En esta ponencia se analizará la incidencia de los evangélicos en la política uruguaya. La pregunta de investigación que intentaremos responder es cuáles son las cosmovisiones religiosas que inspiran el accionar de estos representantes políticos en el parlamento uruguayo, así como en otros ámbitos de la política uruguaya. Entre diputados, ediles y funcionarios del gobierno hay al menos 16 evangélicos trabajando en política. Mantienen reuniones de trabajo y reciben cada tanto la bendición de sus correligionarios, comprometiéndose a "hacer primar la ley de Dios". Es un fenómeno que si bien en la región ya está presente hace bastante tiempo, llega a nuestro país en forma rezagada pero para instalarse definitivamente. Según el sociólogo uruguayo Rafael Bayce, los evangélicos están avanzando en política y religión. Según dicho autor, “las creencias pentecostales o evangélicas forman parte dEe la oferta en un mercado de bienes simbólicos” por el cual optan las clases medias amenazadas de movilidad descendente y las que no acceden al paquete de bienes y servicios que el Estado mengua. “Pero esos bienes simbólicos no están totalmente desvinculados de la necesidad por bienes materiales, cuya provisión se confía mágicamente a sanaciones demoníacas y a actos de fe, en general monetariamente apoyados, por su puesto, a falta de suficiencia del Estado en proveer al deseo creciente y azuzado científicamente” (Bayce, 2017).
El autor señala que los mapas de intersección entre política y religión son apreciables e iluminadores de la realidad profunda en la que estamos inmersos, ya que en esa empresa de provisión de bienes materiales mágicamente provistos “van de contrabando creencias político ideológicas macro muy abarcativas” (Bayce, 2017). Para dicho autor, la oferta religiosa no está desvinculada de los modelos político económicos de los que parte de su racionalidad nació.
El universo evangélico en Uruguay
El sociólogo Pablo Guerra relevó en el año 1993 todas las organizaciones religiosas presentes en Montevideo. Si bien el investigador manifiesta haber tenido dificultades para acceder a todas las experiencias religiosas por su gran vastedad y muchas veces por la resistencia de algunas autoridades religiosas a ser entrevistadas, dicha investigación sirvió de base para el diseño posterior de varias encuestas y da cuenta del panorama evangélico en nuestro país.
Guerra agrupa como “Iglesias Evangélicas Históricas” a la Iglesia Evangélica Valdense en el Río de la Plata, la Iglesia Evangélica Metodista en el Uruguay, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, la Confraternidad de Iglesias Evangélicas Menonitas, la Primera Iglesia Evangélica Armenia, la Iglesia Evangélica Luterana Unida y la Iglesia Reformada Húngara.
Caracterizadas como “otras iglesias evangélicas” encontramos a la Alianza Cristiana y Misionera, Iglesia de Cristo, Iglesia Evangélica Bautista, Iglesia Ministerios de Gracia en el Uruguay, Iglesia del Movimiento Misionero Mundial en Uruguay, Christ Church, Nazarenos, Misión Evangélica e Iglesia Evangélica Armenia.
Dentro de las “Iglesias pentecostales”, Guerra agrupa a las Asambleas de Dios, Iglesia de Dios, Iglesia de Dios Pentecostal, Ondas de Amor y Paz, Dios es amor, Iglesia de Dios de la Profecía, Iglesia Pentecostal Unida Internacional, Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, Iglesia Pentecostal de los Milagros Primitivos y alrededor de 40 denominaciones menores.
Finalmente, caracteriza como “otras iglesias cristianas” a las siguientes iglesias: Ciencia Cristiana; Testigos de Jehová; Adventistas del Séptimo Día; Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones); Iglesia Nueva apostólica (origen Inglaterra).
Protestantismo popular
Como hemos explicitado al comienzo de este capítulo, a partir de las inmigraciones protestantes que llegaron a nuestro país desde fines del siglo XIX, el protestantismo, dividido en varias iglesias separadas, especialmente dentro del movimiento pentecostal, comienza lentamente a crecer y a disputarle al catolicismo la hegemonía que hasta entonces tuviera. La diversidad de orientaciones al interior del protestantismo respondería a que el mismo “desconfía a priori de una unidad institucional monolítica que se atribuya en exclusividad los derechos de interpretación de los textos”, como bien explica el Pastor evangélico uruguayo Emilio Castro (1969: 28).
Como señala la antropóloga uruguaya Tereza Porzekanski (2014), dentro de las corrientes protestantes y a lo largo del siglo, aparecieron diversas orientaciones, más allá de las tradicionales (presbiteriana, episcopal y metodista), siendo la más reciente el protestantismo de misión, en especial el de corte Pentecostal. En el caso de los movimientos pentecostales de visibilidad actual, provenientes principalmente desde Brasil, esta clase de autonomía es todavía más pronunciada habiendo encontrado campo fértil en los barrios de bajos recursos con necesidades materiales, señala la autora (Porzekanski, 2014: 29).
En palabras de Porzekanski: “con desarrollos propiamente latinoamericanos y practicando formas de revivalismo carismático dentro mismo de las iglesias protestantes, los nuevos pentecostales han creado sus propios seguidores y audiencias. Un cariz que parte de lo emocional aunque se vincula en definitiva con la aspiración a resolver los problemas materiales de los creyentes, parece caracterizarlos. Grupos tales como “Misión Vida para las Naciones”, “La Iglesia Universal del Reino de Dios” (“Pare de Sufrir”), “Dios es amor”, Iglesias neo Bautistas, Adventistas son algunos ejemplos” (Porzekanski, 2014: 29).
Veremos a continuación una caracterización más detallada de este fenómeno que se ha dado en llamar el “neopentecostalismo” y qué abordajes sociológicos ha tenido en nuestro país.
El Neopentecostalismo
El neopentecostalismo (Oro, 1992) se encuentra constituido por grupos religiosos que toman como base de su doctrina los textos bíblicos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Esto marca cierta analogía tanto con los católicos y los protestantes históricos como con el pentecostalismo “tradicional”. Sin embargo, la diferencia radica en tres aspectos fundamentales: el empleo casi excesivo de los medios de comunicación para difundir su culto, el fuerte carisma de sus pastores para captar fieles y la utilización de todo tipo de recursos para obtener beneficios económicos. Estos elementos han sido criticados por los otros movimientos cristianos. Las iglesias neopentecostales han ingresado a Uruguay en la década del setenta, fundamentalmente desde Brasil y Argentina, pero comienzan a tener relieve y visibilidad pública en la década de los ochenta y noventa (Da Costa, 2003: 77).
Dichas iglesias se caracterizan por estar compuestas por líderes carismáticos que presiden ceremonias de gran contenido expresivo y emocional, a través de la música, rituales de exorcismos y sanación, y discursos conmovedores que involucran una participación activa del público presente. A su vez, se destacan por un uso intensivo de los medios masivos de comunicación y por encontrarse estructurados empresarialmente con una amplia circulación de dinero.
Los fieles que asisten a dichos cultos provienen en su mayoría de otras religiones, y pertenecen a las capas sociales menos favorecidas, siendo atraídos por un discurso religioso que les propone soluciones espirituales para sus problemas cotidianos. Según Bastian “el pentecostalismo como religión del pobre es una expresión de una conciencia fragmentada que busca encontrar sentido a la marginación en la que se halla” (Bastian, 1997: 143).
Dicho autor distingue cuatro rasgos característicos del pentecostalismo: una teología oral, un decir glosolálico, un hacer taumatúrgico y una práctica exorcística (Bastian, 1997: 145). La teología oral supone la prevalencia de un discurso oral no sistematizado por sobre el estudio y la lectura crítica de los textos sagrados, lo cual supone un quiebre con la tradición religiosa cristiana. En cuanto al decir glosolálico, éste constituye el fenómeno de “hablar en lenguas”, que incluye dos tipos: la glosolalia (la emisión de sonidos ininteligibles que no forman parte de ninguna lengua) y la xenoglosia (hablar inteligiblemente una lengua que es desconocida por quien la emite) (Zalpa, 2003: 113). El hacer taumatúrgico por otra parte, consiste en la sanación física a través de los milagros, lo que la inscribe “en la prolongada permanencia de las tradiciones precolombinas y afroamericanas, en las que se puso siempre el acento sobre el carácter mágico de la curación” (Bastian, 1997: 145). En último lugar, la práctica exorcística supone la expulsión de los demonios que se han incorporado en los creyentes, a través de la “imposición de manos”.
En opinión de Ari Pedro Oro (2003), las controversias que el neopentecostalismo provoca en la prensa y en los medios académico y religioso, deriva de su capacidad de romper consensos más o menos establecidos. El tema de la economía y más específicamente, la importancia atribuida al dinero por la mayoría de las iglesias neopentecostales, es por cierto, el más controvertido. Mientras que otras religiones mantienen una relación esquiva con el dinero, las iglesias neopentecostales asumen un interés por él, le reservan sentidos positivos, constatándose una amplia circulación monetaria en sus templos. Si históricamente el dinero fue concebido por otras religiones como algo impuro, como cristalización del mal y de los vicios, en los neopentecostalismos el mismo es un símbolo de la fe que el fiel deposita en su Dios, donde prevalece la creencia de que la gracia esperada guarda relación con la cuantía ofertada.
El énfasis puesto en la magia por parte del neopentecostalismo, es otro punto que suscita controversias. En este tipo de manifestaciones religiosas la magia es utilizada para resolver problemas de la sociedad moderna, sobre todo los que atormentan a las personas en lo econòmico