LA VIOLENCIA Y LAS PARADOJAS DEL CONTROL SOCIAL EN AMÉRICA LATINA
Prof. Dr. José Vicente Tavares dos Santos (ILEA/UFRGS, Brasil)
Podríamos denominar a este período histórico la Era de la Mundialización de Conflictividades, marcada por la expansión de la producción industrial, por el adelanto de capital financiero, por la cultura post moderna, por el uso de las tecnologías de información y por la crisis social en el espacio mundial.
Nos enfrentamos a la crisis de la modernidad tardía, en que los conceptos de delito sufren grandes metamorfosis: predomina el individualismo, combinado con la privación relativa, la expansión de la desigualdad social, de la pobreza y de la vulnerabilidad social. Tal proceso de disolución de las estructuras del bienestar social ha resultado en una crisis de los controles sociales, tanto formales como informales, remplazados en el ámbito de la socialización por los medios de comunicación.
Una de las nuevas cuestiones sociales mundiales es la violencia difusa en la sociedad contemporánea. Tal fenómeno social puede ser llamado la microfísica de la violencia, concepto que posibilita la comprensión de los conflictos sociales y viene a subrayar la necesidad de un debate político sobre el control social.
Aparece, entonces, la normativización y la regulación de la experiencia social, apreciables en las tecnologías de poder centradas en la vida, y la violencia del Estado, hasta llegar a un proceso de criminalización de los movimientos sociales y de los ilegalismos populares. Por lo tanto, los fenómenos de la violencia adquieren nuevos contornos, pasando a diseminarse por toda la sociedad.
Esa multiplicidad de las formas de violencia presentes en las sociedades contemporáneas – violencia política, violencia económica, violencia social, violencia simbólica, violencia criminal, violencia ecológica, violencia entre los géneros, violencia de los racismos, violencia en la escuela, en los manicomios y en las cárceles – se configura como un proceso de dilaceramiento de la ciudadanía
Incluso, como efecto de los procesos de exclusión social, se incluyen las prácticas de violencia como norma social particular de varios grupos de la sociedad, norma social presente en las múltiples dimensiones de los actos de violencia.
La relación entre la conciencia colectiva de la seguridad o de la inseguridad, sea fundada en bases reales por el crecimiento de la violencia y de la criminalidad violenta, sea originada en bases imaginarias por un inconsciente colectivo marcado por la incertidumbre y por la inseguridad, configurase como una de las nuevas cuestiones sociales mundiales.
La violencia, una nueva cuestión social mundial, en una era de incertidumbres, afecta en particular a los jóvenes, víctima y agresores, que viven un mal estar de la civilización marcada por el individualismo y la cultura de vencedores y perdedores. También las mujeres sufren la violencia de genero. Todos están duplamente victimados por el racismo y por la desigualdad social, siempre acompañados por representaciones sociales y literarias.
En términos sociológicos, una red de investigadores construyó un campo intelectual denominado “Violencia, Seguridad y Sociedad”.
Al mismo tiempo, desde los años de 2000, se multiplicarán las experiencias políticas para prevenir y controlar la violencia y la criminalidad violenta. Pero, existe una paradoja: en los Gobiernos de Centro-izquierda, coexisten políticas de inclusión social con políticas de seguridad represiva. Esto es, no llegarán a superar el modo de seguridad pública. Permanece la tensión entre el Estado de Control Social Penal y los modos de Seguridad Humana y de Seguridad Ciudadana, un intenso proceso no lineal de transformaciones, tensas pero posibles.
En síntesis, el siglo XXI es caracterizado por una serie de elementos sociales y políticos que hacen más compleja la construcción de una seguridad ciudadana: la violencia difusa que produce un dilaceramiento de la ciudadanía; el rompimiento de la ética en la actividad pública; la diseminación de la corrupción en la administración pública; la mundialización del tráfico de drogas, de armas y de seres humanos (BRICEÑO LEÓN, 2015). Lo que se podría resumir cómo un el capitalismo delictivo y un poder criminal (PEGORARO, 2015).
Para visualizar una noción alternativa de seguridad ciudadana, en el contexto del siglo XXI, necesitamos partir de las luchas sociales. que definen hoy como objeto de discusión una nueva noción de seguridad. También se debe enunciar la emergencia de acciones colectivas y de trabajos institucionales como expresiones de un movimiento contra la violencia. Reconociendo, entonces, que las luchas sociales pueden renovar el reconocimiento de las diferencias y las posibilidades de un buen vivir en seguridad. Sin embargo, se produjo un nuevo paradigma, la “Seguridad Ciudadana”, la cual supone la construcción de un control social democrático, una organización policial transcultural, con respeto a los derechos humanos, con el predominio de programas de prevención y de mediación de conflictos. Retomase la cuestión de la democracia, donde la tensión orden y delito, o norma y violencia, apuntan a las posibilidades de procesos de prácticas de sí colectivas, emancipadoras y con virtualidades de apuntar a una sociedad con ciudadanía para todos.