” conduce a los sujetos a la acción política, como una superestructura que recubre lo que serían las motivaciones de fondo, que podría ser intercambiada sin que resulte problemático. El segundo problema de la aproximación de Gaxie es que no enfatiza lo suficiente en el valor del lazo comunitario que se construye en el trabajo territorial, al menos cuando uno observa cómo esto se relaciona con la cuestión de las identidades políticas.
Así, partiendo de la pregunta acerca del mejor modo de comprender las motivaciones de los militantes de base, consideramos importante dar mayor centralidad a las identidades políticas y a los lazos comunitarios a la hora de comprender los colectivos militantes en la Argentina. Luego de un breve desarrollo del concepto del don, diferenciándolo del mercado, el Estado y la caridad como formas de intercambio, nos preguntamos si es adecuado para comprender los intercambios de los militantes de base con quienes interactúan en los territorios. Proponemos pensar el don como una lógica social que está más cerca del juego que del contrato, no porque no genere obligaciones sino porque las mismas son particularmente dinámicas y personales. Las inestabilidades de estas relaciones no son una falla sino una necesidad de llevarlas a una permanente regeneración, a un movimiento y no a un equilibrio; lo que tiene importantes consecuencias para la organización política.
Esta perspectiva refuerza la perspectiva según la cual es imposible excluir la producción de símbolos, valores y afectos del análisis de un grupo, pues de otro modo la política se mutila y no pasa a ser más que la administración de las cosas o la pura dominación por la fuerza. La política no consiste meramente en el convencimiento de que el grupo al que se pertenece es el más apto para llevar adelante objetivos universalmente compartidos. También es parte de la política —y una parte central— la tarea de decidir acerca de esos objetivos.
Planteada la política como una tarea que asume como propia la necesidad de fijar objetivos colectivos, aparece como una actividad necesariamente valorativa. Ahora bien, esta creación de valores siempre será parcial, porque los valores no son verificables científicamente, lo que implica que los valores que sostenga cualquier colectivo político no reposan exclusivamente sobre un saber acerca del mundo, sino también sobre una creencia. Entonces, entendiendo a la dominación como la aceptación generalizada de una situación contingente como necesaria, el poder es lo que posibilita dicha situación, y el “olvido” del carácter contingente de todo orden (la creencia en ese orden) es lo que verifica su efectividad.




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* Attias Basso
Programa de Estudios de la Cultura. Universidad Nacional Arturo Jauretche - PEC/UNAJ. Buenos Aires, Argentina