Extractivismo(s), re(ex)sistencias y alternativas en América Latina. Conflictividad territorial y potencia emancipatoria del ecologismo popular.
En el proceso histórico de irrupción, conformación, despliegue, consolidación y mundialización del capitalismo como ecología-sistema mundo hegemónico, la explotación de la “naturaleza americana” ha desempeñado un papel fundamental; imprescindible. Desde sus orígenes hasta nuestros días, la matriz extractivista sobre la que se ha alimentado el geometabolismo de la acumulación del capital, ha hecho de las economías coloniales el territorio principal de abastecimiento de los subsidios energético-materiales (en forma de tierra-recursos y cuerpos-fuerza de trabajo) en base a los cuales funciona la incesante maquinaria de producción de mercancías.
Del mismo modo, las luchas territoriales y lo que llamaríamos “conflictos ecológicos” constituyen un elemento intrínseco de la dinámica sociopolítica de nuestra región. Tales luchas han tenido un peso performativo especialmente relevante en la configuración de los ulteriores regímenes de poder, sistemas de gobierno, patrones de ordenamiento territorial y jerarquización/estratificación social. Hay una memoria de larga duración de estas conflictividades; y una densa complejidad respecto a las dimensiones que las mismas conllevan; porque los territorios, como espacios de vida, abarcan precisamente todas las escalas y esferas en la que la vida misma acontece, desde los aspectos propiamente biológicos y geofísico-químicos y geográficos, hasta las facetas socioeconómicas, políticas, culturales y espirituales. A lo largo de cada fase del capitalismo mundial -en su proceso mutante de expansión/profundización mundial hacia la mercantilización de la vida-, la geografía latinoamericana ha sufrido diferentes modalidades de subsunción como espacio de abastecimiento subordinado, proveedor de subsidios energéticos (ecológicos y de fuerza de trabajo) a la dinámica de la acumulación global-izada.
En esa trayectoria de larga duración, la gran crisis de los regímenes de acumulación de posguerra verificada a partir de los años ’70 ha conllevado la configuración de un escenario especialmente convulsionado, con el proceso de drástica reorganización neocolonial del mundo verificada bajo la instauración del neoliberalismo. En este nuevo contexto, las viejas conflictividades territoriales han cobrado nuevos matices e implicaciones, detonadas particularmente por la evidencia y la inminencia de la crisis ecológica global como un punto límite estructural para la dinámica expansiva del capital. Lejos de haber dado lugar a la reversión de las prácticas de depredación de la naturaleza (exterior e interior), la fase de la globalización neoliberal ha significado la apertura hacia una nueva etapa de explotación no convencional, o bien, siguiendo a Marini, de globalización selectiva de una matriz de super-explotación tanto de las energías sociales (fuerza de trabajo) como de las energías primarias.
En nuestra región, esto ha implicado que a lo largo de los últimos 50 años, pero con mayor intensidad durante las dos últimas décadas, haya tenido lugar una fuerte profundización y aceleración del extractivismo. La reprimarización, extranjerización y concentración de la economía regional al calor de la demanda china, ha impactado profundamente en la geografía latinoamericana, transformándola en un territorio minado por mega-proyectos cuya instalación se hace a costa de desplazamientos y afectaciones masivas de las condiciones de reproducción de los territorios-poblaciones locales.
Este escenario de intensificación de las dinámicas extractivistas ha comprendido también las diferentes experiencias de los ‘gobiernos progresistas’ en la región, sus promesas de “superación del neoliberalismo”, de transitar hacia una fase “desarrollo con inclusión social” o ya de constituir una vía hacia el “socialismo del siglo XXI”. En gran medida, sus políticas de crecimiento y de expansión de la inversión social han estado financiadas con una profundización de la vieja matriz primario-exportadora, lo que ha implicado fuertes fracturas al interior de los sectores populares, en particular, entre grupos y organizaciones más ligados a economías urbanas mas conectadas con el crecimiento convencional de la economía y sectores vinculados a la productividad de las economías territoriales (movimientos campesinos, pueblos originarios, economías agroindustriales y/o artesanales de escala local, etc.).
A nuestro entender, la irrupción de estos (viejos)nuevos movimientos socioterritoriales en América Latina constituyen una contracara política que nos parece particularmente prometedora. Las (re)existencias territoriales al extractivismo neocolonial de nuestros días emergen como la expresión histórico-política de un nuevo umbral de la conciencia crítica y una nueva potencia revolucionaria. Si bien han sido -durante el ciclo de auge de las commodities- descalificados por los propios gobiernos oficialistas como “opositores funcionales a la derecha”, acá exploramos en realidad una interpretación diametralmente diferente.
Nuestra presentación hace foco en el análisis de estos procesos, subrayando el potencial crítico-revolucionario de estos sujetos en re-existencia. Pues, en efecto, lo que entendemos como los (posibles) contenidos de un tal “socialismo del siglo XXI” han empezado a ser propuestos y compuestos por y desde las luchas del ecologismo popular nuestroamericano: nociones como Buen Vivir/Postdesarrollo, Derechos de la Naturaleza, Bienes Comunes y Economías Comunales, Soberanía Alimentaria, Hídrica y Energética, Justicia Ambiental, son conceptos, ideas-fuerza, que alumbran un nuevo horizonte semiótico-político, un horizonte, no de “reforma”, sino de superación del capitalismo como modelo civilizatorio.
En definitiva, así como la explotación de la naturaleza americana ha estado en los orígenes de la ontogénesis del capital, así también hoy, por el carácter dialéctico de los procesos sociales, las re(ex)sistencias del ecologismo popular emergen como procesos de construcción de horizontes civilizatorios otros; procesos de germinación de alternativas emancipatorias en los umbrales del Antropoceno.