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Resumen de ponencia
PEDAGOGÍA DEL RECONOCIMIENTO. UN EJERCICIO DE ENCUENTRO CON OTRO-NOS HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN MUNDO DE PAZ

*Mirza Torrealba



Caminantes que han hecho Camino en busca de una Pedagogía para la paz que nos hace camino al Reconocimiento del otro nos.
Toda nueva idea, implica realizar un recorrido científico en torno a un fenómeno, situación u objeto de estudio, aun cuando sea concebido desde la realidad vivida, creencias, valores, criterios, y metas de quien emerge la idea, obligándolo a transitar en preceptos teóricos, filosóficos, jurídicos y hallazgos de otros que ya han hecho camino sobre la misma temática a objeto de construir los elementos que fundamentan y sostienen las misma idea, como punto de partida para hilar las propias reflexiones y encontrar hallazgos propios. En tal sentido, el presente capitulo está orientado a desarrollar un acercamiento al constructo teórico que dará vida a la mirada otra de la Pedagogía del Reconocimiento. Un ejercicio de encuentros con el otro-nos.
En este sentido, Martínez (2010), desarrolló una idea que le permitió construir una teoría de la pedagogía de la esperanza en época de terrorismo, el método seguido en esta idea consistió en entender y comprender la situación, narrar el problema y la tarea de ejercer la crítica para producir el conocimiento que genere una(s) condicione(s) de posibilidad sobre lo que deba hacerse y los modos de hacerlo y aplicarlo. En este mismo orden de ideas, este autor pudo concluir, en primer lugar que la situación histórica del supuesto triunfo del capitalismo del mercado absoluto y la pretendida desaparición del socialismo, trajo como resultado la cancelación de toda posibilidad de esperanza hacia un futuro pleno donde la vida es posible.

Lo anterior, es una decadente visión del presente que desea mantener como único el tiempo presente. De dicha conclusión, este autor desprende que el terrorismo es la expresión de la absolutización de la sociedad del mercado, éste se expresa como el aspecto más ominoso que apareció con el inicio del nuevo siglo, por su pretensión de ufanarse en la capacidad para poder controlarlo todo.
Refiere el mencionado autor, que sus resultados afirman que la crisis de esta situación se hizo presente cuando la realidad mostró que se pueden controlar todos los efectos, en especial, las víctimas que el sistema está produciendo, éstas se muestran como el límite efímero entre la vida y la muerte, un límite que revela nuestra finitud y fragilidad como sociedad globalizada. Esto quiere decir, que no se pueden guiar todas las acciones desde el militarismo, el mercado y la tecnología; porque se está atentando contra la vida de toda la humanidad. Por lo tanto, es impostergable hacer un ejercicio crítico sobre la responsabilidad ética desde esa idea creada de la pedagogía de la esperanza que se guía por el criterio y principio de vida plena para toda la humanidad.
En segundo lugar, también pudo concluir que el sistema económico no puede estar al servicio extremo de las ganancias en beneficio de minorías que detentan la riqueza de toda la humanidad. Un sistema económico que funciona por la amenaza de la destrucción de la vida, siempre pondrá a la humanidad en el riesgo del suicidio colectivo. De estas conclusiones se derivan a su vez los principios de la pedagogía de la esperanza, que se basan en creer que un sistema sólo es posible si la humanidad está viva. La vida no es una abstracción, ni un sistema infinitamente maleable y por ende desechable a voluntad del ser humano, sino que posee sus propias leyes y alternativas específicas.

Con todo ello, se trata de enfatizar el hecho de que para que exista el sistema es necesario que esté presente la vida, y que ésta a su vez tiene como condición de necesidad la esperanza. Que al igual sobre la idea de la Pedagogía del Reconocimiento no se puede remitir al ejercicio del deseo en subjetividades individuales, por el contrario su significado está en la apropiación colectiva del deseo de vida plena para toda la humanidad, desarrollando de manera privilegiada la compresión hermenéutica que significa que toda acción pedagógica deberá tener conciencia de la racionalidad interpretativa y la acción transformadora que ejerce el conocimiento.
A tal efecto, la pedagogía del reconocimiento, vista desde un ejercicio de encuentros con el otro -nos, se sustenta en la hermenéutica como forma de racionalidad simbólica, porque habla de un proceso de fusión de horizontes que tiene como base el diálogo (sincrónico-diacrónico compresivo) entre diferentes culturas, tradiciones e individuos. Esta racionalidad hermenéutica produce el modo de ser del reconocimiento en el mundo. Si bien es cierto que como sujetos siempre nos encontramos situados y por lo tanto condicionados, la praxis hermenéutica no da siempre la condición de posibilidad de un mundo simbólicamente abierto.
Es decir, los procesos hermenéuticos apuntan siempre hacia la construcción de un mundo donde todos somos capaces de reconocer la existencia del otro como parte de la propia vida y en la pedagogía de la esperanza se refuerza la intención de la pedagogía del reconocimiento al tener como base el aprendizaje y la enseñanza de la hermenéutica compresiva y crítica en cuanto a praxis, ya que ésta desarrolla la competencia interpretativa de los procesos sociales y humanos.
En este contexto puedo traer a la reflexión pensar si la responsabilidad ética es el mantenimiento de la producción, reproducción y desarrollo de la vida, la pedagogía del reconocimiento ligada a la hermenéutica producirá siempre el diálogo que permite interactuar en contexto de complejidad como exhortación hacia la apertura, la relación, la pluralidad y el reconocimiento de la individualidad del otro. Un mundo con sentido ético deberá estar guiado por ese reconocimiento del otro, de la producción, reproducción y desarrollo de la vida plena, aunque para esto se necesite de una praxis de compresión a todos los niveles.
Por su parte, Prieto (2012) en su diagnóstico sobre las discontinuidades en el aprendizaje cívico de los jóvenes en los ámbitos de socialización formal e informal, empleó una metodología etnográfica basada en la apreciación y en la realización de entrevistas formales en profundidad. El propósito de este diagnóstico, se centró en la concepción de la educación desde el enfoque de la creencias de presupuestos que, en lugar de favorecer una relación de alteridad caracterizada por el reconocimiento mutuo, generan relaciones de extrañamiento del otro.
El otro, es semejante pero distinto, el ser humano adquiere conciencia de sí mismo en relación con él: porque alguien lo nombra, le otorga un nombre que lo identifica, lo reconoce como otro, dando pasos a la conformación del yo. Sin embargo, el otro es también la presencia distinta, otra, desconocida. El ser humano no puede concebirse sin la referencia al otro, pero tampoco puede reducirse a él. Esta dualidad, esta posibilidad de vivir con, pero nunca en, hace de las relaciones humanas un espacio de tensión entre “uno mismo” y “otro”. Pero ésta tensión existente entre ambos requiere de aprendizaje para mantener el equilibrio que permite que el otro no nos sea radicalmente ajeno, pero tampoco dar la impresión de quedar reducidos a él o él a nosotros.
De allí, surge la inquietud de llegar al ¿para qué?, del aprendizaje de la relación con los otros, lo cual constituye no una experiencia que los educadores pueden transmitir a los sujetos que se educan, sino una serie de competencias, destrezas y habilidades en la que los profesores han de preparar a los educandos para paliar conflictos sociales, políticos o cívicos.
Asimismo, la relación con los otros, el encuentro privado y público con ellos, la presencia de los otros propios o ajenos, conocidos o desconocidos, se ha convertido en un discurso despojado de su significación, que aporta conductas de no-acción, pero no criterios para la acción. La mirada al otro y su imagen transmitidas en el proceso educativo no pueden reducirse a los encuentros que con ellos tendrán en el ámbito cívico. Por ello, es necesario poner el acento en la ética que propone el reconocimiento, que incluye a todos los otros, sean éstos conocidos o desconocidos, se encuentren en una relación íntima o pública, sean seres queridos o totalmente ajenos.
Educación. Un Arte Erigido para Hacer del Hombre un Ser Humano Humanizado
Los seres humanos, desde sus orígenes, se congregaron para enfrentar el medio a través del cual adquieren lo necesario para vivir y desarrollarse, manteniendo una correspondencia activa con éste, estableciendo a su vez los modos para relacionarse e interactuar con los otros en la búsqueda de soluciones a los retos que implica la integración y la supervivencia de unos, y otros. Como colectivos, descubrieron, crearon, desarrollaron significados, representaciones e imaginarios vinculados con el contexto socio-histórico en el que van emergiendo, comenzando a estructurar las bases de su cultura, un fenómeno que se enriquece en la complejidad de las relaciones con los otros y en las relaciones sociales.
Es así, como los seres humanos no se encuentran solos ante el mundo que los rodea, la relación con éste se mediatiza por sus relaciones sociales, expresadas en las formas de actividad conjunta, las formas de comunicación, sus pensamientos, constituyendo esto, condición necesaria y específica de la vida del hombre en sociedad, la cual, según Urrutia (2003), es un sistema de interrelación que pone en contacto a los individuos que comparten la cultura en común. En este sistema de interrelaciones los seres humanos desarrollan su naturaleza social, que se construye a lo largo de la vida, en el proceso de apropiación, de aprehensión o asimilación, de la cultura creada por las generaciones anteriores.
De esta forma según Dumoulin (1973), cada nueva descendencia empieza su vida en el mundo de los objetos y fenómenos creados por las precedentes, el pensamiento y los conocimientos de cada una , se forman apropiándose de los avances ya alcanzados por la actividad cognoscitiva de las anteriores




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* Torrealba
FUNDACION PARA LA PAZ DE AMERICA LATINA FUNDAPAZ DE AMERICA LATINA. c, Venezuela