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Resumen de ponencia
“El aguante como motivación violenta en las barras mexicanas”

*Jorge Rosendo Negroe Alvarez



Las barras llegaron oficialmente a México el 26 de Enero 1996, con la presentación de la Ultra Tuza, barra del Pachuca. Desde entonces, el movimiento de las barras bravas en el país se ha ido reforzando gracias a los medios de comunicación, a la asistencia de la gente a los estadios y “al incremento de jóvenes fanáticos que buscan identidad y fugas a la expresión de sus energías, enojos, e insatisfacciones, que a veces tienen cierto gusto por pelear y excederse. Aunque, por supuesto, no todos los que van a estadios o ven futbol terminan convirtiéndose en barristas (Ávila 2017, comunicación personal).
Entonces, el grupo de aficionados designados como “barras bravas”, está compuesto generalmente por hombres jóvenes de entre 15 y 25 años de edad, no siendo excluyente esta clasificación, pues también se integran mujeres y personas de mayor o menor edad de la mencionada, ellos se demuestran en oposición a los otros aficionados; representándose como jóvenes rebeldes y “desmadrozos”, siempre sintiéndose superiores a los demás aficionados, por su forma más entregada de alentar al club durante los partidos (Magazine, 2012).
Actualmente cada equipo de futbol de la LIGA mexicana cuenta con al menos uno de estos grupos de animación. No se trata de colectividades que ejerzan la violencia sin sentido, por el contrario, en ocasiones la utilizan como una herramienta para legitimar su pasión al club ante “los otros” por medio del aguante.
El aguante para las barras mexicanas, será definido con un concepto propio, creado con ideas de Alabarces (2010) y Zambanglione (2011): Siendo una motivación violenta proveedora de prestigio, concretada en el hecho de poner en acción el cuerpo, demostrando fortaleza y masculinidad al mantenerlo llevando a cabo acciones visuales y sonoras de aliento al equipo, así como soportando combates, viajes, clima, hambre y demás sufrimientos; actuar que se apoya en el discurso homofóbico y machista que construye la legitimidad masculina en la violencia contra el otro; pero además cruzado por el “desmadre”.
El desmadre, concepto importante en México, lo defino como una dinámica de violencia juguetona que sirve de cohesión social, compuesta por insultos y/o agresividades toleradas con el fin de humillar pero también de reconocer la pertenencia al grupo.
Ofrezco entonces un intento de clasificación de las manifestaciones violentas más representativas que se dan entre las barras mexicanas en el ejercicio del aguante. No se trataría de una clasificación reduccionista, por el contrario, es un intento de entender más a fondo el funcionamiento que tiene la violencia dentro del imaginario barrístico mexicano. La división principal será entre “Violencia Física” y “Violencia Simbólica”.
A grandes rasgos, el rubro “Violencia Física” incluiría las expresiones y situaciones donde haya contacto físico con intención violenta, entonces propongo que se podría dividir en “Autoviolencia” y “Violencia externa”.
La Autoviolencia puede ocurrir hacia el grupo pero también hacia los mismos individuos, estaría conformada por la “resistencia corporal” ante los daños físicos de las peleas y del aliento al equipo, entre otras cosas. Probar esta resistencia corporal es una acción que se debe realizar ante las adversidades y los golpes (tanto físicos como emocionales) para impactar en la colectividad y ser reconocido por el grupo y por “los otros” como un poseedor del “aguante”.
La “Violencia externa” incluiría entre otras cosas, a los “Combates”, entendidos como enfrentamientos físicos a golpes o con otros artefactos, que tienen como finalidad demostrar la superioridad al imponerse sobre el “otro” y quitarle su aguante al hacerlo correr, consiguiendo en el proceso trofeos como banderas o “trapos”. En los partidos de local la prioridad es la defensa del territorio ante los intrusos que lo intentarán mancillar, esto les da justificación a los barristas para ser hostiles con “los otros”. Este tipo de enfrentamientos si bien no ocurren seguidamente, si son utilizados por los medios de comunicación para señalar a la barra como un grupo violento, desorganizado y sin otro fin que el de causar problemas a los clubes y a los espectadores.
El combate físico en México ocurre la minoría de las veces, pues al no ser posible que pase todo el tiempo, los barristas buscan formas de conseguir esas victorias, por eso canalizan la agresión en “Violencia Simbólica”, expresada así mismo en “Autoviolencia” y “Violencia Externa”.
La “Autoviolencia” hacia el grupo y/o individuo comprendería al “desmadre”, el cual es considerado como una de las categorías que sirven de cohesión social dentro de las barras bravas mexicanas, además de utilizarse para recalcar las expresiones identitarias colectivas. Roger Magazine (2008) dice que los miembros de las porras utilizan e invierten el desmadre. Los miembros de la barra se vuelven entonces “portadores” del desmadre en el viaje hacia el partido o en el estadio mismo.
Finalmente la “Violencia Externa” de corte simbólico comprendería los discursos de intimidación tanto orales como físicos, entre los que destacarían las groserías expresadas contra “los otros”, pero también los cánticos barrísticos con contenido de supremacía, de aliento al equipo, de denigración del “otro”, de insulto al contrario y de feminización (debilitamiento) para los rivales.
En las barras mexicanas existe otro discurso simbólico de intimidación, el cual se concreta por ejemplo, en transportar la mayor cantidad de aficionados a los estadios visitantes para “coparlo” en lo que se denominaría una “invasión”, cuyo fin es apoyar al equipo y vencer en la grada, pero también, en caso de pasar a la “violencia física externa” defender al grupo que viaja. Lo más importante entonces será la conquista simbólica del estadio por medio del aguante, cuya victoria en la grada dejará una huella en el imaginario de la barra que lo consiga.
Conclusiones:
Este texto es un extracto de una investigación de Tesis para obtener el grado de Maestro en Estudios de la Cultura y la Comunicación por la Universidad Veracruzana. En la cual se realizó un esquema para ejemplificar las manifestaciones violentas del Aguante (esquema que se mostrará durtante la presentación de la ponencia).
En una situación de combate, las violencias tanto físicas como simbólicas tenderían a converger en mayor o menor medida dentro del mismo, configurándose en groserías, propinas y soportar golpes, así como incitar a los demás a no retirarse.
Entonces el aguante se convierte en un capital simbólico que todas las aficiones quieren dominar pues “cada demostración de bravura, fervor y de fidelidad será un punto a favor” (Julian Gil, 2007, p. 42). Ya que existe la creencia entre los barristas que debido a que su apoyo se origina dentro de ellos y se extiende al equipo, “tienen el potencial de inspirar a los jugadores y de esa manera afectar el resultado del partido” (Magazine,2008, p. 81), de ellos dependerán entonces las victorias del equipo.
Alejándose del sentido violento argentino, reguladas por la FEMEXFUT y desprestigiadas por los medios de comunicación, las barras bravas en México se encuentran en una fase donde suceden muy pocos (y mediáticos) casos de enfrentamiento violentos entre ellas.
A causa de la violencia que se encuentra presente en el imaginario barrístico, invito a hacer una reflexión sobre lo que creo puede ser el enfoque para lograr una evolución social de las barras en México.
BIBLIOGRAFÍA.
Alabarces, P. (2010). Entre la Banalidad y la Crítica: Perspectivas de las Ciencias Sociales sobre el Deporte en América Latina. En S. Martínez López, & Coordinador, Futbol-Espectáculo, Cultura y Sociedad, una revisión Crítica al Negocio Mundial. México, DF: Universidad Iberoamericana.
Gil, G. J. (2007). Hinchas en tránsito: violencia, memoria e identidad en una hinchada de un club del interior (Primera Edición ed.). Mar del Plata, Argentina: EUDEM.
Magazine, R. (2008). Azul y oro como mi corazón: Masculinidad, juventud y poder en una porra de los Pumas de la UNAM. México, DF: Editorial Universidad Iberoamericana.
Magazine, R., Martínez López, J. S., & Varela Hernández, S. (2012). Afición Futbolística y rivalidades en el México contemporáneo: una mirada nacional. México, DF.: Editorial Universidad Iberoamericana.
Pérez Toledo, J. C. (2017). Chiles y Jóvenes Barristas: Control Social, Represión y Discriminación. En O. Fernández Vergara, & R. Soto Lagos, ¿Quién raya la cancha? : visiones, tensiones y nuevas perspectivas en los estudios socioculturales del deporte en latinoamérica (págs. 159-173). Buenos Aires: CLACSO.
Zambaglione, D. (2011). El aguante en el cuerpo: construcción de identidad de los hinchas de un club de futbol argentino. Berazategui, Buenos Aires, Argentina: Engranajes de la Cultura.




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* Negroe Alvarez
"RED de INVESTIGADORES sobre DEPORTE, CULTURA FÍSICA, OCIO y RECREACIÓN" RED. CDMX, México