Después de cien años de la reforma universitaria iniciada en Córdoba, Argentina, los estudiantes universitarios en tiempos contemporáneos han empezado a cuestionar la posición actual de los espacios universitarios. El movimiento estudiantil universitario en Honduras es un ejemplo claro que ha resistido a la reforma educativa neoliberal a través de la acción colectiva (Escobar & Barahona, 2017; Pérez, 2017). Al interrumpir la verticalidad de la política en tiempos en que la comunidad se disuelve y cuando la hiper-modernidad invade con sus falsas promesas desarrollistas e individualistas, los estudiantes están empezando a narrar su propia historia dentro de un contexto post-golpista en el cual ser activista, militante, periodista, o ambientalista, por ejemplo, equivale a la muerte. ¿Si la ideología neoliberal es una fuerza global y colonizadora (Escobar, 2010), será que la construcción de identidades colectivas y el compromiso social en espacios donde la individualidad y la competencia suelen prevalecer revelan que la “opción decolonial” y la decolonización de la universidades en Honduras es posible (Mignolo, 2011)? ¿Qué podemos aprender de los estudiantes que eligen el compromiso social sobre el “éxito” individual?
Se sabe muy bien que los intelectuales de nuestra américa están creando otros discursos y prácticas de conocimientos que se han distanciado de las prácticas miméticas coloniales de la producción del conocimiento (Castro-Gómez, 2005; Cusicanqui, 2012; Mignolo, 2011; Quijano, 2000; Walsh, 2012). Este alejamiento, sin embargo, no significa que el discurso dominante se ignore totalmente. De hecho, las epistemologías del Sur (Santos, 2015) encuentran fortaleza en saber lo que es o no es enunciado sobre el sur. Para desligarnos del occidente, uno debe comprometerse a la geopolítica del conocimiento (Mignolo, 2000, 2011, 2012). En otras palabras, el locus de enunciación — el lugar donde la epistemología usualmente se esconde en el punto cero (Castro-Gomez, 2005) — se toma en serio para interrumpir la colonialidad del poder, el saber, y el ser. El lugar donde todo conocimiento es situado (Haraway, 1988), por lo tanto, es un marco conceptual útil para entender cómo la acción colectiva tomada por los estudiantes conlleva la producción de conocimiento, la formación de “comunidades de práctica” (Lave, 1991), y la reivindicación de relaciones colectivas (Zibechi, 2012) que a la misma evitan que las políticas educativas neoliberales se articulen y cristalicen dentro de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras.
Los estudios que examinan cómo los estudiantes universitarios resisten la globalización neoliberal en América Latina se enfocan en los recientes movimientos estudiantiles en chile (Bellei, Cabalin, y Orellana, 2014; Cabalin, 2012, 2014; Stromquist & Sanyal, 2013). Aunque estos estudios examinan los movimientos estudiantiles, suelen basarse a la economía política, la teoría de la modernización, o a la teoría de la movilización de recursos (Robertson & Dale, 2015), olvidándose del campo sociocultural donde los conocimientos se producen intersubjetivamente. Adicionalmente, estos estudios olvidan que los movimientos estudiantiles emergen no de una comunidad estudiantil sin conflicto sino de la acción colectiva que fortalece un sentido de una identidad política—entendidas siempre como incompletas y contradictorias (Melucci, 1996)—para resistir los fundamentos curriculares de las políticas educativas neoliberales. Para entender cómo los estudiantes transforman el espacio colonial universitario en un lugar cultural, político, y decolonial, se requiere repensar cómo la etnografía comprometida (Escobar, 1992) puede informar cómo las identidades colectivas se articulan dentro de la universidad, siempre en relación con la sociedad y los movimientos económicos y políticos transnacionales (Escobar, 2007). Sherry Ortner (2016) proporciona una distinción conceptual útil entre etnografías “oscuras,” etnografías del bien, y etnografías de la resistencia (p. 47). Por un lado, esta presentación intentará demostrar que la teoría decolonial paradójicamente puede ser fortalecida a través de la etnografía (y viceversa), aunque es una metodología históricamente colonial. Por otro lado, los conocimientos y prácticas de resistencia construidas colectivamente por el movimiento estudiantil universitario en Honduras formará el eje central de este estudio.
References
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