Los Programas de Transferencias Condicionadas (PTC) son una modalidad de intervención gubernamental extendida en América Latina y el Caribe para atender a la población en situación de pobreza y pobreza extrema, que no sólo han logrado crecer en número sino también consolidarse al aumentar los montos de las prestaciones monetarias ofrecidas, incrementar su cobertura y, en muchos casos, asegurar su institucionalidad dentro de los sistemas de protección social de cada país.
Existe una abundante producción académica internacional, regional y local en torno de los PTC. Muchos trabajos, a partir de las distintas experiencias regionales, describen de modo detallado y comparable los diversos aspectos de estos programas. Otras producciones reconstruyen diversas experiencias de PTC, en particular aquellas consideradas emblemáticas. Sin embargo, son escasas las investigaciones vinculadas a las expectativas que producen estos programas, en especial desde la perspectiva de las propias familias. Indagación que permite comprender las implicancias que los PTC tienen a nivel microsocial y los efectos que éstos no se proponen desde sus diseños.
En este sentido, nos proponemos indagar en el caso de la Asignación Universal por Hijo para Protección Social (AUH) y sus implicancias en las expectativas de las familias destinatarias en el contexto de su surgimiento y consolidación (2009-2015), a partir de las reflexiones y análisis surgidos del trabajo de campo realizado en un municipio del segundo cordón del Gran Buenos Aires con familias en situación de pobreza persistente y con alta dependencia del Estado.
Consideramos que la transferencia monetaria de la AUH, acompañada de otro conjunto de intervenciones sociales y en un contexto económico expansivo, otorga cierta previsibilidad de ingresos a las familias, tornando más plausible la ampliación de los márgenes de acción y, por ende, de sus expectativas a fin de atender otras necesidades más allá de su reproducción básica. En este marco, nos interesa la indagación respecto a las expectativas de los destinatarios de las políticas, específicamente qué significa estar mejor y cuáles son los canales que se proponen para lograrlo las familias en situación de pobreza persistente con alta dependencia del Estado, teniendo en consideración sus deseos, aspiraciones y apuestas pero sin perder de vista sus particulares condiciones de existencia y su trayectoria social.
De los relatos de las familias entrevistadas surgen expectativas vinculadas al acceso al trabajo, a la educación y a la vivienda (a los fines de este trabajo nos centraremos en el análisis de las expectativas ligadas al trabajo). En este sentido, la obtención de un trabajo estable se presenta como la principal aspiración dentro de los objetivos familiares que fueron mencionados, como vía de acceso a una mejor calidad de vida, por ende, de progreso. Es importante tener en consideración que estas expectativas en las que el trabajo adquiere centralidad no son elaboraciones puramente subjetivas, sino que están permeadas por estas “disposiciones duraderas y transferibles”, capaces de organizar representaciones y prácticas, a las que Bourdieu (2013) denominó “habitus de grupo o de clase”. De ahí que son fruto de “imágenes heredadas” de lo significó el trabajo en nuestro país a lo largo de todo el siglo XX y que se encuentran arraigadas en el imaginario popular, condensando sentidos asociados a la integración social, al acceso a derechos y a la protección, a un horizonte de certidumbre y seguridad, a la movilidad social, a la dignidad, todos aspectos simbólicos que han dejado huellas en los esquemas de percepción y apreciación de los sectores populares. Asimismo, resulta pertinente señalar que desde 2003 el trabajo volvió a adquirir centralidad al articular el discurso oficial como fundamento de las políticas socio-laborales del período, enfatizando su papel como fuente de inclusión social como así también su capacidad socializadora y proveedora de dignidad, bajo la premisa “la mejor política social es el trabajo”.
La expectativa de acceder a un trabajo no posee una significación única, asumiendo diversos sentidos según los casos. En la mayoría de los relatos, las entrevistadas expresan con claridad la aspiración a un trabajo formal y de calidad (“un trabajo digno”) para ellas o sus compañeros que les garantice las seguridades y derechos que tal inserción posibilita, tomando como punto de referencia para la comparación los trabajos precarios, mal pagos e inestables a que los que están acostumbrados debido a trayectorias laborales signadas –según los testimonios- por informalidad, bajos salarios, desempleo e intermitencia en el vínculo con el mercado de trabajo o por la changa como actividad económica central para garantizar el sustento de sus familias. También se presentan situaciones en las que el trabajo es pensado en términos de emprendimiento, “algo propio para darle un buen fruto”, que se proyecta en diversidad de rubros. Por último, se observan relatos en los que el deseo de obtener un trabajo se plantea de manera genérica, sin distinción respecto de la calidad esperable del mismo. En estos casos el trabajo es considerado una vía para mejorar las condiciones de vida de la familia pero lo deseable se encuadra en lo posible, es decir la expectativa de acceder a un empleo de calidad está atada a la conciencia respecto de la necesidad de terminar los estudios y/o capacitarse para ello.
En este marco, resaltamos la “capacidad de aspirar” en términos de Appadurai (2004 y 2013), es decir, la capacidad de proyectar su existencia en el tiempo. Sin embargo, esta aspiración que constituye “lo deseable” se tensiona con “lo posible” en el marco de las probabilidades objetivas de lograrlo. El deseo de acceder un trabajo estable y de calidad se enfrenta a un mercado laboral formal sin capacidad de absorber mano de obra no calificada. Esta indagación resulta relevante frente a un nuevo contexto político a partir de la asunción como presidente de Mauricio Macri, quien encarna un proyecto político-económico con una orientación respecto a las intervenciones sociales del Estado diferente a la del gobierno anterior, configurando un escenario que no necesariamente puede significar una real y efectiva continuidad y ampliación de los procesos iniciados mediante la AUH. Los cambios macroeconómicos que afectan las fuentes de trabajo (formal e informal) hacen que políticas como la AUH, aunque fundamentales como plataformas de bienestar, en los casos de pobreza crítica y persistente ponen en riesgo la seguridad alimentaria de los mismos, mientras que las familias que están en una frontera fluctuante entre pobre y no pobre pierden las chances de movilidad social que ofrece un contexto económico favorable (Clemente y Maglioni, 2016).