El presente trabajo, analiza la relación entre la explotación bananera y la consolidación de un modelo de acumulación basado en la desigualdad y la explotación. El banano ha sido clave en la historia del Ecuador. Tradicionalmente el crecimiento del sector se basó en la combinación de una fuerte demanda de mano de obra con bajos salarios y una reducida paga a los pequeños productores, una dinámica que permitió el enriquecimiento del sector exportador, los grandes productores, y en menor medida a mediados productores, pero perpetuó la miseria de la mayor parte de la población rural del país (Larrea,1987). Desde el inicio, encontramos fuertes vínculos entre las elites bananeras y el Estado , que estarán presentes, de diferentes maneras, a lo largo de la vida política del país incluyendo el último periodo. La influencia de las élites en el Estado, como lo observa Liisa North (1986), les ha permitido hacer de este la base de su acumulación y “diversificación” económica.
Tras la crisis del cacao (1920-1941) la hacienda tradicional cacaotera es «remplazada» por la gran propiedad «moderna» dedicada a la producción de banano y caña. Lo que nos interesa resaltar de este periodo conocido como el boom bananero (1948 -1964) es la transformación profunda en la economía del país, y especialmente en las formas de vida y producción de la Costa mediante la expansión de la frontera agrícola que llevo a una fuerte migración de la Sierra a la Costa (Larrea, 1985). Este escenario, genera un nuevo proceso de acumulación por medio de un proceso «modernización forzada» con apoyo en inversión estatal, que transforma a los campesinos en trabajadores agrícolas bajo relaciones laborales (Herrera, 2015). El Estado participó del boom bananero con una importante inversión en infraestructura vial y portuaria y mediante la promoción de programas de colonización y crédito a los nuevos productores bananeros, estableciendo un modelo en el cual la mayoría de la producción estaba en manos de empresarios nacionales, mientras que se estableció un control monopólico de la exportación en pocas empresas, principalmente trasnacionales1 (Acosta, 2006). De este modo, se consolida hasta la actualidad, una dependencia de la gran mayoría de los medianos y pequeños productores con las empresas exportadoras que en su mayoría son de capitales extranjeros.
Este sistema representa una doble estrategia de las multinacionales, quienes por un lado , al no manejar plantaciones propias evitaban los “conflictos sociales” al no tener ninguna relación directa con la mano de obra local (Martínez, 2005) y por otro lado amortiguan los flujos del mercado internacional con la fruta proveniente de los pequeños y medianos productores que terminan asumiendo las pérdidas cuando el mercado se deprime (Acosta, 2006).
Durante el neoliberalismo las empresas recurrieron en gran escala a la tercerización de su personal, en el caso de los trabajadores bananeros, la tercearización se daba a partir de personas que enganchaban a los trabajadores y los llevaban temporalmente a diferentes plantaciones2 generando una aparente separación entre la esfera productiva y reproductiva del trabajador, tornando invisible al capital y al dueño de los medios de producción (Martínez, 2005). Ademas, el alto grado de rotación dificultaba la organización de los trabajadores en sindicatos para defender sus derechos.
Tras sucesivas crisis políticas, la Constitución de 2008 representó avances en torno a derechos laborales que, junto a la recuperación del Estado como garante de derechos básicos, auguraban una mejora en la calidad de vida. En este sentido el Mandato No. 8, expedido por el ex-presidente Rafael Correa al inicio de su gobierno, marcó un punto de inflexión al prohibir la tercerización laboral y cualquier forma de precarización. Sin embargo, los empleadores encontraron formas de evadir las leyes, mediante estratagemas legales o incumpliendo abiertamente las normas ante la ineficiencia de los controles y al amparo de la burocracia estatal.
Actualmente el banano junto al camarón representan los principales productos de exportación no petrolera del Ecuador sin embargo, al estudiar el sector, lo primero que nos llamó la atención es el reducido porcentaje de organizaciones sindicales reconocidas de manera oficial y nos propusimos indagar sobre las condiciones laborales y la libertad sindical en el sector.
El presente trabajo presenta un análisis a partir del estudio de 7 casos entre 2015 y 2017, para dilucidar los factores estructurales y los mecanismos de presión de las empresas bananera que limitan el derecho de los trabajadores bananeros a libre asociación sindical y muestran como, a pesar de los discursos modernizantes y de superación de las viejos modelos, se reactualizan practicas asentadas en un modelo de explotación, represión y persecución sindical a los trabajadores que permite sostener un modelo de acumulación sostenido en poderes familiares que constituyen grupos económicos, anclados localmente a redes clientelares (L. Ojeda, 1983) que conservan hasta la actualidad su capacidad de incidencia en los poderes locales e incluso nacionales.
En este escenario, el trabajo también recoge las estrategias desplegadas desde los trabajadores para encontrar formas organizativas y mecanismos de denuncia de las condiciones laborales, especialmente las acciones llevadas adelante por la Asociación Sindical de Trabajadores Agrícolas, Bananeros y Campesinos (ASTAC), a quienes apesar de que les fuera negado el estatus de Sindicato funciona como una organización de hecho, y desarrolla una importante actividad asesorando a los trabajadores tanto para formar sindicatos de empresa como para exigir la realización de inspecciones y realizar acompañamiento legal a los trabajadores y ha desarrollado una serie de estrategias de denuncia y posicionamiento a nivel internacional.