Política y movimientos sociales: producción y reproducción de mundo
Arnaldo Delgado González
CIELA
El proceso de liberación tiene rostros reales, concretos, en sub-comunidades políticas que se encuentran en la invisibilidad e inaudibilidad del sistema, es decir, en su ámbito negativo, y que para constituirse como comunidad política, o Pueblo, necesitarán construirse un espacio en la política.
Para problematizar los espacios de incidencia de los movimientos sociales, en tanto sub-comunidades en miras a ser comunidad política, o Pueblo, es que será necesario preguntarnos por los territorios de disputa para instituir la potestad popular: sus distribuciones, sus anclajes, sus determinaciones y sobre todo por sus exterioridades. Nuestra tesis, es que el avance en desoprimir los territorios de opresión es condición para el tránsito de sub-comunidades a comunidad política, y que a su vez, este paso es condición necesaria para hacerse lugar, las y los comunes y corrientes organizados, en intervenir soberanamente en la disposición de sentido del mundo. El fundamento, por lo tanto, de la articulación para ser comunidad política será siempre por la soberanía y autonomía sobre los medios productivos y reproductivos del estar siendo en el mundo de las y los comunes y corrientes.
El mundo es escenario de las múltiples relaciones sociales en el ámbito cultural, y será entendido como la escenificación espacial del sentido, es decir, como la totalidad producida exterior al sujeto, pero cuya exterioridad está enmarcada por una totalidad de sentido: aquello co-conocido, co-construido y co-experimentado por los otros con anterioridad al nacimiento de uno mismo, y que constituye la mediación necesaria para la relación social.
El mundo es co-producido y co-construido, y se co-arma a través de la comunalización del esfuerzo y trabajo de las personas, pero la desigual distribución de roles en tal co-producción será objeto de la política. La disposición de los objetos en el mundo, es decir, el momento en que los objetos pasan a tener una compleja red de sentido, estará reservada para quienes posean los necesarios medios para producir económicamente y reproducir políticamente tal disposición. Por lo tanto, la soberanía sobre los medios poiéticos, en tanto intervención de la potencia humana sobre la exterioridad objetual a uno mismo, a la larga, dirá sobre la posibilidad de intervención en la producción y reproducción de mundo, y con ello, el juego o rol de las comunidades sociales en la distribución de lo posible.
Si entendemos lo político como la distribución social de lo posible, y a la política como el ejercicio de dinamización constante de tal distribución, nos daremos cuenta, entonces, que el espacio político es el lugar que tienen las comunidades en la producción y reproducción del mundo, y con ello, en la producción del sentido. Queda la pregunta, entonces ¿cómo los movimientos sociales van corriendo los cercos para hacerse de un lugar en el espacio político y hacerse Pueblo? ¿Desde donde partirán por organizar los cimientos de su potestas para el despliegue de su hiperpotentia?
En Chile, en el debate de las fuerzas políticas emergentes de cambio, el concepto de territorio, para designar el lugar para la movilización social, ha estado en la palestra y protagoniza parte de las proyecciones de superación del estado actual de opresión. Frases como “con los territorios”, “desde los territorios” y “hacia los territorios” en la argumentación política emergente, muchas veces se utilizan como comodines discursivos para connotar cierta adscripción, pero carecen, salvo pocas excepciones, de las delimitaciones conceptuales para cifrarlo en lo concreto de la táctica y estrategia política.
A grandes rasgos, si hablamos del espacio o territorio para instituir la potestad popular, y de los terrenos en donde se expresan las contradicciones del orden capitalista, colonial y patriarcal, nos daremos cuenta que no sólo se manifiestan geográficamente, sino que también de formas en las cuales una política revolucionaria debe incidir. Es por eso que deberemos cifrarlos, por un lado, en territorios geográficos, referenciables físicamente, y, por otro, en territorios no físicos, pero no por ello menos materiales, siendo en este último la sensibilidad y la cognición popular los territorios necesarios para la articulación intersubjetiva de las sub-comunidades en miras de ser Pueblo político. Tanto el territorio geográfico, como el territorio sensible-cognitivo, son parte de una relación mutua político-cultural indisoluble, y ambos deben ser foco de una filosofía política revolucionaria.
El paso de sub-comunidades a comunidad política es de lo que se trata. La recuperación del territorio sensible y del territorio cognitivo para la soberanía política no es sólo un fin, sino que es condición de articulación. No sólo será en una dimensión táctica y estratégica, sino que también será en la comunalización ética y estésica donde los movimientos sociales, en tanto sub-comunidades oprimidas, se jugarán la posibilidad de hacerse comunidad política y abrirse lugar tanto en la distribución de lo posible como en la distribución del ordenamiento productivo de sentido en el mundo.
El proyecto de totalidad para el despliegue de la hiperpotentia del Pueblo es un proyecto que requiere la disposición analógica a saberse violentados en común: uno mismo a la vez oprimido u oprimida en el sistema colonial, en el sistema capitalista y en el sistema patriarcal. Tal como dice el poeta chileno Mauricio Redolés en Bello Barrio: “Aquí nadie discrimina a los negros porque todos somos negros, aquí nadie discrimina a los obreros porque todos somos obreros, aquí nadie discrimina a las mujeres porque todos somos mujeres”. El pueblo es la comunidad articulada como un todos político de las y los subalternos. Es en ese saberse y sentirse en común donde hay una condición mínima para el paso de las sub-comunidades a la comunidad, o paso del movimiento social a un movimiento político.
En resumidas cuentas, la política revolucionaria por hacerse de un espacio político, a través de la hiperpotentia, es por la distribución igualitaria de lo posible a la hora de disponer con-sentido los objetos del mundo a través de la producción y su reproducción; es por la soberanía en los medios productivos y reproductivos para soportar nuestro estar siendo en el mundo; es por el lugar que tenemos en el ordenamiento de la vida social cotidiana.