El presente trabajo pretende resaltar el “estado del arte” sobre los asalariados temporarios en el agro latinoamericano. Para ello nos valemos de los trabajos generados en el GT de CLACSO que participamos.
Así, analizamos, las recientes transformaciones producidas en el agro latinoamericano por la “modernización” de sus procesos de producción, la expansión de los complejos agroindustriales y la creciente urbanización de la fuerza de trabajo, y, sobre todo, como han confluido en un cambio en las características del empleo rural. El mercado de empleo, como espacio de interacción de la demanda y la oferta de trabajo se ha visto alterado por estas transformaciones.
Lo que hemos señalado se producen en todos los países de la región, a impulso de los diversos Complejos Agroindustriales que operan que operan en ella. Nos encontramos ante mercados de empleo por rubro de producción, que se yuxtaponen en la demanda por mano de obra y situaciones de contrato que alteran el antiguo contacto directo del patrón con el peón de campo, dando lugar a procesos de tercerización y subcontratación de mano de obra.
Mediante el desarrollo de las tecnologías y el aumento del capital aplicado a la producción agrícola se ha aumentado la productividad del trabajo, así se han alterado los ciclos de trabajo anual produciendo una expansión de los puestos de trabajo zafrales y una reducción de los puestos de trabajo permanentes, modificando la forma de relacionarse de los demandantes y demandados.
Las características básicas que han adquirido los asalariados en este “nuevo orden” o nuevo patrón de desarrollo agrario derivado de las transformaciones, es un actor sin tierra y a su mismo tiempo que reside en el medio urbano o suburbano en su mayoría, y el hecho aún más novedoso, es que gran parte de estos poseen la característica que no lo vinculan con generaciones anteriores que se dedicaban al trabajo en la tierra. Aunque no se puede dejar de lado que aún existen en América Latina una gran masa campesina, la cual las relaciones salariales las ocupan gran parte del año.
Constatada esta problemática, los asalariados transitorios pasan a confrontarse con un ciclo anual de trabajo zafral, que cuando quedan desempleados de dichas tareas zafrales en una agroindustria, se emplean en circuitos urbanos o suburbanos. Existe de esta manera una complejización del mercado, donde se comienza a evidenciar una yuxtaposición de los mercados de trabajo urbanos y rurales.
Ahora, estas especificidades de la agricultura en relación con otros sectores económicos no son nuevas, sino que por el contrario estas ya se vislumbraban cuando, por ejemplo, se analiza en las postrimerías de la modernización, la existencia de una relación simbiótica o un dualismo funcional entre la pequeña y la gran propiedad. En este caso la mano de obra temporal era suministrada por la pequeña producción campesina o por las familias de trabajadores asentados en las grandes propiedades.
Pero, sin embargo, se ha observado en las últimas décadas una existencia de trabajadores temporales en la agricultura que no tienen su origen en esta pequeña propiedad. Son trabajadores cuyas características son la permanencia de las actividades temporales, cuyo empleo depende de la estacionalidad biológica y de trabajo de los diferentes cultivos.
Por lo tanto y debido al auge de productos destinados al mercado externo, y a la especialización de la producción en ciertos rubros exportables, la concentración mayoritaria de la población proletaria rural se ubica en torno a empresas que se han especializado en un solo producto, o a conjunto de empresas regionalizadas y concatenadas en la demanda de mano de obra temporal. Este requerimiento temporal no solo es intenso en una época del año, sino que también lo es en la intensidad de la jornada laboral, trabajando la mano de obra en épocas de zafra entre 12 o 14 horas diarias.
Debido a las características delineadas anteriormente, una gran masa de gente tiene una relación intermitente con el mercado de trabajo, como lo es el caso de los zafreros, además que aún continúa un sinnúmero de agricultores familiares donde su fuerza de trabajo no tiene ninguna relación con el mercado de trabajo asalariado.
Aún más, esta relación de intermitencia se relaciona con la intervención en el mercado de empleo rural de instituciones diferentes de aquellos que demandan u ofertan trabajo, como por ejemplo son los contratistas de fuerza de trabajo temporal.
Los trabajadores temporales, a nuestro entender, constituyen un actor social del medio rural y urbano que requiere una mayor profundización en el conocimiento que se tiene acerca de ellos, ya que se estima que estén ocurriendo, inclusive, diferenciaciones importantes al su interior, que en alguna manera altere su composición y complejidad. También es de citar que las características de precariedad descritas en esta capitulo impida que se constituya como un actor cohesionado, o sea, que estaríamos ante la emergencia de un actor que tendría vedadas sus capacidades de organización debido a las características de su empleo.