El surgimiento de barrios, poblaciones y villas en el Gran Santiago desde fines de la década del treinta en adelante, ha estado atravesado por cambios sociopolíticos, económicos, culturales y urbanos que han afectado la forma de relacionarnos y vincularnos socialmente, y tanto en el período nacional-popular como en el neoliberal, los pobres urbanos han desarrollado estrategias de acción colectiva y formas de cohesión para desafiar las desigualdades sociales y urbanas, y así mejorar sus condiciones de vida colectivamente.
Hacia la década del cincuenta no había dudas que el acceso a la vivienda era el problema social más grave de Chile. Fiel reflejo de esto fue Santiago, ciudad que comenzaba a no dar abasto frente a las oleadas migratorias que venían desde el campo, atraídas por el crecimiento industrial urbano. En su lucha por revertir las desigualdades sociourbanas existentes, los pobres urbanos comenzaron su búsqueda por un lugar donde poblar. Ocupando los márgenes de la ciudad, levantaron callampas y estrategias comunitarias de sobrevivencia, transformándose en productores del espacio urbano, en permanente tensión con el modo de urbanización capitalista, y en búsqueda por su integración en sociedad. En un ambiente marcado por las tensiones entre desarrollo y dependencia, y por la influencia de visiones distintas sobre marginalidad urbana y promoción popular, los pobladores se fueron convirtiendo en un actor político, y mediante la lucha social y política levantaron tomas de terrenos, generaron procesos de autoconstrucción y autogestión popular, además de vínculos con partidos de centro izquierda e iglesia católica, interpelando al Estado por el derecho a la ciudad. Esta constituye la esencia de lo que denominamos tipológicamente barrios nacional-populares.
Por otra parte, el golpe de Estado y la dictadura militar iniciada en 1973, emprendieron la tarea de eliminar las bases de la sociedad nacional-popular y debilitar a los actores sociales, mediante asesinatos y violaciones a los derechos humanos, persecución a dirigentes y la desarticulación de los partidos políticos. Los pobladores, vistos como una amenaza proletaria, también fueron perseguidos, desarticulados y disgregados por la periferia urbana santiaguina. Las reformas neoliberales y la transferencia de poder a los actores económicos, iniciaron un proceso de liberación del suelo urbano que erradicó y radicó pobladores hacia sitios de bajo valor económico, los endeudó a partir de subsidios de viviendas de baja calidad, segregándolos socioespacialmente, y profundizando problemáticas sociales y la proliferación de guetos urbanos. Si bien, los pobladores sortearon las crisis económicas, el hambre y la represión con audacia comunitaria y cohesión. Y, a su vez, combatieron la dictadura desde sus propios territorios, jugando un papel esencial en el retorno a la democracia. También fueron despolitizados y acostumbrados al asistencialismo y a la relación clientelar. Y fragmentados en sus vínculos comunitarios, bajo un modelo que rompió con la colectividad e hizo primar la lógica individual propia del mercado y el consumo. Estas serían las características que constituyen a los barrios neoliberales.
Bajo esta comprensión tipológica, realizamos un estudio comparado de cohesión barrial entre barrios nacional-populares (BNP) y barrios neoliberales (BNP), buscando conocer la calidad de las relaciones sociales y comunitarias que presenta cada tipología barrial en la actualidad, explicando los hallazgos a partir de sus orígenes sociopolíticos y urbanos, y a condiciones materiales concretas, las cuales nos permitirán comprender cómo se manifiestan las desigualdades sociales y urbanas en los barrios del Gran Santiago bajo el neoliberalismo avanzado.
El estudio se realiza en base a metodologías mixtas de investigación, bajo un modelo secuencial de técnicas de producción de datos cuantitativos (CUAN) y cualitativos (cual). A partir de una muestra aplicada en trece barrios de distintas comunas del Gran Santiago durante el año 2013 (N=2718), segmentamos el conjunto y proponemos una construcción tipológica aplicada al estudio barrial, en base a dos grandes periodos de la historia reciente de Chile: barrios nacional-populares (1949-1973 / 6 barrios / N=1253) y barrios neoliberales (1984-2003 / 7 barrios / N=1465). Aplicamos un Modelo Factorial del Ítem (AFI) en base a nuestro modelo teórico, que comprende la cohesión barrial como un constructo complejo y multidimensional, asociado a cinco factores sociourbanos: el arraigo barrial, el capital social vecinal, la participación comunitaria, la calidad del espacio público y la seguridad barrial. El buen ajuste del modelo, con valores de RMSEA (0,052), CFI (0,934) y TLI (0,924), nos permite conocer los factores que más influyen en la cohesión barrial, y construir un Índice de Cohesión Barrial (ICB) para diferenciar entre tipologías y barrios. Los datos obtenidos los ilustraremos con testimonios de pobladores en torno a factores de cohesión barrial, los cuales fueron obtenidos a través del análisis de contenido de 13 grupos focales donde participaron 98 vecinos/as de los barrios de estudio, como parte de la metodología cualitativa, la cual también incluye visitas y etnografías barriales.
En términos generales, los resultados del estudio nos muestran que los BNP presentan mayores niveles de cohesión barrial que los BNEO en todos los factores y, principalmente, en el arraigo barrial y en las condiciones de seguridad barrial. Con respecto al arraigo, las diferencias son notables. Indicadores como el orgullo barrial, el sentido de pertenencia y la satisfacción por vivir en el barrio son mucho más altos que en los BNEO. Con respecto a la seguridad, en los BNEO son mucho más bajos y están asociados a la insatisfacción por vivir con altos niveles de inseguridad en las calles y por problemas de convivencia entre vecinos y violencia asociada. En este sentido, existe una alta correlación entre seguridad y arraigo barrial (0.707), que nos explica que a menor seguridad, menor arraigo barrial, y viceversa. A su vez, la seguridad también se intercorrelaciona con la calidad del espacio público (0.626), el cual se encuentra bajo peores condiciones en los BNEO, ya que los vecinos de estos barrios los asocian más a malas prácticas como el consumo de drogas y la delincuencia, que tienden a retraen a los pobladores hacia el mundo privado. Esto último dificulta enormemente el establecer y mantener relaciones de confianza, cooperación y reciprocidad, que medidas como capital social, se encentran en mayor medida en los BNP. En esta tipología, los años de convivencia y de conocimiento entre vecinos les han permitido estrechar lazos, y sumado a una mayor tradición participativa, hace que los vecinos establezcan mayores niveles de cohesión barrial. Sin embargo, cuando abordamos el factor participación comunitaria, vemos que en la actualidad ambas tipologías presentan muy bajos niveles, síntoma de la sociedad neoliberal actual, individualizada y con menos intereses en proyectos colectivos.
Los BNP poseen mayores niveles de cohesión barrial que los BNEO producto de las condiciones históricas en que surgen, como un legado que se ha transmitido hacia otras generaciones, y que son motivo de orgullo y de sentido de pertenencia barrial para la gran mayoría de los pobladores de esta tipología. El echar raíces en torno a una población levantada por los propios pobladores, es reconocido por los ellos como algo valioso, tanto por la gesta de producir socialmente su hábitat, como por el afecto, los recuerdos y los vínculos que han construido y que los unen al territorio. Este arraigo genera a su vez mayor sensación de seguridad barrial entre los pobladores. Además, sus viviendas son más amplias y presentan una ubicación pericentral que les permite mayor conectividad en la ciudad. Estas características constituyen la diferencia fundamental entre BNP y BNEO.
Por su parte, la condición de erradicados y segregados con que brotan los BNEO, generan menos arraigo en sus pobladores, quienes poseen un bajo nivel de orgullo barrial, y muchos de ellos se irían del barrio si tuvieran la oportunidad, ya que no se encuentran satisfechos con la convivencia y la seguridad barrial. Además, al ser más periféricos, deben sufrir mayores costos en tiempos de traslados diarios, la ausencia y/o escasez de servicios básicos, poseen menores espacios en sus viviendas y en el espacio público barrial, menos áreas verdes, mayor nivel de hacinamiento y concentración de problemáticas sociales y pobreza, como condiciones materiales concretas que producen insatisfacción en los pobladores.
En este sentido, reconocemos desigualdades sociales y materiales entre ambas tipología y, sin duda, la política pública mantiene una deuda histórica con los pobladores del país. Principalmente con los barrios neoliberales, quienes sufren las mayores desigualdades, expuestos a peores condiciones sociales, urbanas y ambientales para el buen vivir. Nacidos bajo una política nefasta, muchas veces celebrada por la reducción del déficit habitacional, lo cierto es que los BNEO se presentan en una condición desventajosa para alcanzar el buen vivir.
En un contexto actual de profundo individualismo, baja participación y encapsulamiento en el espacio privado, es fundamental comprender la cohesión barrial como un constructo multidimensional que nos ayude a emprender un trabajo de rearticulación colectiva a nivel barrial, donde se vuelva a conjugar la articulación de lo social y lo político, donde las insatisfacciones se logren transformar en un ejercicio de derecho a la ciudad y a un hábitat adecuado, y donde se promuevan espacios de construcción de prácticas cooperativas y de autogestión popular que históricamente han desplegado los pobladores, superando a la política pública y demostrando que pueden ser más satisfactorias para el buen vivir.