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Resumen de ponencia
Fundamentos de un plan de investigación acerca de la masificación y homogenización de la escolaridad en América Latina

Centro para la Investigación como Crítica Práctica - CICP (Argentina)

*Luisa Iñigo



La contribución expone los fundamentos de una investigación sobre las expresiones latinoamericanas de los procesos presentes –de alcance global– de a) masificación de niveles educativos anteriores y posteriores al primario y b) homogeneización de determinados aspectos de las subjetividades individuales que los estudiantes producen en sí mismos en su tránsito por el ciclo inferior del nivel secundario. El intento de identificación de los procesos sociales que explican la masificación y esa homogeneización relativa encuentra, en la región, el desafío adicional de dar cuenta de por qué y cómo éstas no han sido incompatibles con la degradación de las condiciones de reproducción de los trabajadores y sus hogares, visible a partir de las décadas de 1970 y 1980 en la evolución de los salarios reales y la tasa de desocupación. Resulta llamativo que, más allá de momentáneas aceleraciones y reversiones parciales, ambas líneas de transformación parecen haberse desarrollado persistentemente a través de expresiones políticas que se ven a sí mismas como antagonistas absolutas unas con respecto a otras.
Iñigo Carrera (en, entre otras obras, 2008, 2012a, 2012b) ha desplegado paso a paso el argumento formulado por Marx (1998 [1867] y 2001 [1953]) acerca de cómo, cuando la organización general del trabajo social (y, por tanto, del consumo social) se realiza a través de la condición de individuos libres de dependencia personal que guardan entre sí los seres humanos, como sucede en el modo de producción capitalista, su relación social general está portada en los productos del trabajo como el atributo de su cambiabilidad. Cómo, entonces, los productos del trabajo en su intercambio recíproco ponen en relación a sus poseedores y la unidad de la organización del proceso de metabolismo social se establece automáticamente y aparece como un atributo del producto del trabajo social (Marx, 1998: 87-91; Iñigo Carrera, 2008: 13). Cómo este atributo se enajena como la capacidad para poner en marcha el trabajo social con el objeto de producir más capacidad para poner en marcha el trabajo social automáticamente, esto es, como capital (Marx, 1998: 184-189; Iñigo Carrera, 2008: 12-3). Cómo ese movimiento existe como relaciones indirectas de cambio y de competencia en la compra y la venta entre poseedores de mercancías y cómo estas relaciones no pueden existir de otro modo que portadas en las relaciones directas que constituyen el contrato de compraventa y la práctica de la competencia entre personificaciones de las mercancías (Marx, 1998: 104; Iñigo Carrera, 2012a: 13). Cómo, en consecuencia, es posible distinguir analíticamente dentro de la unidad de la relación social un contenido económico (las relaciones antagónicas indirectas de intercambio y competencia) de su forma jurídica de realizarse (las relaciones directas entre personificaciones de mercancías). Cómo estas relaciones directas, portadoras de las relaciones indirectas de cambio y competencia, alcanzan de manera general a los individuos situados en ambos polos del intercambio de la mercancía específica que resulta crucial para la reproducción ampliada de esta modalidad del metabolismo social, la fuerza de trabajo, determinando como miembros de la clase obrera a las personificaciones de la fuerza de trabajo y como miembros de la clase capitalista a las personificaciones del capital, y como relaciones políticas a las relaciones directas entre una y otra clase e internas a cada polo. Cómo la necesidad del capital total de la sociedad de que la venta de la fuerza de trabajo se realice por su valor toma forma en la lucha de clases y cómo ésta, a su vez, para que el movimiento de la acumulación de capital se realice de manera fluida, debe tomar forma en la relación de ciudadanía del estado (Iñigo Carrera, 2012a y 2012b; Starosta y Caligaris, 2017; Caligaris, 2012; sobre la base de Marx, 1998, cap. 8 del T.1). Cómo, en fin, la conciencia y la voluntad de los individuos y los colectivos de individuos no son otra cosa que las portadoras de la organización del proceso de metabolismo humano, lo que en el modo de producción capitalista quiere decir las portadoras del movimiento del capital total de la sociedad.
Es así que, para responder las preguntas enunciadas, se sugiere un abordaje que no parta de suponer unas relaciones económicas, unas relaciones de poder y una escuela, cada una existente por sí, que haya luego que poner en relación recíproca. En cambio, se propone tomar las transformaciones en la escolaridad y remontarse hacia su interior para indagar cuáles son los cambios en la vida social que expresan. Como parte de ese camino, se postula que el contenido fundamental del proceso de escolarización hace a la producción de los que Marx llamó “atributos morales” de los trabajadores, cuyo centro es la libertad personal con respecto a relaciones directas de autoridad y sujeción (Starosta y Caligaris, 2017), forma concreta de la subordinación de los individuos al poder social como atributo de las cosas.
En esta línea, se postula la importancia de considerar el papel de América Latina en el pasaje de la división internacional del trabajo clásica a la nueva división internacional del trabajo para dar cuenta de los procesos referidos y sus modalidades.




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* Iñigo
Centro para la Investigación como Crítica Práctica - CICP. Ciudad Autónoma de Buenos Aires., Argentina