Resumen de ponencia
La recurrencia del trabajo forzoso como mecanismo de supervivencia del capitalismo: Evidencias desde la industria de la moda y sus “talleres clandestinos” de costura
*Jerónimo Montero Bressán
Esta ponencia busca entender qué significa el retorno de talleres de costura clandestinos en muchas ciudades del norte y el sur del mundo para los debates sobre trabajo forzoso y la acumulación de capital. Acá se argumenta, siguiendo a Brass (2009), que el empleo de mano de obra en condiciones de trabajo forzoso o ‘no libre’ es un mecanismo utilizado por el capital de manera recurrente en diversas geografías para superar momentos de crisis de sobreacumulación.
Hace algunos años David Harvey (2003) señaló, tomando prestadas algunas ideas de Arendt, la necesidad del capital de recurrir a mecanismos de acumulación originaria cada vez que enfrenta una crisis de sobreacumulación, remplazando el término de acumulación “originaria” por el concepto de “acumulación por desposesión”, dado el carácter recurrente (y no solo originario) de estos mecanismos. Al analizar la industria de la indumentaria a nivel mundial surgen evidencias que muestran un proceso similar: la naturaleza recurrente del trabajo forzoso como relación de trabajo central para la acumulación de capital, y no como práctica marginal. Ante la crisis de sobreacumulación que sufrieron hacia comienzos de los años 1970, las firmas líderes de la moda decidieron cerrar sus fábricas y subcontratar o bien mano de obra de países de bajos costos laborales, o bien trabajadores migrantes internacionales en talleres de costura cercanos a los grandes mercados. Tal mecanismo, que por muchos años llevó a condiciones laborales cada vez peores, posibilitó fabulosos ahorros en costos laborales y el despegue de una industria que, pensada hasta entonces para un público reducido, se masificó y vive desde entonces un crecimiento poco común.
Esta industria había sido pionera en la explotación de mano de obra en condiciones de trabajo forzoso, dando lugar a estudios sobre los “talleres del sudor” (sweatshops) del este de Londres a fines del siglo XIX, o a tragedias como la de la fábrica Triangle en Nueva York en 1911. La bibliografía demuestra que a mediados del siglo XX, dado el crecimiento de la producción en masa, esas condiciones habían quedado “al margen” de los circuitos productivos más importantes. Sin embargo, esa misma bibliografía apunta al recrudecimiento de “talleres del sudor” en grandes ciudades del norte y su surgimiento en grandes ciudades del sur del mundo desde fines de los 1970. En estos talleres, en los que la mano de obra es casi exclusivamente migrante internacional, las condiciones de trabajo van desde el empleo no registrado hasta lo que se conoce como condiciones de trabajo forzoso.
Estos talleres, que son menos conocidos que las grandes maquilas en países periféricos que producen para mercados de exportación, pero que son numerosos en ciudades latinoamericanas como San Pablo, Medellín y Buenos Aires, son cruciales para el funcionamiento de la industria de la moda, pues se ubican a una distancia lo suficientemente corta como para proveer la demanda de pequeñas órdenes permanentemente cambiantes que requiere el sistema comercial de “moda rápida” (fast fashion). Su origen está vinculado con la estrategia de cierre de fábricas y subcontratación de la mano de obra a talleres manejados por migrantes, que ofrecían costos laborales apenas superiores a los de sus países de origen y una flexibilidad inédita para adaptarse tanto a la inestabilidad económica como a las cambiantes tendencias de la moda. La masificación de estos talleres en los años subsiguientes (décadas de 1980 y 1990) llevó a una competencia ruinosa entre talleristas que arrastró los precios a la baja, generando un virtual ejército de mano de obra barata para las firmas del sector. Ello no solo permitió a las empresas que originaron este proceso salir de la crisis de sobreproducción de los 1970, si no que además dio lugar al surgimiento de una serie de cadenas minoristas que, montadas sobre esa estructura productiva, y acelerando la circulación de capital mediante la estrategia de la moda rápida, lograron un éxito notable. Es decir, un nuevo grupo de grandes empresarios capitalistas que surgieron a la luz de la explotación de mano de obra vulnerable, o en otras palabras, cuya acumulación originaria se basó en la explotación de mano de obra sujeta a trabajo forzoso.
En resumen, esta ponencia se basa en doce años de estudio de la producción de ropa en Argentina e Italia, y en bibliografía especializada, para argumentar que el trabajo forzoso no es una reminiscencia pre-capitalista, si no que además de ser compatible con el capitalismo, es central para su supervivencia.