La incorporación de la mujer al trabajo remunerado ha sido una línea de investigación de amplio interés en las últimas décadas. Principalmente, porque esta inclusión representa un hito clave desde las propuestas de la política pública para el empoderamiento económico de las mujeres y, además, porque aquello no ha estado ajeno de debates y tensiones respecto a la falta de profundidad con la que dicho proceso de transformación se ha llevado a cabo (Muñoz, 2017).
Las acciones políticas y los estudios académicos con perspectiva de género en el campo del trabajo han tomado fuerza principalmente en América Latina, donde las políticas públicas han puesto mayor énfasis en estos temas (Godoy, 2016). Las movilizaciones sociales, por otra parte, han levantado demandas históricas en materia de equidad de género, y las mujeres, alertadas y alentadas de forma urgente por las cifras de femicidio que impactan a la región, han impulsado con fuerza demandas concretas que han permitido visibilizar la multidimensionalidad y gravedad de los problemas sostenidos históricamente por las mujeres y que aún no se han resuelto.
Es el caso de Chile, en el gobierno de Michelle Bachelet, se crea el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, asumiendo de esta forma un compromiso país por disminuir las brechas existentes entre hombres y mujeres. Aquello instala y visibiliza de forma institucional la profunda necesidad por avanzar en materia de equidad, ante una desigualdad brutal que en menor o mayor medida impacta a mujeres de cualquier clase social y nivel educativo. A pesar de ello y de las buenas voluntades construidas desde el discurso de la política pública, muchas de las políticas sacadas de la denominada agenda de género, no han hecho más que perpetuar las inequidades entre hombres y mujeres en diferentes esferas.
En este marco, la educación de las mujeres y niñas se instala como un eje fundamental para la superación de las desigualdades y como un paso esencial para disminuir la brecha laboral y sociocultural. La educación ha aportado al proceso de emancipación y empoderamiento de las mujeres, sin embargo, la evidencia sigue mostrando año a año señales desconcertantes donde las cifras indican que, por ejemplo, a mayor formación de las mujeres, mayor es también la brecha en los salarios. Ello muestra que no sólo la inclusión de más mujeres basta, sino también se hacen necesarios cambios profundos que avancen hacia una educación no sexista y una trasformación social de fondo que se sostenga en el tiempo construyendo otra forma de vida y organización social posible.
¿Pero es la desigualdad en los salarios lo que impacta de forma más visible, agresiva y negativa en las trayectorias laborales de las mujeres que trabajan en la esfera profesional?, ¿Qué sucede con aquellas mujeres que se desenvuelven en contextos tradicionalmente dirigidos por hombres (masculinizados)?, ¿Qué sucede con las experiencias laborales de estas mujeres, cuando además se han formado profesionalmente en universidades técnicas donde representan una minoría? Este estudio busca aportar luces a este problema, visibilizando las dificultades particulares experimentadas en las trayectorias laborales de mujeres ingenieras en Chile, ex alumnas de una universidad técnica.
La investigación de tipo cualitativa fue realizada por medio de Estudio de Casos. La producción de datos se llevó a cabo mediante entrevistas en profundidad que se efectuaron a 15 mujeres ingenieras ex alumnas de la Universidad Técnica Federico Santa María en la ciudad de Valparaíso, Chile. Se utilizó un muestreo por conveniencia en tres rangos, respecto a los años desde la titulación de las ingenieras: menos de 5 años de tituladas, entre 5 y 15 años, y más de 15 años. Se realizaron 5 entrevistas para cada rango, incorporando a dicha muestra mujeres de diferentes carreras de ingeniería impartidas en la universidad. El análisis se realizó a través del enfoque de Análisis del Discurso.
Los principales resultados obtenidos en este estudio muestran que los discursos de las mujeres ingenieras relatan trayectorias laborales marcadas por diversos fenómenos que dificultan el desarrollo laboral y personal al interior de los distintos contextos organizacionales o de trabajos realizados. Estos relatos, no se limitan meramente a la dimensión objetiva económica ligada a la brecha salarial (que por cierto es injusta); sino más bien, el énfasis está puesto en los fenómenos subjetivos que se despliegan en la cotidianeidad laboral y que albergan complejidades y tensiones difíciles de explicitar y expresar y por tanto, resultan difíciles de eliminar, teniendo impactos negativos en la calidad de vida de las mujeres y su desarrollo profesional. Algunos de los resultados de esta investigación muestran que, las experiencias de acoso laboral, principalmente de acoso sexual, en el rango de mujeres de más años de titulación, fueron integradas como episodios naturalizados y normalizados a las que restaron importancia y callaron para continuar el camino laboral y evitar el despido o la reubicación forzada (práctica bastante común); mientras que, para otras, principalmente las más jóvenes, significó un episodio traumático que no toleraron, resultando la salida de un trabajo de forma aparentemente voluntaria, pero empujadas por la culpa, la desprotección y el temor a no ser escuchadas.
Las experiencias de exclusión, experimentadas por la presencia de los denominados “Club de Toby”, que representan verdaderos círculos cerrados de hombres que generalmente se reúnen en espacios físicos laborales "conquistados", donde discuten “temas de hombres” y que genera la segregación de sus pares mujeres en los espacios de distensión. Cuando se toma el café y se habla de fútbol o la última compra del auto, etc., las mujeres son excluidas a través de silencios, códigos lingüísticos y cambios de tema, que generan percepción de intromisión. Son justamente en estos espacios, donde las mujeres perciben que se genera el loby, trascendental como espacio de negociación, donde la camaradería influye potentemente en la toma de decisiones laborales basadas en las relaciones interpersonales y los círculos de confianza.
El éxito atribuido a factores externos, determinado por la percepción de no manejar ni influir directamente en los logros laborales. Las mujeres sostienen la creencia de que sus éxitos profesionales son parte del azar y la suerte, de las coincidencias y de lo que “se fue dando en el camino” y no como resultado de su trabajo y su capacidad personal.
La percepción de ausencia de “atributos ideales masculinos”, donde perciben dificultades al no poder ejercer de la forma esperada un “liderazgo masculino” y así poder ser más respetadas a nivel organizacional. Un tono de voz más firme, un carácter más severo, decisiones tomadas con mayor frialdad, quedarse en el trabajo hasta más tarde, son algunas de las demandas que generalmente son percibidas.
También la edad, como un factor de doble discriminación para las más jóvenes, pero también para las más añosas. Esta dimensión se expresa negativamente en el constante esfuerzo que deben hacer las mujeres jóvenes por demostrar sus capacidades profesionales a pesar de la poca experiencia, y en el otro extremo, la vigencia y actualización constante que deben demostrar las que llevan más años.
Finalmente, el posicionamiento de algunas mujeres como opresoras es otro elemento que destaca llamativamente. Mujeres que creen ejercer el denominado “liderazgo masculino” dieron cuenta y manifestaron como su trayectoria laboral exitosa radicaba en su similitud con sus pares hombres. Su formación “dura” en una universidad técnica les permitiría cierta distinción, y a la vez, marcar distancia de “las otras mujeres”. Este sistema de creencias las lleva a discriminar de forma directa a otras mujeres de su contexto laboral, infravalorando las capacidades de estas en relación con los pares hombres, y hasta limitando su desarrollo profesional. Esta dimensión nos muestra como el patriarcado permea sin distinción de género, hasta hacernos creer a las mismas mujeres, que la performance masculina es indispensable para la eficacia y el éxito en contextos laborales masculinizados, y quien no cumple, debe salir.
Este estudio visibiliza las complejidades y tensiones de diversos factores, muchas veces invisibles, que marcan las trayectorias laborales de mujeres ingenieras formadas en una universidad técnica, abriendo nuevas perspectivas de discusión en torno a los impactos de los contextos laborales masculinizados de las organizaciones en las trayectorias laborales de mujeres profesionales que ejercen carreras típicamente masculinas.
Adicionalmente cuestiona los efectos que tendría la ausencia de una propuesta seria de educación no sexista en las universidades, y la relevancia y urgencia de esta sobre todo en espacios educativos donde las mujeres representan una minoría en toda su estructura.
Las demandas por equidad de género en el campo profesional y formativo se hacen hoy más visibles y urgentes que nunca. Las movilizaciones feministas en Chile al interior de decenas de casas de estudio de educación superior hoy cuestionan y ponen en la palestra más que nunca no solo una mayor inclusión de la mujer al ámbito público, sino una transformación social de fondo que garantice trayectorias vitales y laborales con mayor justicia para las mujeres.
Este estudio desea contribuir planteando nuevos desafíos en educación y en políticas públicas de género, demandando debates críticos que profundicen en las experiencias respecto a las inequidades que emergen desde las cotidianeidades laborales de las mujeres profesionales, sobre todo de aquellas que se desenvuelven en ámbitos típicamente masculinizados. Intenta además abrir la discusión sobre las políticas públicas de cuotas por género, apostando a estas como un mecanismo de transición que conduzca finalmente a cambios estructurales en la sociedad y en la cultura del trabajo público y privado.