Con la fundación del Instituto Superior de Arte (1975), nombrado en la actualidad Universidad de las Artes de Cuba (UAC), se lleva a cabo un proceso de enunciación de nuevos principios artísticos acorde a los presupuestos sociopolíticos y culturales impulsados por la revolución cubana. Bajo esta égida nacen las primeras promociones de artistas, llegados de los más diversos segmentos de la sociedad, que se proponen acercar el arte a la vida, al tiempo que enjuician las fisuras tanto estéticas como ideológicas del sistema imperante. Muchos de estos creadores de vanguardia comienzan a ocuparse de la docencia e introducen renovaciones en la base programática del ejercicio pedagógico, llegando a considerar dicha práctica educativa como una variante de su labor artística.
El devenir de este proceso se advierte desde dos flancos. Por una parte, está latente la idea de un compromiso desde el arte y para con el arte mismo, una noción de reescritura del acto creativo que implica una deconstrucción a ultranza de los modelos que rigen el comportamiento psíquico-mental e histórico del sistema artístico. Por otra, se manifiesta una poderosa necesidad de vínculo con la realidad cotidiana y traslado de la experiencia cognoscitiva al otro, al sujeto común, como una vía para la transformación social y cultural en su más amplio sentido.
Dos son las iniciativas de mayor envergadura y relevancia en la escena artística cubana, nacidas al calor de los debates y reflexiones universitarias. Por una parte destaca el proyecto “Desde una pragmática pedagógica” (DUPP) creado a finales de los años noventa por el reconocido artista y profesor René Francisco Rodríguez; y por otra sobresale el “Departamento de Intervenciones Públicas” (DIP) surgido en el 2002, a cargo del también profesor y creador, actual Decano de la Facultad de Artes Visuales J. Ruslán Torres. Como consecuencia de ambas experiencias aparece el concepto de proyecto artístico-pedagógico, que se manifiesta a través de una práctica grupal sui géneris, en la que dialoga una eficaz noción integradora entre educación y creación. La concreción de estos proyectos, reside en un acto performático que varía en dependencia de la situación coyuntural específica a la cual se aplica. Esto la vincula con una acción premeditada que disiente del criterio trascendentalista de subjetividad individual. No obstante sugiere, en todos los casos, una continuidad con la práctica creativa personal del individuo que lo pone en acto, siendo esta vez, de marcado carácter colectivo.
Esta noción de proyecto artístico-pedagógico implica a su vez una separación de la clásica práctica docente, pues no es común su materialización en los diversos niveles de la enseñanza artística. Sin embargo, ha sido posible su ejecución en el nivel superior correspondiente a la Universidad de las Artes, dado el proceso de depuración y especificación a en dichos predios, que posibilita este híbrido singular entre labor docente y creativa, en un cuerpo en el que no se puede distinguir la una de la otra. De ahí quizás, su acentuado viso terapéutico.
Más allá de las particularidades de ambos proyectos, su accionar se inscribe cabalmente dentro de los presupuestos que definen al arte cubano de finales de los noventa e inicios del nuevo milenio, no sólo porque sus integrantes son el producto escolar y social de ese tiempo, sino porque conjugan una serie de características que le son comunes. Por una parte proponen entender el arte como un modo de vivir lo real cotidiano, en cuyo marcado carácter efímero va implícito un enfrentamiento a la noción de consumo artístico y mecenazgo cultural. Por otra reeditan la preocupación sociológica y la apertura de nuevos espacios para el pensamiento, como respuesta a la crisis sociocultural imperante en la época. A su vez, promueven la abdicación hacia la concepción tradicional del arte y el papel rector de la Institución Arte.
Pese a que ambas propuestas ponen en evidencia con sus intervenciones los mecanismos inoperantes de las instancias nacionales de poder (artístico, político, sociocultural), la convivencia con dichos estratos son los que finalmente legitiman y validan a estos proyectos, y esta legitimación es la que sigue aprovechándose para iniciar transformaciones en otros espacios. Así convive el deseo insurgente del cambio social con la anuencia del Poder; dados en René Francisco por medio de actos efímeros e imaginarios y en Ruslán Torres, viceversa, a través de actos imaginarios efímeros. En René, está primero la realización del deseo de transformación por medio de pequeños espacios recuperados, transgrediendo las fronteras de lo artístico o incluyendo dentro de las mismas a la propia vida. En Ruslán, inicialmente topamos la imaginación del deseo por medio de la re-presentación, de la autonomización del espacio imaginario, otro camino posible para ejecutar la acción transformadora.
Estas propuestas artístico-pedagógicas resultan nuevas estrategias para vivenciar la creación. Una suerte de invención de espacios reales e imaginarios alternativos a la dominancia contextual -aunque sin desestimar esta dominancia- y de tenaz redefinición a propósito de la misma. Por otra parte constituyen la búsqueda de esa nueva noción de realidad que nace de autoinventarse, de corregirse, de liberarse. Es esta la carta de triunfo que esgrimen estos profesionales, tanto en los predios institucionales para los cuales laboran, al introducir una variante de nuevo tipo en la plataforma docente, que disiente del tradicional modus operandi establecido en toda academia superior, como en el medio artístico que constantemente redefinen con sus prácticas grupales.