América latina ha sido uno de los escenarios históricos de la colonialidad del poder, es decir, desde épocas remotas, ha estado subyugado a ideas eurocéntricas que de manera violenta fueron impuestas a las comunidades ancestrales que habitaban el continente. Con el tiempo, la violencia en la imposición de la cultura fue aceptada socialmente, bajo la idea de la modernidad, con la que también se impulsaba el derecho a la propiedad privada, la acumulación de capital y la autonomía del ser sobre la naturaleza; por lo que los países en el afán de conquistar el poder empezaron a correr tras la carrera del desarrollo y crecimiento económico impulsado por el capitalismo. No obstante, en medio de la prisa de ser “países con economías desarrolladas”, socialmente iniciaron a generarse dinámicas de desigualdad, pobreza y marginalidad insostenibles, por lo cual, como manera de mitigar las consecuencias sociales, se crearon las políticas para atender las necesidades básicas de los sectores vulnerables, y como una manera de contener una posible revolución social frente a la inconformidad que generaban las grandes brechas económicas que proponía el sistema.
De manera paralela, en la sociedad se venían gestando ideas que criticaban fuertemente el paradigma de la modernidad, la globalización y el capitalismo; defendiendo la necesidad de rescatar la historia de los pueblos, y volver a las ideas ancestrales y a las construcciones propias de las comunidades; partiendo del reconocimiento de todos los miembros de la sociedad y del respeto de los individuos con la naturaleza. De igual forma, criticaban el sistema económico al ser un proyecto que olvidaba que los recursos son limitados bajo la premisa del crecimiento económico y que defendía la división social en razas, la legitimación de la burguesía, el hombre y “lo blanco”; negando, violentando y acabando todo lo que pudiera ser diferente. Esta propuesta se llamó decolonialidad, atendiendo a la necesidad de descolonizar el ser, saber, poder y hacer de las comunidades y sociedades oprimidas en la colonización y marginadas con la modernidad y el capitalismo, es decir, la colonialidad.
Desde los años 90, se han venido gestando propuestas frente a la necesidad de resignificar la naturaleza de las políticas sociales, ya que aunque surgen en el marco del capitalismo como una herramienta propia del sistema; en la actualidad tienen una incidencia que supera la mera atención asistencial, por lo cual se plantea la posibilidad de que se comprendan y planteen desde nuevas perspectivas epistemológicas para que logren aportar a la reproducción social, más que a la satisfacción de necesidades de sectores sociales específicos.
En el caso de Latinoamérica, se han desarrollado avances en la modificación del poder hegemónico, impulsando ideas de las comunidades propias de la región, un ejemplo claro de ello son las transformaciones de las naciones de Bolivia y Ecuador durante la década del 2000, en donde se alcanzaron triunfos populares que dieron paso a la reestructuración estatal por medio de reformas profundas que impulsan desde su concepción, un modelo alternativo al desarrollo, el buen vivir. A partir de estos cambios, todo el accionar del estado se modificó, usando las políticas sociales como más que un instrumento mitigador de dificultades y conflictividad social, como un vehículo para buscar el bienestar de las personas y la naturaleza.
Con el fin de desarrollar estas premisas, en primer lugar, se estudia someramente el concepto de decolonialidad y el de políticas sociales, con el fin de presentar una reflexión en torno a la posibilidad de integrar ambas, a partir de una propuesta de reconfiguración de la naturaleza de estas y del Estado. A continuación, ejemplifico por medio de los planes de desarrollo de Bolivia y Ecuador, la principal tesis: es necesaria una reconfiguración del estado y sus mecanismos de poder, para resignificar las políticas públicas como potenciadoras de comunidades locales hacia modelos decoloniales, como el buen vivir. Finalmente, se esbozan críticas frente al desarrollo y ejecución de los planes ejemplificados; como también, desafíos para las naciones latinoamericanas en la busca de bienestar y reivindicación social de los pueblos históricamente incluidos.
Vale aclarar que es una propuesta que aún es incipiente y busca únicamente dejar el debate abierto para nuevos y más profundos análisis alrededor de la decolonialidad como un proyecto social en construcción.