En base a observación y participación en numerosos festivales de cargo en un pueblo del oriente del estado de Yucatán, México, esta investigación estima que la feligresía, autodenominada católica, y la iglesia católica mexicana utilizan nociones divergentes pero complementarias de “compromiso”. Para realizar un análisis no reduccionista de dicho concepto es necesario que la Antropología del Catolicismo (Mayblin et al., 2017) incorporare a algunas categorías teológicas, como la de “acomodación”. En este texto se describe cómo ambas partes, feligreses maya-hablantes y un sacerdote dominicano, realizan una acomodación paradojal de la economía sacrificial (Coleman 2011) de la otra, tergiversándola creativamente.
La topología del compromiso católico es necesariamente compuesta y paradojal. Su naturaleza es intencionalmente parasitaria. En el pueblo de X dicho compromiso se nos presenta como parasítico de las promesas que los encargados se realizan entre sí y a los distintos seres no-humanos (Dios, cruces, Yuuntsilo’ob, Santos, encargados y especialistas rituales). La significación primaria de dichas promesas tiene por objeto, a su vez, a la entrega (missum) de un objeto. Dicho objeto puede ser una caja de cervezas, una olla de relleno negro, uno o varios días de trabajo para ayudar al encargado en la organización del festival, o el festival mismo, entre otras posibilidades. Pero la coincidencia etimológica entre missun, pro-missum, y com-pro-missun, no debe hacernos pensar que dichos términos designan conceptos simples engarzados simétricamente unos dentro de otros produciendo estructuras más complejas; como por ejemplo lo están esos juguetes, las matrioskas, la mayoría de las cuales son, al mismo tiempo, contendedores-contenidos. Dejando de lado el hecho de que dichos términos no sólo designan entidades conceptuales sino también refieren a experiencias, prácticas, afectos y procesos intencionales, desde el punto de vista meramente formal la dependencia mutua de dichos conceptos, en el caso maya, reside en significaciones primarias, mientras que en el católico, en una significación agregada o parasitaria.
El concepto de compromiso remite, así, a toda una suerte de socialidad difusa que implicaría, en sí mismo, una serie de transacciones. Estas, a su vez, pueden representar desde una obligación polimórfica (legal y/o moral, y/o estética, y/o social, etc) hasta la proximidad física del sujeto comprometido con su objeto. Pero la normatividad del compromiso se instaura como una mediación necesaria en los intercambios directos (sean estos sacrificiales o comerciales). Y esta mediación debe necesariamente ser paradójica. Esta paradoja se compone de un desentendimiento entre las referencias del sacerdote, como representante de la iglesia, y de los fieles mayahablantes, a las distintas relaciones de “compromiso”. Ambas partes no sólo divergen en sus definiciones y prácticas de compromiso. Tan o más importantes que sus definiciones son las redefiniciones que del concepto y de la participación del otro hacen el sacerdote, los ritualistas y de los ritualistas, el sacerdote. Las mismas se formulan en términos propios y contradictorios. Así, por una parte, el sacerdote intenta que “compromiso” sea una relación de relaciones, para finalmente definir el marco institucional de los fieles con su iglesia; mientras que por otra parte, los patrocinadores de los festivales buscan que el “compromiso” emerja en forma de pacto inter-pares, con el objetivo último de lograr una efectividad ritual tendiente a la regeneración óntica. La existencia de la noción amplia de compromiso, propuesta por el sacerdote, tiene otra función manifiesta, además de contener la noción local mediante la representación de una oposición. El compromiso católico busca construir iglesia. Mientras, la noción local es mucho más instrumental, pero está dirigida, nada más y nada menos, que a regenerar la vida a corto plazo. Teniendo en cuenta la mencionada historia de conflictos y desencuentros con la iglesia católica y con los intereses que muchas veces ésta ha representado en la zona, los resultados de este estudio difícilmente puedan transpolarse a todos los usos de la palabra “compromiso” en México y Latinoamérica. Sin embargo, es probable el estudio de las distintas versiones de esa noción sea clave para Latinoamérica, así como también, la aplicación sociológica del concepto teológico de “acomodación” podría explicitar variados usos paradójicos pero no contradictorios del término “compromiso”.