El mundo del siglo XXI evidencia extremos de pobreza, desigualdad e injusticia por doquier. La brecha respecto de la apropiación de la riqueza, entre países desarrollados y subdesarrollados o periféricos es inmensa. La creciente pauperización de quienes no poseen los medios de producción y la concentración de la riqueza en pocas manos, alcanzan niveles extraordinarios. Se acusa muchas veces de estas situaciones, a la falta de desarrollo. Sin embargo, en esta ponencia, esperamos mostrar que son un producto de la forma que adquiere el desarrollo de la acumulación capitalista en esta fase de su desarrollo a escala global, junto a las expresiones particularizadas y singularizadas en América Latina y Argentina.
Se propone recuperar los debates en torno al desarrollo, en clave latinoamericana a través del análisis de la actual propuesta extractivista minera en San Juan, Argentina. Se abordaran los fundamentos en los que se sostiene, en tanto pilares sobre los que se generan adhesiones al modelo productivo. La arremetida de la acumulación capitalista y su visión univoca del mundo ha penetrado profundamente las subjetividades de la subalternidad, desplazando a los márgenes a toda forma de protesta o de resistencia al avance de su lógica predatoria.
Para describir los actuales debates latinoamericanos sobre desarrollo de la región en relación a la economía mundial, recuperaremos algunas categorías centrales de la gran obra de Marx, El Capital y otras desarrolladas por el teórico de la dependencia, el brasileño Ruy Mauro Marini, que permiten caracterizar esta fase del desarrollo de la acumulación a escala planetaria, enfocando la situación de los países periféricos.
Salvando las distancias con los tiempos históricos en los que Ruy Mauro Marini escribe su obra, es posible señalar la vigencia de sus razonamientos por el análisis materialista y dialéctico que aplicó al estudio de la dependencia latinoamericana y que contribuyen a entender la situación en el siglo XXI (Katz, 2018). En la teoría de Marini, la principal causa del subdesarrollo es el estrangulamiento de la demanda, por la sobreexplotación del trabajo que se evidencia en bajos salarios y desocupación. América Latina se inserta en el mercado mundial reproduciendo la lógica que rige la acumulación capitalista, según la cual para “(…) coadyuvar a la acumulación de capital con base en la capacidad productiva del trabajo, en los países centrales, América Latina debió hacerlo mediante una acumulación fundada en la superexplotación del trabajador” (Marini, 1991:12)
Ya a finales de los años 80, Marini entendió que la internacionalización de la producción se vinculaba con la super explotación del trabajo. Es lo que Katz llama globalización productiva, que se caracteriza por el aumento de la gravitación de empresas transnacionales en países periféricos, sumado al abaratamiento del transporte y la revolución tecnológica. Esto implicó un “[…] nuevo modelo manufacturero-exportador de la periferia gestionado por las firmas multinacionales.” (Katz, 2018: 1)
Los Estados – Nación son funcionales a la acumulación, y en última instancia utilizan el poder de sus aparatos estatales para defender los intereses de los capitales nativos. Pero su rol fundamental es la mediación que facilita la explotación de las clases trabajadoras, esto es la construcción de una gubernamentalidad neoliberal.
El capitalismo del siglo XXI obedece, esencialmente las mismas leyes de acumulación planteadas por Marx. Tal como explicara el dependentista brasileño Marini, cuya teoría se basa en la vigencia de la ley del valor trabajo y la competencia entre capitales por la obtención de mayores plusvalías. Así, los fenómenos del atraso relativo de unos países respecto de otros puede entenderse por las características particulares que presenta en algunos territorios, la ley del valor trabajo.
La economía mundial constituye una unidad de múltiples determinaciones (idea de totalidad) por lo que la internacionalización del capital debe analizarse en conjunto con la dinámica interna en la periferia. Marini señala que parte de las ganancias extraordinarias de los capitales de los países centrales, son posibles por la incorporación de los países dependientes a la economía mundial. Derivado del proceso de expansión del capital y la división internacional de trabajo, se abarataron los bienes que conforman la canasta básica de los trabajadores de los países centrales, lo que permite la extracción de plusvalías extraordinarias. Identifica como causa de la dependencia a la superexplotación del trabajo, la que se explica por las leyes de la acumulación a escala mundial.
Astarita señala algunas debilidades de la propuesta de Marini; en primer lugar, a veces pierde de vista la fuerza explicativa de las relaciones de clases (burguesía y proletariado) que son postergadas por relaciones entre países. Esto conduciría a la errónea idea que la explotación se daría entre países, no entre clases. En segundo lugar, Marini no resuelve bien las características particulares que adquiere la acumulación capitalista, la plusvalía, la formación diferenciada de valor a partir de diferentes productividades y la dinámica de los mercados en los países dependientes. En tercer término, la supuesta incapacidad de desarrollo de las fuerzas productivas en la periferia, debido al estrangulamiento del mercado no habría sido acertada ya que el comercio internacional resolvía ese problema.
Para terminar, haremos referencia a la propuesta de Astarita para comprender el problema del desarrollo en América Latina. Este autor indica que a partir de las manifestaciones particulares y singulares de la ley general de funcionamiento del capitalismo, es posible explicar las características que el capitalismo adquiere en formaciones dependientes. Hoy más que antes es evidente que la industrialización latinoamericana no está estructuralmente limitada por la falta de poder adquisitivo de los sectores populares. El valor solo se genera en la producción, y se realiza en la venta. La súper explotación del trabajo no es un obstáculo para la acumulación, sino una característica de las formaciones dependientes. La incorporación del capital extranjero a la estructura productiva dependiente no impide la formación de burguesías nativas (explotadoras y relativamente poderosas). La innovación tecnológica posibilita la obtención de más plusvalía, porque el trabajo actúa como trabajo potenciado (generando más valor que el que se genera con tecnologías previas).
A partir de la recuperación de algunas explicaciones vigentes sobre la situación latinoamericana en el siglo XXI, podríamos decir que las teorías de la dependencia hoy se integran a un conjunto de explicaciones sobre el imperialismo que rige la economía global, y cuyas miradas dejaron de ser eurocéntricas (Boron 2008). Hay un intenso trabajo entre el norte y el sur, unificado por la perspectiva crítica del capitalismo que hoy nos hace poner el foco en las nuevas formas de explotación y dominación. El capitalismo es una formación social e histórica con una increíble dinámica auto - regenerativa. Tenemos una gran tarea por delante para develar las lógicas que obstaculizan la liberación.
El desarrollo en el siglo XXI puede entenderse como la forma particular en que la expansión de los capitales en el mundo, va configurando las estructuras territoriales, productivas, sociales. Implica participar en el desenvolvimiento de la producción a escala planetaria, liderado por enormes corporaciones transnacionales (muchas de ellas más grandes que muchos Estados nacionales y manejando cifras muy superiores a los Productos Brutos de muchos países). El desarrollo es dirigido por enormes poderes facticos -fundados en la riqueza y las armas- que lideran el bloque histórico, ocultando ante las mayorías la verdadera naturaleza de la acumulación y explotación; construyendo una falaz imagen de un mundo que enarbola principios de progreso, racionalidad, libertad, respeto por los derechos humanos: el fetiche del desarrollo.
Desarrollo -desde la perspectiva dominante- implica la naturalización de un modo de producir, de vivir, de consumir; un modo de ser en el mundo: el modo capitalista. Se presenta como lo real, lo existente, lo inamovible, lo incuestionable, lo imparable. Incluso, se presenta como el motor, el deseo que moviliza a los pueblos. Cuando en realidad, solo moviliza al capital y a sus aliados estratégicos: la compleja arquitectura de organizaciones internacionales.
La formación histórico - social capitalista, genialmente descripta en la obra de Marx, continúa desarrollando las fuerzas de producción (materiales e intelectuales) que en su seno caben. Las contradicciones se agudizan. El mercado mundial evidencia la vigencia de la ley del valor trabajo. La competencia de capitales y la innovación tecnológica configuran un mapa geopolítico cuyo origen puede situarse en la expansión de la lógica de la acumulación, en la búsqueda de los capitales por la obtención de ganancias extraordinarias, más que con relaciones de dominación entre Estados. No es porque no existan relaciones de dominación y subordinación entre Estados, sino que éstas derivan del proceso de acumulación capitalista y de las formas que adquiere la expansión de capitales en esta fase, reconocida como neoliberalismo.
El neoliberalismo otorga contenido explicativo y de gubernamentalidad a los requerimientos de las corporaciones que gobiernan el globo. Sin detenerse en su afán de lucro, de control y disciplinamiento, la farsa del desarrollo le sirve de ropaje al rey. Pero tal como contara la fábula, el rey iba desnudo envuelto en ropas que las personas tontas no podían ver (según se dijo) y al que solo la inocencia del niño no contaminado con la estrategia de dominación, pudo señalar como realmente desnudo.
El desarrollo… está desnudo.